Estudiando
Estudio de los libros de la Torá
Shemot
+100%-

Ki Tisa

Primer comentario (Rab Daniel Oppenheimer: www.ajdut.com.ar)

Segundo comentario (Selección del Lubavitcher Rebe M.M. Schneerson, www.jabad.org.ar)

Tercer comentario (Rab Moshe Hoffer)

Primer comentario – La vida en el desierto

¡Ud.! ¿Vivió alguna vez en el desierto? ¡Seguramente no! No, no es que tuviera algo de malo vivir en el desierto. Existen, sin duda, cosas peores en la vida. Lo poco que conocemos sobre el desierto, lo sabemos de las enciclopedias o de los textos de geografía. Sin embargo, muchos de los habitantes con quienes compartimos el planeta viven en condiciones de escasez y en el desierto mismo. El tema es, que hay que estar acostumbrado a vivir, o, mejor dicho, a sobrevivir allí. Para aquel que no está habituado, le costará un poco adaptarse a las condiciones climáticas. Si, de repente, estuviese allí desguarnecido de toda protección, o, peor, si tuviese consigo a la familia, a quienes no les pueda brindar una mínima ayuda para calmarles la sed, aliviarles del calor del sol, del frío de la noche, del hambre, etc…, bueno, yo nunca quisiera estar en su situación que no es menos que desesperante. ¿A qué viene esta introducción? – se pregunta Ud.

El tema es que esta semana leemos en la Parashá sobre un evento que modificó para siempre el curso de la historia del pueblo de Israel. Aun si nos esmeráramos por comprender los sucesos, nos va a ser muy difícil identificarnos con los protagonistas, pues estamos tan lejos de su realidad, que toda comparación sería meramente superficial. Se trata del episodio de la construcción del becerro de oro, sobre el cual se explaya la Parashá. No obstante, la Torá nos cuenta cómo se dieron las cosas, pues, sin duda, habrá mucho para aprender de las analogías que podamos establecer entre lo que sucedió entonces y nuestra propia vida. Por empezar, como dijimos antes, los judíos estaban en el desierto. Ya habían transcurrido tres meses desde que habían salido de Egipto. Desde hacía ya dos meses, cuando se les había acabado los víveres (las Matzot que no habían terminado de fermentar por el apuro al salir de Egipto), y a pedido de Moshé, D”s les proveía el pan celestial (Maná) y el agua que los mantenía vivos. Moshé realmente se había ocupado de todas sus necesidades y se sentían seguros y resguardados junto a él. Cuarenta días antes, a pedido de ellos mismos, habían escuchado la Voz de D”s que se les dirigía y les dictaba los diez mandamientos. Después de esta Revelación, Moshé les avisó que se iba a ausentar durante cuarenta días para estudiar la Ley de la Torá sobre la montaña con D”s mismo. “Por si acaso”, Moshé dejó a cargo a su hermano Aharón y a su sobrino Jur. “Total”, no se trataba de tanto tiempo. Según los cálculos de la gente (equivocados, por cierto), los días que había prometido Moshé ya habían transcurrido… y Moshé no había vuelto. “¿Qué le habrá pasado a Moshé?” “¡¡Qué le habrá pasado!!” “¡¡¡Qué será de nosotros!!!” – comenzaron a preocuparse con creciente impaciencia y ansiedad. Moshé era de cumplir siempre con todo lo que prometía. “¿No le habrá ocurrido algo sobre la montaña?” Moshé mismo les había advertido de no acercarse a la montaña más allá del límite, por el riesgo de morir y él mismo se había quedado con ellos durante la Revelación Di-vina. En “una de esas”, D”s se podía haber enojado con él por algo y lo castigó… (no sería la primera vez, pues antes de llegar a Egipto, Moshé casi se muere por demorar el Brit Milá de su hijo…) ¡Sr. Lector! ¿Sabe Ud. cómo funciona la histeria masiva cuando cunde el miedo a la incertidumbre? La gente está dispuesta a creer cualquier cosa y nadie los puede parar. Como dicen: “el miedo no es zonzo”. Si Ud. aplica esta situación a un pueblo que está varado en medio del desierto con sus familias, pues, no es muy difícil imaginar como reaccionarían. ¿Quién, acaso, les garantizaba que al día siguiente tendrían Maná, agua y protección contra el sol?

