HALEL
El encadenamiento de los mundos
El Uno sin segundo
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La Fuente Infinita

« En El no caben nuestros limitados conceptos del bien y del mal. Bien y mal son dos formas a través de las cuales el hombre puede relacionarse con la realidad »

Está escrito en el libro del Zóhar que lo máximo que el hombre puede aprehender del Kadósh Barúj Hú es que El [34] es Voluntad Infinita de dar plenitud a todo lo creado. El es el único que sólo da, la Causa de todas las causas, la Fuente Infinita del dar; ya que ¿de quién va a recibir?.
Cuando el hombre actúa como el Kadósh Barúj Hú, en forma altruista, logra acercarse a lo pleno, pues al dar actúa como El y al hacerlo comienza a ser en El (ver “Si Lo conociera sería El).

En el Kadósh Barúj Hú las dos fuerzas que rigen la realidad, dar y recibir (véase Las dos fuerzas que rigen la realidad), se encuentran unificadas dado que El es toda la realidad y Es completo en Sí Mismo.
En El no caben nuestros limitados conceptos del bien y del mal. Bien y mal son dos formas a través de las cuales el hombre puede relacionarse con la realidad (El Bien y el Mal).

Explicación de lo expuesto:
La energía eléctrica no es buena ni mala, simplemente es. Bueno o malo es el efecto que produce en el hombre de acuerdo a como es activada. Si ponemos el dedo en el enchufe nos hace daño, pero si conectamos correctamente los artefactos disfrutaremos de sus beneficios.

De la misma manera nos relacionamos con Su energía, Su plenitud Infinita: si somos egoístas generamos «cortocircuitos espirituales», ya que interferimos con las leyes de transmisión y recepción de Su plenitud (consultar item 16 y 18).

El deseo genera, por lo tanto, dos acciones posibles: acercar o alejar. Cuando es un fin en sí mismo: egoísmo, separa; en cambio cuando es un medio para transmitir el bien : altruismo, une.
Es como un puente que puede unir o, por el contrario, separar.

Cuando damos, comenzamos a comprender y conocer la Fuente Infinita que sólo da; puesto que impartir y crear armonía entre los hombres requiere Sabiduría, una voluntad constante, y ver más allá de lo inmediato. De este modo el ser humano comprende que todo y todos somos partes inmanentes de una unidad infinita e indivisible (consultar item 4 y 10). Y eso da placer.

[34] El modo masculino o femenino, que el hebreo de los textos tradicionales utiliza para denominar un objeto, un ser o al mismo Kadósh Barúj Hú, señala el rol circunstancial, masculino-dado o femenino-receptor, que éstos manifiestan respecto a otro ser, objeto o realidad.

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