Ki Tisá
Libro Shemot (Exodo)
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Ki Tisá (2)

33

1 El Eterno habló a Moshé (Moisés): «Ve, asciende desde aquí, tú y el pueblo que has hecho ascender de la tierra de Egipto, a la tierra que juré a Abraham, a Itzjak (Isaac) y a Iaacov (Jacob), diciendo: “La daré a tu descendencia”.
2 Enviaré un ángel delante de ti, y expulsaré al cananeo, al amorreo, al jeteo, al perizeo, al jiveo y al iebuseo,
3 iréis a una tierra donde fluye leche y miel, pero no ascenderé entre vosotros, pues sois un pueblo obstinado, para que no os consuma en el camino».
4 El pueblo oyó esta mala noticia y se apesadumbró, y nadie se puso sus coronas de testimonio.
5 El Eterno le dijo a Moshé (Moisés): «Diles a los Hijos de Israel: “Sois un pueblo obstinado. Si Yo asciendo entre vosotros, puedo aniquilaros en un solo instante. Y ahora quítate las coronas de tu testimonio y yo sabré qué te haré”».
6 Y los Hijos de Israel fueron desprovistos de sus coronas de testimonio desde el Monte Joreb.
7 Moshé (Moisés) tomaba la Tienda y la instalaba fuera del campamento, lejos del campamento, y la llamaba Tienda de la Reunión. Y así era que todo el que buscaba a El Eterno salía a la Tienda de la Reunión, que se hallaba afuera del campamento.
8 Cada vez que Moshé (Moisés) salía a la Tienda, todo el pueblo se levantaba y permanecía de pie, cada uno en la entrada de su tienda, y contemplaba cómo Moshé (Moisés) llegaba a la Tienda.
9 Cuando Moshé (Moisés) llegaba a la Tienda, descendía una columna de nube y se colocaba a la entrada de la Tienda, y Él hablaba con Moshé (Moisés).
10 Todo el pueblo veía la columna de nube ubicada en la entrada de la Tienda y todo el pueblo se levantaba y se postraba, cada uno en la entrada de su tienda.
11 El Eterno hablaba con Moshé (Moisés) cara a cara, como un hombre habla con su prójimo; luego él regresaba al campamento. Su sirviente, Iehoshúa (Josué) hijo de Nun, era un joven que no salía de adentro de la Tienda.
12 Moshé (Moisés) le dijo a El Eterno: «Ve, Tú me dices: “haz ascender a este pueblo”, pero Tú no me informaste a quién enviarás conmigo; y Tú habías dicho: “Te conoceré por tu nombre, y también has hallado gracia en Mis ojos”.
13 Y ahora, si en verdad he hallado gracia en Tus ojos, hazme, por favor, conocer Tu camino, para que pueda conocerte, para que pueda hallar gracia en Tus ojos. Y ve que esta nación es Tu pueblo».
14 Él dijo: «Mi Presencia irá y te dará reposo».
15 Él le dijo: «Si Tu Presencia no va, no nos hagas ascender de aquí.
16 ¿Cómo se sabrá que he hallado gracia en Tus ojos, yo y Tu pueblo?; a menos que Tú nos acompañes, y yo y Tu pueblo nos distinguiremos de todos los pueblos sobre la faz de la tierra».
17 El Eterno le dijo a Moshé (Moisés): «Incluso esto que has hablado haré, pues has hallado gracia en Mis ojos y te he conocido por tu nombre».
18 Dijo él: «Muéstrame, por favor, Tu gloria».
19 Dijo Él: «Haré que todo Mi bien pase delante de ti y proclamaré con el Nombre de El Eterno ante ti; mostraré gracia cuando elija mostrar gracia y mostraré compasión cuando elija mostrar compasión».
20 Dijo Él: «No podrás ver Mi rostro, pues ningún ser humano puede verme y vivir».
21 Dijo El Eterno: «He aquí que hay un sitio cerca de Mí; puedes pararte sobre la roca.
22 Cuando pase Mi gloria, te colocaré en una grieta de la roca; te resguardaré con Mi mano hasta que haya pasado.
23 Entonces quitaré Mi mano y verás Mi espalda, mas Mi rostro no podrá ser visto».