Lo que hubo en aquel momento, entonces, fue pánico colectivo. El pánico no tiene lógica. Hasta ese instante, en realidad, no les faltaba nada. Pero… ¿quién sabía lo que vendría? El Midrash aporta que en esa situación tuvieron “visiones” de Moshé que habría muerto y estaba siendo sepultado por los ángeles. Dado que Moshé era humano – ¿cómo podría haber sobrevivido, acaso, sobre la montaña durante cuarenta días sin comida? Así el rumor sobre la muerte de Moshé se convirtió en una “certeza”. “¿Qué hacer ahora?” – se preguntaron uno al otro. “¡Vayamos de Aharón y exijámosle que nos dé un sustituto de Moshé, una imagen para que nos saque de este lugar!” – propusieron algunos. Dicho y hecho. Aharón mismo estaba en un serio dilema. No es nada fácil frenar a una masa que no quiere entrar en razón. Hacía apenas cuarenta días habían escuchado claramente la prohibición de crear imágenes en el segundo mandamiento, aunque no fuesen objeto de adoración. (La mayoría de los comentaristas – Ibn Ezra, Ramba”n – explican que el pueblo no pidió adorar al becerro de oro que luego se creó.)

Según el Midrash, su sobrino Jur intentó detener al gentío y lo “lincharon”. Dado que no había forma de disuadir a la gente, Aharón decidió por otra táctica. Intentó ganar tiempo. Primero pidió que traigan las joyas de sus familiares para donarlas. De este modo, pensó, habría oposición en las casas y se ganaría tiempo. No funcionó. Al rato estaban allí todos de vuelta con las joyas. Después fundió todo el oro que se había juntado. Algunos hechiceros (en Egipto, la magia siempre estuvo de moda) se ocuparon de darle forma de ternero (ciertos comentarios explican el porqué de la elección de aquella imagen). Entre los egipcios que acompañaron a los hebreos en su partida de Egipto (el “erev rav” de Shmot 12:38), algunos sugirieron a los judíos que esta nueva imagen era la que había sacado a Israel de Egipto: “estos son vuestros dioses…” – dijeron (32:4). Aharón esperaba que al amanecer del día siguiente Moshé con seguridad estaría de vuelta, y, con eso, ya estaría resuelto el problema. Dado que Moshé traería consigo las Tablas de la Ley, anunció que al día siguiente habría una gran fiesta (32:5). Alguna gente, sin embargo, se adelantó y comenzó a adorar al becerro, y, como sucede habitualmente en los cultos, se prestaron a toda clase de desenfreno cometiendo de las peores ofensas (32:6).

Antes que Moshé bajara de la montaña, D”s le avisó que el pueblo había pecado seriamente (en distintos grados) y que estaba dispuesto a destruirlos a todos – si Moshé se lo permitiera – para comenzar a partir de él, de Moshé, una nueva nación. Moshé dedujo de las palabras de D”s, que de él dependía – es decir, de sus rezos – que D”s no aniquilara al pueblo. Inmediatamente se puso a la altura de los hechos y rezó por ellos. De ninguna manera iba a acceder a que D”s los reemplazara por él. Bajó de la montaña y rompió las tablas que contenían la evidencia del Pacto convenido con D”s. Fue al becerro, lo destruyó y juzgó a los culpables. Cuarenta días y noches volvió a estar con D”s para suplicarle que perdonara el pecado de su nación y otros cuarenta días y noches para que D”s le escribiera sobre nuevas tablas, los diez mandamientos que había escrito sobre las primeras. D”s perdonó y no destruyó, pero la marca quedó. En todos los futuros castigos, se les agregaría una pequeña cuota de la sanción del becerro de oro (32:34).

