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La Irracionalidad del Terrorismo Suicida

La irracionalidad con que el terrorismo suicida concibe al mundo está logrando lo que miles de años de historia, sabios, profetas y filósofos no pudieron: Que un gran número de personas comiencen a pensar seriamente sobre el sentido de la vida.

Como ha sucedido muchas veces, los seres humanos temen el fin del mundo y/o el fin de su forma de vida. Unos hablan del Apocalipsis. Otros justifican asesinos suicidas en nombre de una guerra contra el «Gran Satán» representado por occidente. Los creyentes de todas las religiones y sectas «confirman» ante cada situación las profecías de sus escrituras sagradas y como siempre sucedió utilizan «al otro» al diferente como el causante supremo de todos los males.

A lo largo de la historia humana hemos caído repetidamente en el mismo error: buscar las culpas en el otro. Así siempre encontramos la perfecta excusa para liberarnos de toda responsabilidad.

Cuando acusamos con un dedo, tres dedos nos señalan a nosotros mismos.
Talmud de Babilonia

La Torá comienza con el vocablo Bereshit cuyo significado es: con el principio desde el principio, con una finalidad – un fin. Cuando la tradición de Israel habla del fin del mundo se refiere a la finalidad del mundo.
En el mundo hay muchas realidades. A medida que maduramos espiritualmente nuestra realidad se expande mas allá de nosotros mismos. El fin de un mundo es el comienzo de otro.
Como un niño que a medida que crece su realidad se expande, así sucede en el hombre, quien al desarrollarse espiritualmente su realidad crece y ese crecimiento no tiene límites medibles en parámetros materiales. Como el amor: cuando te mido aun no te amo, cuando dejo de medirte significa que te amo. Todo lo medible posee principio y fin, termina. En cambio el amor es infinito, carece de medida.
El esfuerzo que invertimos en expandir el bien señala nuestro grado de espiritualidad. Sólo entonces revelamos verdaderamente el tan predicado amor al prójimo y comprendemos realmente el significado de amar al Kadósh Barúj Hú, ya que sólo en El todos somos Uno.

Trascendiendo los límites

El desafío de expandir amor es el objetivo, pero no es suficiente con tener un objetivo, es imprescindible saber la forma de implementarlo en base a principios universales. Esa es la Torá, que señala el plan, la forma de realizarlo: no asesinar, no codiciar, amar al prójimo, etc.
Este proceso debe ser como la vida, no se detiene nunca, como el corazón que no cesa de latir. Cuando detenemos nuestro desarrollo limitando nuestro deseo de bien a un grupo, transformamos nuestro ideal de bien en una autojustificación, ya que dividimos, medimos, y así definimos subgrupos y generamos conflictos.
La medida es un medio para aprender, pero el fin es trascender todo límite y medida.

El sentido de la vida

El desafío permanente en generar el bien nos mantiene en constante crecimiento. Así activamos todo nuestro potencial y tomamos conciencia de la fuerza infinita que existe en cada ser humano creado a Su imagen y semejanza. Ese objetivo es el único que puede darle un sentido trascendente a nuestra vida.

El fin del mundo es el fin de la división, el fin de lo que nos separa de nuestro semejante y de nuestra máxima identidad y Ser. La finalidad del mundo surge cuando todos nos descubrimos como partes de una y única realidad con un objetivo común: el bien de todos. Entonces se revela el objetivo, el fin del mundo.

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