Estudiando
Devarim
Estudio de los libros de la Torá
+100%-

Ki Tavó

Primer comentario (Rab Moshe Hoffer)

Segundo comentario (Selección de comentarios del Lubavitcher Rebe M.M. Schneerson, www.jabad.org.ar)

Tercer comentario (Daniel Oppenheimer, www.ajdut.com.ar)

Primer comentario – Reconocer a Hashem en todo momento

Uno de los principios fundamentales de nuestra Tora es el de reconocer a quien nos hizo un bien. Suele ocurrir que mucha gente en momentos de aprieto acuden a personas en buena posicion para que los ayuden, pero cuando la suerte los favorece se olvidan de quienes los ayudaron en sus momentos dificiles.

El libro Mesilat Iesharim escribe que asi como uno a traves de las acciones manifiesta sus sentimientos, muchas veces los sentimientos son consecuencia de las acciones. Nuestro pueblo, que estuvo doscientos diez años en Egipto, cuarenta años en el desierto y luego se instalo en la Tierra de Israel, tal vez en los buenos momentos podrian incurrir en el grave error de olvidar su procedencia, su origen. Ante esta posibilidad nos dice la Tora: “Y tomaras de los primeros frutos de la tierra”. Esto significa que cuando estemos residiendo en la Tierra de Israel, y nuestros arboles saquen sus primeros frutos, debemos cargar un canasto sobre nuestros hombros y expresar al llevarlo al Bet Hamikdash delante del Cohen: “Declaro hoy ante D”s que vine a la tierra que el juro a nuestros padres”. Luego de colocar sus manos delante del Cohen y este dejarlo delante del Mizbeaj (altar), debera declarar que Laban, el suegro de Iaacov, quiso exterminar a su yerno y a su familia. Acabar con nuestro pueblo de donde provenimos. Tambien recordar en ese momento que fuimos esclavos en Egipto y nos dieron trabajo duro, nos oprimieron, les hemos clamado a nuestro D”s y el atendio nuestro pedido, sacandonos de Egipto y llevandonos a esta tierra (Israel), que mana leche y miel.

Cuando la Tora en esta Perasha dice “Y le diras” segun Rashi significa “le diras a D”s que no eres desagradecido”. Precisamente esto es lo que el Creador pretende de nosotros, que reconozcamos Sus bondades, que seamos humildes tal como lo dice la Tora muchas veces: “Recordaras que esclavo fuiste en la Tierra de Egipto”. Hashem conoce al ser humano, el es su Creador y sabe que este tiende a enorgullecerse y a olvidar su origen, su pasado. Por tal motivo nos encomendo poner en practica estas mitzvot para que hagamos un ejercicio de la memoria y recordemos que todo le pertenece a D”s. Esta es la manera en que quiso Hashem que actuemos “diciendo y haciendo” acciones que nos lleven a Su reconocimiento.

En los momentos mas alegres de nuestra vida, debemos recordar aquellos dias de opresion, de tristeza, pues esa es la manera correcta de festejar. Por ejemplo: uno de los momentos mas alegres que tiene el ser humano es el de su casamiento; sin embargo aun en el rompemos una copa recordando la destruccion del Gran Templo de Jerusalem. La copa rota es un simbolo para nosotros, el recuerdo de una felicidad incompleta por no tener el Bet Hamikdash. En un momento pleno de dicha, no olvidamos que todavia la felicidad no es total. Dice el pasuk “De Hashem es la tierra y su contenido”. El libro Najaliel explica que las primicias, año tras año, son la manifestacion de una nacion feliz y bendita, que habita en su tierra con tranquilidad y seguridad. Queremos exteriorizar nuestro reconocimiento a D”s por parte de su pueblo, que recibe anio tras anio humildemente la tierra de su Creador. El libro Haketab Vehacabala explica que al traer el iehudi las primicias al Creador, esta doblegandose frente a El. El hombre es el arrendatario que trabaja el campo de su amo y debe llevar los mejores frutos al dueño del mismo.

Rab Moshe M Hoffer


Segundo comentario – Los Iehudím son como los bikurim

La mitzvá de Bikurim, con la que comienza esta Parshá, refleja los sentimientos de agradecimiento del judío a Di-s por la abundancia recibida. Encontramos que expresiones de gratitud se repiten en la vida diaria de Torá y Mitzvot, comenzando por el “Mode Aní” (oración de agradecimiento al despertar), ó el Birkat Hamazón (agradecimiento después de las comidas), Más aún, encontramos que otros credos también dan las gracias luego de la comida. Pero la mitzvá de Bikurim tiene un punto novedoso, ya que no implica solamente la expresión verbal, sino también física de reconocimiento, trayendo de “las primicias de la tierra”, al Beit Hamikdash, declarando que todo pertenece a Di-s, con el pensamiento, la palabra y la acción.