La historia sigue, y, obviamente, tuvimos que limitarnos a relatar únicamente una parte de ella. No obstante, ciertos conceptos ya nos debieran quedar claros. Uno de ellos es el peligro de la histeria colectiva. Cuesta, a veces, demostrar cordura y calma cuando todo alrededor está intranquilo y agitado. Pero, la quietud y la paz mental son indispensables para la salud mental, para el estudio, la Tefilá y la contemplación espiritual. A su vez, nos enseña el Rebbe de Karlin que si bien la Torá en ningún lugar menciona abiertamente una prohibición de estar desmoralizado o sombrío, nada es tan conducente al pecado como la depresión. En este caso, también, fue el temor y la incertidumbre lo que confundió a la gente y permitió una caída moral tan precipitada. (Rab. A. Twersky en “Living each week”). Por el lado de Moshé, aprendemos a que el líder debe estar siempre al lado del pueblo, aun cuando hacen las cosas mal y no esperar que lo llamen para que los ayude a salir de los problemas en los que se metieron. Moshé no se detuvo cuando tuvo que enfrentar la situación para sancionar a quienes debía, no dejó de defender su causa ante D”s – en lugar de llevar “agua para su propio molino” y rezó por ellos para restablecer el anterior vínculo con D”s. (Rebbe de Slonim. Ibid). El yerro del becerro de oro, no fue el único ni el último de su índole. Hacemos referencia en nuestras Tefilot (oraciones) a él y repetimos las palabras del rezo de Moshé una y otra vez en Iom Kipur. Una de las lecciones para todos los tiempos es que, más allá de la importancia de no caerse, debemos saber que, aun caídos – y muy profundo – siempre es posible levantarse. Eso es, si existe la voluntad de hacerlo.

Daniel Oppenheimer


Segundoo comentario – Dentro del Tiempo

Y los Hijos de Israel cuidarán el Shabat, para observar el Shabat en el curso de sus generaciones como un pacto eterno… Pues en seis días hizo Di-s los cielos y la tierra, y en el séptimo día descansó… — Exodo 31:16-17

Para todo hay un tiempo y una temporada… Un tiempo para la guerra, y un tiempo para la paz… — Eclesiastés 3:1-8

¿Terminará alguna vez?

Parecemos estar siempre librando guerras. Están, por supuesto, las “verdaderas” batallas, libradas con tropas armadas y herramientas de combate cada vez más sofisticadas, guerras en las que una nación se alza en contra de un enemigo que amenaza sus “intereses vitales” o su existencia misma. Pero incluso en tiempos de paz política, estamos constantemente luchando contra los demonios que amenazan nuestro bienestar material y moral: libramos la guerra contra el crimen, las drogas, la enfermedad, el analfabetismo.

Internamente, libramos nuestras batallas personales, ya sea una guerra en contra de la propia pereza o el egoísmo, contra una adicción al tabaco, o una tendencia a comer en exceso. Y la cosa no termina en la batalla contra las fuerzas negativas y perversas: en la escuela, en el lugar de trabajo o en las arenas sociales, luchamos constantemente para abrirnos camino hasta la cima, combatiendo constantemente los obstáculos en nuestra procura por un éxito mayor.Pugnamos por obtener más por nuestro dinero, por emplear nuestro tiempo más eficientemente, por desarrollar nuestros talentos, por mejorar nuestra mente y refinar nuestro carácter. Intrínseco a nuestrocarácter humano está el incesante impulso por hacer más de nosotros mismos, por alcanzar más allá de los logros de ayer.

El hombre está por siempre en guerra con el pasado. Por lo que aun cuando por fin superemos las descaradas maldades que habitan nuestro mundo, aun cuando por fin triunfemos en traer a la superficie la bondad que es naturaleza esencial de la creación de Di-s, ¿experimentaremos alguna vez paz y tranquilidad?