34

1 El Eterno le dijo a Moshé (Moisés): «Graba para ti dos Tablas de piedra como las primeras, y Yo inscribiré sobre las Tablas las palabras que había en las primeras Tablas que quebraste.
2 Estate listo a la mañana; sube al Monte de Sinaí a la mañana y párate junto a Mí, allí, en la cima de la montaña.
3 Ningún hombre podrá ascender contigo ni nadie podrá ser visto en toda la montaña. Ni siquiera las ovejas ni el ganado vacuno podrán pastar frente a esa montaña».
4 Él grabó dos Tablas de piedra como las primeras. Moshé (Moisés) se levantó a la mañana temprano y ascendió al Monte de Sinaí, tal como le había mandado El Eterno, y tomó dos Tablas de piedra en su mano.
5 El Eterno descendió en una nube y se ubicó junto a él allí, y proclamó con el Nombre El Eterno.
6 El Eterno pasó ante él y proclamó: El Eterno, El Eterno, Dios, Compasivo y Clemente, Lento para Enojarse y Generoso en benevolencia y verdad;
7 Preserva la benevolencia por miles de generaciones, Perdona la iniquidad, el pecado intencionado, y el error, y Quien no absuelve a los que no se arrepienten, Rememora la iniquidad de los padres sobre los hijos y nietos, hasta la tercera y cuarta generación.
8 Moshé (Moisés) se apresuró a inclinar su cabeza al suelo y postrarse.
9 Dijo: «Si ahora he hallado gracia en Tus ojos, Señor mío, que mi Señor, por favor, vaya entre nosotros, pues es un pueblo obstinado, y Tú perdonarás nuestra iniquidad y error, y nos harás Tu heredad».
10 Dijo Él: «He aquí que establezco un pacto: ante todo tu pueblo haré distinciones tales como jamás han sido hechas en todo el mundo y entre todas las naciones; y todo pueblo entre el que te encuentras verá la obra de El Eterno, que es imponente, que estoy a punto de hacer contigo.
11 Cumple lo que te ordeno hoy: He aquí que expulso de ante ti al amorreo, al cananeo, al jeteo, al perizeo, al jiveo y al iebuseo.
12 Ten cuidado de no establecer un pacto con el habitante de la tierra a la que vienes, para que no sea una trampa entre vosotros.
13 En cambio, romperás sus altares, destruirás sus columnas, y talarás sus árboles sagrados.
14 Pues no os postraréis ante un dios extraño, pues el Nombre Mismo de El Eterno es “Celoso”, Él es un Dios Celoso.
15 Para que no establezcas pacto con el habitante de la tierra y te descarríes tras sus dioses, sacrifiques para sus dioses y él te invite y comas de lo que ha sacrificado.
16 Y tomes sus hijas para tus hijos, y sus hijas se descarríen tras sus dioses y tienten a tus hijos para que se descarríen tras sus dioses.
17 No os haréis dioses fundidos.
18 Observarás la Fiesta de las Matzot: durante siete días comeréis matzot, tal como te ordené, en el momento designado en el mes de la primavera, pues en el mes de la primavera saliste de Egipto.
19 Todo primero de cada matriz es Mío; así como también cualquier animal de tu ganado que produzca un macho, el primer fruto de un buey o un carnero.
20 El primer fruto de un burro lo redimirás con un cordero, y si no lo redimes, lo desnucarás con el cuchillo. Redimirás a todo primogénito de tus hijos. No aparecerán ante Mí con las manos vacías.
21 Seis días trabajarás y el séptimo día cesarás; de sembrar y cosechar cesarás.
22 Harás la Fiesta de las Semanas con la primera ofrenda de la cosecha de trigo; y la Fiesta de la Recolección será con el cambio de año.
23 Tres veces por año todos tus varones aparecerán ante el Señor, El Eterno, Dios de Israel.
24 Pues expulsaré a las naciones de ante ti y ensancharé tu frontera; ningún hombre deseará tu tierra cuando subas a aparecer ante El Eterno, tu Dios, tres veces al año.
25 No sacrificarás la sangre de Mi ofrenda en posesión de pan leudado, ni la ofrenda festiva de Pesaj podrá quedar toda la noche hasta la mañana.
26 Los primeros frutos de lo que produzca tu tierra lo traerás a la Casa de El Eterno, tu Dios. No cocerás al cabrito en la leche de su madre».
27 El Eterno le dijo a Moshé (Moisés): «Escribe estas palabras para ti, pues según estas palabras he establecido un pacto contigo e Israel».
28 Él permaneció allí, junto a El Eterno, durante cuarenta días y cuarenta noches, y no comió pan ni bebió agua, y Él escribió sobre las Tablas las palabras del pacto, los Diez Mandamientos.
29 Cuando Moshé (Moisés) descendió del Monte de Sinaí, con las dos Tablas del Testimonio en la mano de Moshé (Moisés) al descender del monte, Moshé (Moisés) no sabía que la piel de su rostro se había vuelto radiante cuando Él le había hablado.
30 Aarón y todos los Hijos de Israel vieron a Moshé (Moisés), y he aquí que la piel de su rostro se había vuelto radiante; y temieron acercársele.
31 Moshé (Moisés) los llamó y Aarón y todos los líderes de la asamblea regresaron a él, y Moshé (Moisés) les habló.
32 Después, todos los Hijos de Israel se acercaron; y él les ordenó en lo relativo a todo lo que El Eterno le había hablado en el Monte de Sinaí.
33 Moshé (Moisés) terminó de hablar con ellos y se colocó una máscara sobre el rostro.
34 Cuando Moshé (Moisés) venía ante El Eterno para hablar con Él, se quitaba la máscara hasta su partida; entonces se iba y les relataba a los Hijos de Israel todo lo que se les había ordenado.
35 Cuando los Hijos de Israel veían que el rostro de Moshé (Moisés) se había vuelto radiante -la piel del rostro de Moshé-, Moshé (Moisés) se colocaba nuevamente la máscara en el rostro, hasta que venía a hablar con Él.

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