El verdadero lugar

Los Bikurim representan la unión del judío con Hashem, ya que Am Israel es llamado también Bikurim. Y así como las primicias son el primer fruto que dio la tierra, el pueblo de Israel es el comienzo de la Creación, ya que de acuerdo a lo que dicen nuestros Sabios, la intención de crear a Israel precedió a todo, aun a la creación del mundo. De la misma forma que los Bikurim deben ser traídos a Ierushalaim, también el lugar verdadero de un iehudí es el Beit Hamikdash, ya que debe constantemente estar unido a Di-s en todos los órdenes de la vida y de su existencia.

En todos los aspectos diarios

Esta idea debe colmar toda la vida del iehudí. Debe sentir que él es semejante a los Bikurim, no sólo cuando se ocupa del estudio de la Torá y del cumplimiento de las mitzvot, sino inclusive cuando se encuentra ocupado en temas cotidianos, como ser su trabajo, sus comidas, etc., ya que éstas son partes de su vida y también tienen una relación con las “primicias”. Y cuando se trate aunque sea de un pensamiento o una acción, concentrándose en el hecho de que también son parte de los “Bikurim”, seguramente se esforzará para que cada uno de sus actos se realice con el mayor cuidado.

¿Hasta cuando?

De todas formas la Mitzvá de Bikurim podrá ser llevada a la práctica concretamente con la venida de la redención, cuando se reconstruya el Tercer Beit Hamikdash, y como de acuerdo a todas las señales estamos cercanos a su llegada, debemos reforzar lo relacionado con el contenido espiritual de este precepto. Más aún cuando esta Mitzvá nos da la oportunidad de “y contestarás y dirás delante de Di-s” es decir, aprovechar para repetir el pedido de “¿Hasta cuando tendremos que esperar?, queremos que el Mashíaj venga ya!!”. Y seguramente Hashem escuchará, el llamado de sus Bikurim, Am Israel, y tendremos el mérito ya mismo de cumplir con la Mitzvá de las primicias, con la redención verdadera y completa. Sefer Hasijot, 5751, tomo 2 pag 810. De la Enseñanza semanal de Jabad Lubavitch


Tercer comentario – Gratitud

La tía Clara es conocida como la “generosa” de la familia. Nunca se olvida de los cumpleaños, de los aniversarios y de toda buena ocasión en la que se pueda obsequiar algo. Dany, el sobrino, sabe que en el día de su cumpleaños, bien temprano a la mañana, la tía ya se va a hacer presente en su casa con un enorme paquete (la tía no sabe de regalos chiquitos) y un gran beso que le va a quedar bien marcado en la mejilla para que se entere todo el vecindario de la muy grata visita… Cada año se repite la escena. Dany, muy entusiasmado y curioso por ver qué es lo que le trajo la tía este año, se dedica precipitadamente a romper el envoltorio y disfrutar del obsequio olvidando el mundo de su alrededor. Acto seguido, la mamá se enoja avergonzada y le reprocha: “¿Cuántas veces te tengo que recordar que le digas “gracias” a la tía?!” Entonces Dany, con un toque de rubor, se acerca a la tía Clara y le dice en voz apenas perceptible: “Gracias”, se da vuelta, y sigue gozando entusiasmado de su nuevo presente. La tía, como de costumbre, responde que “está bien, no importa”, aun cuando no está muy convencida de lo que dice. ¿Por qué cuesta tanto decir “gracias”?

¿Es un problema de los niños que no se acuerdan de los buenos usos y modales de la sociedad de los adultos, o hay algo más profundo? Y… ¿existe alguna impedimento al momento de agradecer? ¿Cómo? ¿Ud. dice que no es tan difícil agradecer y que la gente educada decimos “gracias” cuando corresponde? Y yo le pregunto a Ud.: ¿”decir gracias” equivale a “agradecer”? A tal fin, debo aclarar un concepto que suele ser confundido por el público. En el judaísmo, y en particular en el mundo de las Ieshivot (casas de estudio) se suele hacer hincapié en el perfeccionamiento de las cualidades humanas. Es lo que se denomina en hebreo “middot”. Una de las middot de las cuales hablamos, es el sentimiento y la demostración de gratitud por todo lo que recibimos de terceros. Sobre ello se habla en numerosos lugares de la Torá. Ya volveremos sobre este tema.

Middot no son modales. Modales son los gestos que nuestra educación nos enseña, y se reducen a ser eso: gestos, para que los vean los demás. Los gestos, si bien no son malos, se limitan a demostrar algo al prójimo y ayuda en muchas instancias a que el otro se sienta bien, como, por ejemplo en este caso, con el hecho que la tía Clara reciba su merecido reconocimiento por su acto de bondad con Dany. Sin embargo, los gestos pueden llegar a ser hipócritas, pues al estar inernalizados y provenir de la conciencia de la persona, suelen fingir o simular sentimientos inexistentes. Decir “gracias”, entonces, puede convertirse en una simple usanza o costumbre de una sociedad, sin que provoque algún cambio o mejoría en la profundidad del alma. Las middot, por otro lado, no están relacionadas con lo que ven los demás, sino que, en su esencia, se vinculan con la intimidad moral y el crecimiento ético de la persona. En el caso de la gratitud, ese sentimiento ayuda a vencer la soberbia indebida de la persona y su prepotencia. Para aquel que se cree invulnerable e insuperable, la gratitud por todo lo que él recibe de fuentes ajenas, le hace tomar conciencia que está sometido y es dependiente del mundo que lo rodea no menos que cualquier otro ser. Sentir genuino agradecimiento es entonces una obligación aun cuando la persona a quien uno retribuye, no está enterada del tema.