Hacia dondequiera nos volvamos, encontramos alboroto. El sistema estelar gira como un trompo, las galaxias hierven y se revuelven. El núcleo de la tierra es un caldero, su atmósfera desata tormentas, sus océanos rugen. La vida física es sostenida por el movimiento perpetuo: el latido del corazón, la contracción y expansión de los pulmones. La materia aparentemente “inanimada” es un caldero de movimiento en sus niveles nucleares, atómicos y sub-atómicos. El movimiento significa cambio, y cada cambio es una lucha; la lucha por vencer el status quo y reemplazarlo con una nueva realidad.

El principal culpable de esto es el fenómeno llamado Tiempo: el tiempo es lo que nos brinda un pasado para abandonar, un presente con el cual no contentarnos, un futuro hacia el cual anhelar. El tiempo es la madre del movimiento, el cambio, y la lucha. El tiempo es el lienzo sobre el que se graban todas de batallas de la vida. Parecería que mientras tanto existamos en el tiempo, mientras nuestras vidas se definan por su flujo y reflujo, la batalla de la vida continuará bramando.

¿Podemos trascender el tiempo? Una existencia eterna sería libre de movimiento, tensión y lucha. Pero, ¿permitiría una existencia eterna eldesafío, la mejora y el progreso? ¿Terminará alguna vez? ¿Debería terminar?

La Creación del Tiempo

Cada día tiene su función particular. — Zohar III, 94b

El tiempo, nos dicen nuestros Sabios, es una entidad creada. Al igual que todas las demás creaciones, fue llamado a ser por voluntad del Omnipotente a partir de un estado anterior de inexistencia. En otras palabras, el hecho de que el tiempo no existió con anterioridad a la creación del universo por parte de Di-s no fue simplemente porque no había fuerzas o seres físicos, y por lo tanto ningún suceso para marcar el paso del tiempo; más bien, fue porque la entidad “tiempo” -su naturaleza, su substancia, su noción misma- no había sido creada todavía por Di-s[4].

La creación del universo por parte de Di-s abarcó siete días, cada uno de los cuales vio la creación de una nueva clase de elementos vinculados particularmente a la naturaleza intrínseca de aquel día. Pues estos siete días sirvieron (y continúan sirviendo) como canales para los siete Atributos Divinos (sefirot) que el Omnipotente eligió investir en Su creación de nuestra realidad: las cosas creadas en el primer día de la Creación son de una naturaleza “otorgante” o “concededora”, correspondiéndose con el Atributo Divino de jésed que define las creaciones de ese día; aquellas creadas en el segundo día encarnan la “limitación” y la “severidad”, según el atributo de guevurá; y así sucesivamente.

Lo que es cierto de la Creación como un todo, lo es también de la creación particular llamada “tiempo”. El tiempo, como el universo al que subyace, fue creado en siete días porque posee siete cualidades distintas; en cada día de la Creación, otra dimensión del tiempo fue llamada a ser.

En otras palabras, no solamente es el tiempo per se una creación original, sino también lo son las divisiones y ciclos con que se mide y define; también son entidades creadas por el Omnipotente. El día, la semana, el mes y el año no son medidas arbitrarias de tiempo. No son manijas artificiales de una realidad básicamente teórica, inventadas por el hombre de manera que pudiera concertar citas o planificar sus vacaciones. Más bien, reflejan el carácter y la textura intrínseca del tiempo.

El más básico de estos es la semana. La creación del tiempo en el curso de siete días significa que el tiempo es un espectro de siete matices: el tiempo-jésed fue creado en el primer día, el tiempo- guevurá en el segundo, y así sucesivamente. No fue sino hasta que “Di-s concluyó, en el séptimo día, la obra que El había hecho”[4] que los siete componentes básicos del tiempo fueron completados y fijados en su lugar como un ciclo de siete días.

Esto explica por qué, en hebreo, el domingo se llama Iom Rishón, “el primer día”, lunes es Iom Shení, “el segundo día”, etcétera. Esta no es meramente una referencia a la primera semana del tiempo, en la que el domingo fue el primer día que existió y el lunes el segundo. Cada domingo es literalmente un primer día, el primero de un nuevo ciclo de tiempo que repite, desde el principio, las siete cualidades del tiempo.

