HALEL
Devarim
El alma en el relato de la Torá
+100%-

Ki Tetzé

La Torá nos enseña que debemos devolver al prójimo su propiedad extraviada.

El hombre olvidó qué y quién es. Extravió su posesión más preciada sin siquiera saberlo.

¿Qué sucede si olvidamos quiénes somos?
Comenzamos a transitar por la vida buscando alguien que nos diga quiénes somos y a dónde pertenecemos.
Los recuerdos son los componentes fundamentales de la identidad. Un individuo, una familia, una nación, la propia humanidad no puede existir como tal sin memoria. Cuanto más recuerdos más intenso será el sentido de pertenencia e identidad. De ahí la insistencia de la Torá en mantener vivo el recuerdo: El Recuerdo del acto de la Creación, la salida de Mitzráim-Egipto, lo que vieron tus ojos el día que estuviste frente a HaKadósh Barúj Hú en Jorev (la entrega de la Torá), el día de Shabat para santificarlo. Recordar es evocar y despertar algo que está latente dentro de nosotros. La Torá nos pide que recordemos las situaciones arquetípicas que activan el anhelo esencial y por lo tanto universal del alma humana.

¿Cómo recordamos?
De acuerdo a la tradición de Israel a Adám, el primer hombre, HaKadósh Barúj Hú lo concibió en el medio ambiente propicio para que des-cubra quién es. Al pueblo de Israel Moshé le recordó quién es. A lo largo de la historia Profetas y Sabios nos recuerdan quiénes somos.

Un camino de regreso
Identidad es una conexión, una identificación, un camino de retorno y se conforma a través de dos aspectos, uno pasivo y otro activo.

Pasivo
Cada ser humano recibe información de quién es a través de lo que le transmiten sus padres y su entorno.

Activo
Cuando llega a la adolescencia (bar-bat mitzvá) toma mayor conciencia de sí, entonces se despierta un mecanismo que lo lleva a asumir o a rechazar lo que recibió de su entorno.

¿Cuáles son las motivaciones que inducen a aceptar o a rechazar lo que recibimos de nuestro entorno?
Cuando nuestro entorno recrea vivencias que nos conectan con lo esencial, se activa “ese camino de regreso”. De lo contrario comienza una búsqueda de experiencias por recuperar lo esencial, la identidad, el sentido del Ser.
Consciente o inconscientemente la búsqueda de lo esencial, de quiénes somos, es parte de nuestra vida. El desafío de la educación consiste en transferir las vivencias que activan el proceso de retorno a lo esencial.

El Yo Esencial
Lo Infinito, lo trascendente, la Plenitud sin límite, la inmortalidad, son diferentes expresiones de “Una Fuerza” que vibra en nuestro interior. “Si Lo Conociera sería él” nos enseña el Baal Shem Tov. Cuando la mente intenta conocer al Yo, en hebreo Anojí, llega a un punto impenetrable, dado que conocer nuestro Yo y conocer la Esencia es lo mismo. Es la dimensión que trasciende la dialéctica del conocer desembocando en el Ser. Es en ese ámbito donde se encuentra nuestro Yo más profundo, nuestra verdadera identidad y es esa vivencia la que nos energiza con la motivación para superar los desafíos existenciales.

Intelectualidad y vivencia
Lo mental confiere cierta noción de la realidad pero también la limita. Por ello, la experiencia y aprehensión interior de los símbolos y ritos asociados al estudio conciente, nos ayuda a trascender las formas puramente intelectuales.
El ritual organiza las influencias invisibles transportándonos a una dimensión que energiza la mente y la emoción. La vivencia activa el recuerdo de lo esencial, lo cual genera la motivación para enfrentar la vida integralmente, conectándonos con nuestra auténtica identidad.

Interferencias en la evocación
Deseamos acceder a esa Dimensión Infinita que trasciende todo límite y sentimos la impotencia de no saber cómo.
Arte, ciencia y religión son formas de conocimiento con las que intentamos develar la verdad, el orden que rige la vida, acceder a lo pleno. Estas tres formas de conocimiento tienen una raíz común, el anhelo del alma por lo Infinito: la auténtica espiritualidad. Pero cuando la espiritualidad se burocratiza, se subdivide en conocimientos parciales, insuficientes para que el hombre alcance la plenitud, surge un arte, una ciencia y una religión desconectadas de la auténtica espiritualidad. La auténtica espiritualidad se basa en des-cubrir la armonía donde aparentemente hay caos.
Llegamos a un punto donde ni el arte, ni la ciencia, ni la religión nos dan las respuestas a nuestras preguntas fundamentales.

Historias paralelas
En la historia hay dos historias. Una que todos conocemos que nos llega naturalmente sin ningún esfuerzo a través de las redes de comunicación escrita y oral. Así aprendimos la historia; sabemos de la confrontación de poder, dominio, conquista, imperios que surgen dominan y desaparecen como Egipto, Roma, Grecia, etc. Es lo que todos vemos, leemos en diarios y en los libros que nos indujeron a estudiar. Esa información no es el resultado de una búsqueda. Nos fue impuesta y muchos la aceptaron sin analizarla.

Otra historia
En los diarios leemos sobre crímenes, guerras, etc. Pero hay otra historia que no todos ven. Poco nos dicen sobre las buenas acciones, sobre los matrimonios que se aman y son felices, sobre quien vive en paz consigo mismo, sobre ello casi no nos cuentan. Lo que resalta son los cambios bruscos, la violencia. Lo constante y armónico pasa desapercibido.
El egoísmo todos lo sufrimos, entonces lo vemos. El altruismo, en cambio, crea una paz que a veces no le prestamos atención.

Paz o Shalom
Hay paz después de la guerra, pero hay una Paz-Shalom que no depende de la guerra. Shalom significa Paz pero también es Completitud. Lo completo no depende de nada más que de sí mismo.

La conquista y el poder son temporales, la unión es eterna
Si analizamos la historia ¿Qué es lo que subsiste?
Las tiranías finalmente llegan a su fin: la disolución. Subsiste la unión, todo lo que actúe en unidad es eterno, ese es el concepto original de monoteísmo, de UNIDAD. Ese Monoteísmo es el que caracteriza a la esencia interior de la Sabiduría de Israel que inspira a todos los Profetas y Sabios a través de la historia. Nuestra identidad se encuentra en la unión, en lo que nos unifica a todos sin excepción con el UNO sin segundo.

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