HALEL
Devarim
El alma en el relato de la Torá
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Ki tetzé

Cuando salgas a la guerra
¿Cuál es la guerra que debemos luchar?

La forma en que nuestro deseo es activado determina nuestro «destino». Un individuo, una sociedad que actúan motivados por la codicia, el robo, el asesinato, el adulterio etc. atraen forzosamente situaciones que tarde o temprano los destruirán.
Cuando no se posee un sistema educativo que discipline el deseo a sobreponerse a las influencias «naturales» estas terminan por corrompernos. Civilización de acuerdo a la Sabiduría de Israel es alcanzar un sistema de vida que ayude a la humanidad a sobreponerse a la influencia de las fuerzas instintivas «naturales».

Dos componentes
Tecnología y espiritualidad, cuerpo y alma respectivamente son en la óptica judía los componentes básicos que toda llamada civilización debe armonizar. Tanto una como otra disciplina son los instrumentos que nos ayudan a protegernos de la fuerzas naturales orientándolas en pos del bien común.
En el campo tecnológico cada nuevo descubrimiento nos fue ayudando a protegernos más efectivamente del frío, del calor, la lluvia, de las enfermedades, perfeccionando las comunicaciones, etc. Mejoramos cada vez más la calidad de vida física. En el campo espiritual el judaísmo nos ofrece desde hace milenios un desafío: no codiciar, no robar, no asesinar, no adulterar, etc. o sea el antídoto para transformar el deseo de recibir egoísta «natural» en deseo de recibir para dar: altruismo.

¿Qué es lo que determina el destino humano?
Los seres humanos estamos expuestos a incontables influencias. Cuando algo capta nuestra atención a tal punto de querer poseerlo atraemos forzosamente situaciones en nuestro camino por alcanzarlo.
Las influencias captan al deseo. Lo deseado crea una dependencia, una dirección que activa todo nuestro ser en pos de los objetos que anhelamos. Ello establece un encadenamiento de circunstancias –causas y consecuencias- que marcarán nuestro «destino».

¿Qué significa ser humano?
Básicamente toda forma de vida procura sobrevivir, tanto individual como colectivamente. Ello crea necesidades: medio-ambiente, alimento, reproducción. La forma en que cada individuo y grupo aprehende estos tres elementos establecerá su «destino».
En los reinos vegetal y animal este «destino» se circunscribe meramente a lo instintivo y material, ellos no poseen búsqueda de la verdad, de justicia, de valores supremos, sentido de la historia, etc. El ser humano, en cambio, posee un potencial que lo puede convertir en el mejor o en el peor de los seres. La relación del hombre con el medio-ambiente, alimento y reproducción no está restringida únicamente a su interacción con los fenómenos naturales. Ser humano significa poseer conciencia moral, lo que no pertenece al campo de los sentidos: el discernimiento espiritual.

Idolatría y paganismo
Cuando el discernimiento espiritual no es activado caemos inmediatamente en la idolatría y el paganismo ya que percibimos a las fuerzas del universo como entes independientes y caóticos, así se toma al ámbito material-sensorial, la naturaleza, como un fin en sí mismo.
Esa idolatría es la que desde siempre combate la Sabiduría de Israel, la que reduce la esencia humana y al mundo a un mero mecanismo instintivo y materialista sin corazón, asociando el destino humano al de la materia inerte.

Principios inherentes a la esencia del mundo
Así como la oscuridad no es sino la falta de luz, así la mentira no puede existir si no está apoyada en una verdad. La sabiduría de Israel estableció hace milenios las bases para crear una civilización justa en el mundo todo. Ella nos enseña los objetivos: la justicia, el bien, el altruismo y la forma de alcanzarlos: no asesinar, no robar, no adulterar, etc. Después de que el pueblo de Israel articuló su sabiduría durante miles de años, a través de la tradición escrita y oral, basado no en revelaciones personales sino en una revelación colectiva: Sinai (un pueblo entero es testigo de la entrega de la Torá ), Mishná, Midrásh, Talmud, Kabalá, Halajá , etc. (miles de libros producto de miles de años de elaboración por miles de Sabios hasta el presente) fue muy sencillo para otros tomarla y darle nuevos ropajes. Pero la Sabiduría no es proclive a la distorsión como lo son las leyes, los tratados y las resoluciones hechas por los hombres. Son principios divinos e inherentes a la propia esencia del mundo que cuando se pretenden cambiar pierden su efectividad. Por ello, tarde o temprano el mundo deberá reconocer su error y retornar a su espiritualidad natural: el altruismo.

Conflicto o distorsión
No estamos viviendo un conflicto de civilizaciones, estamos llegando a la cúspide de la distorsión de la espiritualidad y de la civilización. Llegó el momento de corregir el error que la humanidad viene arrastrando por miles de años.
Todas las crisis y los conflictos que surgen a lo largo de la historia son el resultado de los intentos de implementar sistemas y formas de vida contrarias a la esencia humana. Si no incentivamos armónicamente una educación espiritual como se ha hecho con lo científico, la tecnología, en lugar de brindarnos el tan deseado «progreso», puede hacernos retroceder a épocas en las que en nombre de «lo espiritual» se mistificaron las fuerzas desconocidas incentivando supersticiones y demonios. Entonces: ¿Cuál es la guerra que debemos luchar? Aquella que defiende la justicia y protege a los hombres de los falsos caminos, de la demagogia y del egoísmo.

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