El Elemento Descanso

Di-s concluyó en el séptimo día la obra que había hecho; y descansó en el séptimo día de toda la obra que había hecho. — Génesis 2:2

Este versículo parece contradecirse a sí mismo: ¿Concluyó Di-s Su obra en el séptimo día o antes de éste? ¿Hubo seis días de creación o siete?

Nuestros Sabios explican: “¿Qué faltaba al mundo? El descanso Cuando vino el Shabat, vino el descanso” [4]. En Shabat Di-s creó el descanso, el ladrillo final y culminante en el edificio de la Creación.

En la víspera del primer Shabat, también la creación del tiempo estaba casi completa, faltándole solamente el elemento descanso. Con la creación del tiempo-Shabat -el tiempo que posee la cualidad del descanso- se cerró el ciclo.¿Pero puede considerarse el “descanso” una característica del tiempo? ¿No es el tiempo -y su fenómeno hermano, el movimiento- la antítesis misma del descanso? Esa es precisamente la cuestión. El shabat representa un área en el tiempo que trasciende la propia definición básica del tiempo. El tiempo, aunque sinónimo de movimiento y cambio, también incluye un elemento de descanso; un potencial para crear, dentro de la estructura del tiempo, un área de permanencia y serenidad. Un potencial para traer armonía y tranquilidad a las luchas y fluctuaciones de la vida.

De modo que mientras el aspecto de “día laboral” de nuestras vidas es definido por la Torá como “saliendo a la guerra contra tus enemigos”[4], del Shabat se ha dicho: “Siéntese, cada hombre, en su lugar; ningún hombre saldrá de su lugar en el día de Shabat”[5]. Si la misión de nuestra vida consiste en “salir”, en vencer lo negativo, en perfeccionar lo imperfecto, en extenderse uno mismo más allá de las limitaciones de nuestro ser definido por el presente, incluye también el potencial de descanso, de reposar, de la paz de encontrar los propios auténticos “yo” y lugar. La vida incluye no solamente el desafío de llegar hasta allí, sino también la satisfacción de estar allí.

Un Saboreo Previo

En el primer Shabat de la historia, no hubo oscuridad. La luz duró 36 horas. — Midrash Rabá, Bereshit 11:2

El shabat ejerce un profundo efecto sobre toda la semana. Si en nuestras vidas diarias experimentamos no solamente el impulso hacia el logro sino también la satisfacción por lo que se ha logrado; si tenemos la capacidad no solamente de vencer la realidad prevalente sino también la de transformarla en una amiga y aliada; si nuestra vida no es solamente una permanente búsqueda sino también una serie de logros – es porque el Shabat, una isla de descanso en un mar de flujo, irradia de su esencia a los demás seis componentes del tiempo.

Pero si todos los días de nuestra semana tiene algo de Shabat en sí, en el Shabat mismo ingresamos a una dimensión del tiempo cuya esencia es el descanso y la tranquilidad.“Seis días trabajarás”, ordena la Torá, “y harás todo tu trabajo; el séptimo día es Shabat para Di-s…”[6]. ¿Pero cómo podemos decir a una persona que “haga todo su trabajo” en seis días? Incluso concluir “todo su trabajo” en el curso de toda una vida no es ninguna hazaña pequeña! Pero en Shabat, explican nuestros Sabios, “todo tu trabajo” está, en efecto, “hecho”[7].

