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La estructura incorpórea
Psicología
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La fuerza del deseo

Las emociones no ocupan un lugar físico, sino que abarcan el mundo emocional del hombre siendo generalmente su influencia más poderosa que la realidad material. La emoción y el pensamiento son poderosos instrumentos a través de los cuales el hombre se conecta con la realidad. Aunque no debemos olvidar que son tan sólo medios para lograr materializar nuestra voluntad y deseo.
La voluntad y el deseo son la fuerza interior que mueven al hombre, pero … ¿Cuál es el objetivo que motiva a esa poderosa fuerza … ?
La voluntad altruista de ayudar y beneficiar al prójimo y a la sociedad o, por el contrario, el deseo personal, egoísta.

En este punto radica la diferencia entre lo espiritual y lo material.
Espiritual es la voluntad altruista de beneficiar al prójimo y material es el deseo personal, egoísta. (cita del libro ” Maamarei Shamáti ” , pag. 107, del Rabino Kabalista Barúj Shalom Ashlag).

El Gran Sabio Kabalista I. L. Ashlag en su ” Introducción al Libro del Zóhar” nos explica que la voluntad se encuentra por encima del pensamiento, es decir, que cuando el hombre piensa no hace más que articular y darle forma mental a su voluntad y deseo.

De acuerdo a la percepción judía de la realidad el pensamiento no es causa sino consecuencia.
El acto de pensar es el resultado de cómo intelectualizamos y percibimos nuestra voluntad y deseo.
La función del pensamiento consiste en discernir si nuestro deseo es egoísta o altruista, previendo así la consecuencia de nuestros actos.

Deseos y Objetivo

El intelecto debe actuar permanentemente asimilando nueva información sobre su entorno, pero también es necesario que adquiera la Sabiduría de cómo conocer, para no confundirse y así poder aprehender la realidad correctamente.

De acuerdo a la Kabalá la función del pensamiento consiste en discernir entre nuestros deseos, previendo las consecuencias de nuestros actos. Cuando el hombre piensa no hace más que racionalizar sus necesidades, anhelos, deseos y en última instancia su voluntad. Pero para tomar la decisión de concretizar o no nuestros deseos, cuándo y de qué forma, debemos confrontarlos a un objetivo. Sólo después de esto puede surgir la posibilidad de elegir y desarrollar la voluntad. El objetivo nos hace tomar conciencia de nuestro deseo y sólo así podremos generar la voluntad para canalizarlo correctamente. El deseo es innato e inconciente, en cambio la voluntad es conciente y adquirida. El deseo en su forma instintiva es denominado por la Kabalá “ratzón lekabel”, voluntad de recibir, egoísmo. En cambio, a través del trabajo conciente en la Torá y las mitzvót se lo puede transformar en voluntad de dar, altruismo, en hebreo “ratzón lehashpia”.

El deseo de recibir no se puede anular, es la esencia del hombre, la energía básica que nos mueve, ya que él es el recipiente del placer. De acuerdo a la Torá debemos educar nuestro deseo y darle la forma correcta: altruismo. De ese modo aprendemos a disfrutar haciendo el bien y tomamos conciencia de las necesidades de nuestro semejante; por ende nuestra percepción comienza a expandirse a todos los ámbitos de la realidad. Sólo entonces el plano material deja de ser el objetivo final, transformándose, ahora sí, en un medio para el verdadero logro: la plenitud del hombre.

La recepción de la plenitud de la Luz, de lo completo, es la fuerza primigenia que mueve todos los procesos de la Creación.
El deseo de recibir dicha plenitud es lo esencial y común a todos los seres, luego cada uno lo intelectualiza y limita dentro de su mente y/o emociones, transformándolo en algo intelectual y/o emocional. El deseo de recibir es la naturaleza básica de todo lo creado y es lo que nos hace limitar y dividir la realidad, alejándonos de lo que se encuentre fuera del área de nuestros intereses particulares.

El estudio y la aplicación de la Kabalá a través de las mitzvót debe estar integrado completamente a nuestra vida cotidiana, ya que la substancia a la cual la Kabalá se refiere es el deseo, y es precisamente el deseo lo que la Torá nos exige refinar en nuestro trabajo espiritual.
De acuerdo a la Torá, tanto mejor es el hombre cuanto superiores son sus deseos, es decir que sus deseos generan el bien. Y esto es lo que expresó Rabí Janiná ben Akashiá : “quiso el Kadósh Barúj Hú refinar a Israel y para ello le dio abundancia de Torá y mitzvót“, con el propósito de acercarnos a EL, Raíz y Fuente de todo lo creado.

La Torá nos transmite que la mitzvá más importante es amar al prójimo como a nosotros mismos. Dicha mitzvá nos indica que hasta que el hombre no transforme su deseo de recibir en deseo de dar no logrará entender a su prójimo, a la vida, ni tampoco podrá conocer el objetivo para el que fue creado este mundo.

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