El Shabat no es solamente una ruptura en la faena de la vida, sino un saboreo previo y un vistazo de su máxima concreción.En Shabat, dejamos de luchar con el mundo no porque la tarea de perfeccionarlo esté “en espera”, sino porque en Shabat el mundo es perfecto: nos relacionamos con aquello que es perfecto e inmutable en él. Dejamos de librar batalla contra la oscuridad no apenas para recuperar nuestras fuerzas para el próximo asalto, sino porque no hay oscuridad. La luz que hemos creado a través de nuestros actos positivos, oscurecida a lo largo de la semana por el velo de la mundanalidad que envuelve nuestras vidas de días laborales, es ahora perceptible a nuestro ser más refinado.Esto explica mejor por qué cada domingo es, de hecho, un “primer día”. El shabat es un emprendimiento en el plano de la atemporalidad, un plano que se encuentra más allá de las luchas que caracterizan nuestras vidas de los días laborales. A continuación de cada Shabat, regresamos a una existencia atada al tiempo. El tiempo, en el sentido de movimiento y flujo, comienza de nuevo.

El shabat, sin embargo, no es sino un saboreo previo del “día que es totalmente Shabat y descanso, para vida eterna”[8]. La semana de siete días es un microcosmos de un lapso de tiempo todavía mayor: también la totalidad de la historia es una “semana”, compuesta por seis milenios de “día laboral” y un séptimo milenio de descanso, la era del Mashíaj[9].

En el Shabat semanal, experimentamos la perfección que se ha logrado en los pasados seis días a través de nuestros esfuerzos por desarrollar y refinar nuestro mundo; la era del Mashíaj es el tiempo en el que los combinados logros de todas las generaciones de la historia se concretarán. Un tiempo en el que cada acto, palabra y pensamiento positivo de los seis milenios de la experiencia humana resultarán en un mundo verdaderamente sereno, un mundo libre de rencilla y disenso, un mundo unido a la sabiduría, bondad y perfección de su Creador.

La Inversión del Tiempo

Los estudiosos de la Torá no tienen descanso, ni en este mundo ni en el Mundo Venidero, pues está escrito: “Ellos van de fortaleza en fortaleza”[10]. — Talmud, Berajot 64a

Sin embargo, el Shabat es parte integral del tiempo. Incluso la era mesiánica es una era dentro del tiempo, un séptimo milenio de la historia. Obviamente, también éstas son arenas para el progreso y logro. Pues de representar estados totalmente estáticos, ¿por qué habríamos de considerarlos épocas en el tiempo?

En el nivel más básico podríamos explicar que, de hecho, ambos, la semana de trabajo y el Shabat, tanto como los seis milenios de la historia y la era del Mashíaj, son tiempos de adelanto y progreso. La diferencia radica en la manera en que ello se logra.Los desafíos de nuestra “semana de trabajo” incluyen tratar con el mal y la negativitidad llanas, de modo que el progreso involucra inevitablemente la lucha. En Shabat, sin embargo, y en un grado aún mayor, en la era del Mashíaj, adelanto y progreso significan la graduación tranquila de bueno a mejor, la obtención de alturas mayores dentro del plano infinito del bien mismo.

Si hoy peleamos por eliminar la guerra y el odio, en la era del Mashíaj, cuando “trocarán sus espadas en arados”[11], la procura de paz significará encontrar maneras más profundas y significativas para que la gente una y fusione sus diferencias en una totalidad sinfónica. Si hoy debemos pugnar por derrotar la enfermedad, la “medicina” del séptimo milenio se preocupará con la perfección adicional de la ya intachable salud y la mejora del nexo entre cuerpo y alma. Si hoy debemos luchar contra la ignorancia, en la era en que “el mundo se colmará del conocimiento de Di-s como las aguas cubren el mar”[12], la búsqueda de sabiduría estará puesta en grados cada vez mayores de conocimiento en la infinita verdad de todas las verdades.

No obstante, esto no responde totalmente la pregunta. Pues cualquier cambio, cualquier alejamiento de un estado previo, es finalmente una batalla y pugna, si bien una mucho más sutil que la conquista del mal. Nuevamente preguntamos: ¿cómo puede definirse cualquier forma de progreso como un estado de descanso?

Pero el progreso puede tener dos direcciones: hacia afuera y hacia adentro. La ecuación de progreso con lucha, de graduación con cambio, es valedera si hablamos de “salir de nuestro lugar”, de llegar más allá de lo que somos para hacer de nosotros más que lo que somos. Pero también hay un progreso que es una travesía interior, un viaje para descubrir dimensiones más profundas de nuestro propio ser. En semejante viaje interior, cada estación sucesiva no es un “cambio”, sino todo lo contrario: es un estado más consistente con quién y qué somos verdaderamente. Es “descanso” en el sentido más genuino de la palabra: un asentarse en el propio y auténtico “lugar” e identidad.

“Di-s creó al hombre a Su imagen”[13], creándolo para que reflejara Su propia perfección y bondad. En las fases de “día laboral” de nuestra existencia, el manto de corporeidad que envuelve nuestro mundo y encierra nuestras almas nos hace llevar vidas que se las ven de figurillas con nuestra verdadera esencia e identidad. De modo que nuestro propio perfeccionamiento y el de nuestro mundo es una lucha, una batalla para cambiar la realidad (o sea, aquello que es la realidad en nuestra percepción) en lo que está (nuevamente, en nuestra percepción) más allá de nosotros. Pero, en verdad, esta “realidad” es una distorsión de nuestro verdadero ser, mientras el escurridizo “más allá” es nuestra verdadera personalidad.

De modo que cuando seis milenios de pugna y logro toquen a su fin, cuando seis milenios de luchar contra la oscuridad revelen la luz interior, experimentaremos una era “que es totalmente Shabat y descanso”. Esta no es una edad de oro de jubilación para la humanidad, pues el potencial dentro de nosotros es tan infinito como la perfección Divina que refleja. Pero la dirección de “progreso” se revertirá: de una búsqueda exterior -plagada de conflicto- por el cambio, al sereno e interior encuentro con el propio ser.

Pero esta “inversión” de la corriente del tiempo no está restringida al séptimo milenio. Cada Shabat es un saboreo previo de este tiempo futurista, y un proveedor de su tranquilidad a la semana entera. Mientras estamos todavía en medio de la guerra de la vida, se nos capacita para experimentar momentos de verdadero “descanso”. Incluso mientras pugnamos por trascender las imperfecciones de un ser más externo, podemos tocar base con la bondad y perfección que se esconden en el núcleo de todos y cada uno de nosotros.

Basado en Likutéi Sijot, Vol. XVII,págs. 59-61; Sefer HaSijot 5752

Notas: 1. Rabí DovBer de Mezritch, citado en Sidur Im Daj, Sháar HaKriat Shemá, 75d y ss. 2. Génesis 2:2. 3. Rashi sobre el versículo. 4. Deuteronomio 21:10; Likutéi Torá, Tetzé 35c; y en otros lugares. 5. Exodo 16:29. 6. Ibíd., 20:9-10. 7. Mejilta sobre el versículo. 8. Agradecimiento Después de las Comidas, agregado para Shabat. 9. Comentario de Najmánides a Génesis 2:3. 10. Salmos 84:8. 11. Isaías 2:4. 12. Ibíd., 11:9. 13. Génesis 1:26.


Tercer comentario – Servir a Hashem con simpleza

Para muchos iehudim, una de las maneras mas dificiles de cumplir con Hashem es haciendolo con simpleza. El libro Meshej Jojma da una explicacion maravillosa: “La entrega del alma” a D”s debe ser sin tantas investigaciones, sin tanta sabiduria. La tribu de Iehuda se arrojo al mar con una entrega absoluta pues la investigacion impide en el sentimiento de voluntad interno, entregar la vida por santificar el Nombre de Hashem. Por eso en nuestra perasha, sobre aquel que no investigo y empleo su ingenio, Hashem lo colmo de sabiduria e inteligencia. Hay personas que tienen Zejut Abot (merito de sus padres), es decir que sus padres llevaron una linea de conducta que la heredaron sus hijos.

Este es el caso de Betzalel; el tuvo una ascendencia como la de Jur y Najshon ben Aminadab. El primero lucho para que sus hermanos judios no hagan el becerro y lo mataron. El segundo fue el primero en arrojarse al mar. Ambos tzadikim sirvieron al Creador con simpleza y dejaron de lado sus conocimientos, entonces por ese merito Hashem los recompenso con Betzalel, quien tuvo el merito de ser descendiente de la tribu de Iehuda: con una gran sabiduria. Debemos aprender de las palabras maravillosas del Rab Iahbetz en su libro Meshej Jojma, el camino para servir a Hashem debe estar regido por la simpleza y la poca investigacion. La misma impide el desarrollo de la voluntad interior de entregarse a D”s por santificar Su Nombre. El libro Daat Jaim relaciona lo expuesto segun la Guemara (Julin 5b) “Al hombre y al animal salvara Hashem”. Alli se explica: “se trata de aquellas personas sagaces que se ponen a si mismos como animales”. Son individuos verdaderamente llenos de sabiduria, sin embargo al tratarse de algo relacionado con D”s dejan de lado sus conocimientos y se entregan con simpleza para el servicio de Hashem. Por tal motivo D”s los llena de sabiduria, como esta escrito (en Mishle 2 pas 6) “Porque Hashem dara sabiduria, de Su boca inteligencia y entendimiento”. Esto fue precisamente lo que ocurrio con Jur y Najshon ben Aminadab, que por haberse entregado al Creador dejando de lado los calculos e investigaciones, sin tener en cuenta la propia inteligencia de la que fueron dotados, tuvieron el merito de recibir una sabiduria celestial.

Reiteradamente nos va diciendo la Tora que Hashem colmo a Betzalel con sabiduria y que a todo “sabio de corazon” tambien lo doto de la misma. Surge una pregunta: ¿Por que la Tora vuelve varias veces a decirnos aparentemente lo mismo, que la sabiduria es una entrega de Hashem? Nosotros podriamos creer que a la inteligencia de ellos, se les sumo la sabiduria que D”s les otorgo y entre ambas construyeron el Mishcan. Estos versiculos nos indican lo contrario, que el Mishcan fue construido solamente con la sabiduria con que los doto Hashem, por el merito de haber dejado sus conocimientos de lado y aceptar con simpleza lo que el dijo.

Podemos ilustrar toda esta explicacion con el siguiente ejemplo: Dos enfermos con un mismo cuadro acuden a un medico. Uno de ellos posee conocimientos generales de medicina, el otro no. Cuando el doctor medico al “entendido”, este -segun sus conocimientos- comenzo a analizar que medicinas tomar y cuales no, obedeciendo parcialmente al medico y muriendo al poco tiempo. El otro paciente estaba conciente de que el no entendia absolutamente nada de medicina y acato por completo las indicaciones del medico, recuperandose en un corto tiempo. De cuantos decretos malos nos salvamos cuando obedecemos a D”s con simpleza, cuando en cierta forma el hombre deja de lado sus conocimientos y acata las indicaciones de nuestro verdadero medico que es D”s. En el Midrash Tanjuma esta escrito que la vaca roja viene a expiar por el pecado del becerro de oro. Se compara a aquella sirvienta que ensucio el palacio del Rey. Dijeron: que venga su madre y limpie lo que ensucio su hija.

Aqui tambien decimos, que venga la vaca y expie sobre el becerro. Segun el Ramban y el Cuzari, otros exegetas explican que los judios incurrieron en este pecado por su alto nivel y sus grandes conocimientos y a causa de esto les falto servir al Creador con simpleza, pues mezclaban sus opiniones con las ordenes de Hashem. Por tal razon la mitzva de la vaca roja (que es un “jok”, una ley de la que se desconocen sus motivos), debemos cumplirla por el solo hecho de que Hashem nos lo ha ordenado. Hay que acatarla con simpleza. Precisamente esta mitzva expia por el pecado del becerro de oro. Aquel que quiere a su alma debe acatar las ordenes de Hashem con simpleza, como un siervo de D”s. A traves de esto es posible alcanzar los niveles mas altos.

Rab Moshe M Hoffer

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