En Parshat Ki Tavó, nos encontramos ya al comienzo de la lectura con la obligación de traer los primeros frutos de ciertas especies que rinde el campo al Bet HaMikdash (templo de Jerusalén) y ofrendarlos (los Cohanim los llevan y los consumen). Al momento de presentar estos frutos delante del Mizbeaj (altar), el productor declara ante su Creador que “retribuye” el hecho de haber sido redimido de Egipto, de haber heredado la tierra de Israel y de haber sido bendecido con la abundancia de los frutos de la tierra. Una de las demostraciones más contundentes de que el agradecimiento que espera la Torá de cada uno de nosotros no se limita a verbalizar la palabra gracias, sino que está relacionado con un esmero moral interno, se encuentra en el hecho que Moshé delegó a Aharón la tarea que le encomendó D”s de realizar las primeras tres plagas de Egipto (sangre, ranas y piojos). Los Sabios entienden que la razón de esta transmisión de misión, radica en que Moshé se había salvado del decreto del Faraón de arrojar a los niños al agua (que luego se convertiría en sangre y de la cual saldrían las ranas) y que el polvo (que luego produciría los piojos) le había permitido ocultar al egipcio sádico que había matado en cierta oportunidad. Ni el agua, ni la tierra sienten que les están agradeciendo. Es Moshé mismo a quien la ejecución de la plaga con los elementos que oportunamente le ayudaron es censurable. “Un pozo del cual haz bebido agua, no le arrojes tierra” – dicen los Sabios en el Talmud (Bava Kama 92b).

La Torá nos sigue dando evidencias de esa línea de pensamiento. Los perros reciben la comida taref (no apta para el consumo de los judíos) gracias a que no ladraron cuando los judíos abandonaron Egipto. Con los borricos primogénitos se aplica la ley del rescate (por una oveja ante el Cohen), por haber cargado con enorme bulto que llevaban los israelitas al abandonar Egipto. De todos modos, la exigencia, va más allá y es más cotidiano de lo que acabamos de describir. Cada mañana, al despertar, declaramos “Modé aní”, nuestro reconocimiento por haber recibido nuevamente nuestro alma. Bendecimos por la comida antes de consumirla y antes de levantarnos de la mesa. Existe una Brajá por un paisaje extraordinario y por los aromas que disfrutamos. Recitamos una bendición cada vez que salimos del baño habiendo nuestro cuerpo cumplido con sus necesidades fisiológicas. Agradecemos a D”s y también a los seres humanos. Acorde a esa percepción, parte de la razón de la obligación de respetar a los padres surge del agradecimiento por la preocupación constante que ellos tuvieron por nuestro bienestar, por las noches en vela que pasaron para alimentarnos y protegernos, cambiarnos los pañales, llevarnos a la escuela, confortarnos frente a nuestras enfermedades y dolencias, consolarnos ante nuestros fracasos, animarnos ante nuestros temores, prepararnos para la vida, por sus enseñanzas morales, etc.

Siguiendo en este camino de reflexión, podemos agregar que el mero hecho de saber agradecer, especialmente en un mundo que se caracteriza por conducirse de modo opuesto, se considera un privilegio por si mismo. Es por eso que en el rezo de “Modim” (agradecimiento) de la repetición pública de la Amidá, terminamos diciendo que: “Modim anajnu laj… al sheanajnu modim laj” (Te agradecemos por el hecho que Te podemos agradecer…)

EL R. Jaim Shmuelevitz sz”l, Rosh Ieshivá de Mir, solía tocar el tema de “Hakarat haTov” que estamos tratando aquí con frecuencia. Obviamente, que en su vida personal, esto se mostraba con los hechos. En cierta oportunidad, durante el último año de su vida cuando su salud estaba muy frágil, se acercó a su departamento un conocido, R. Meir Kleiman, que colaboraba con él en sus alocuciones públicas del Bet HaMusar (un lugar de estudio de temas éticos), para anunciarle el Brit Milá de su nieto. En la puerta, la Rabanit le pidió al señor que no lo invitara a R. Jaim, pues su salud no permitía tales esfuerzos. La persona comprendió y se retiró. A la otra mañana, cuando llegó al Brit Milá, se encontró con que R. Jaim ya estaba presente! No entendía nada. Resulta, que R. Jaim escuchó la conversación desde el departamento. Cuando le preguntó a la esposa por qué había venido ese señor, ella le comentó del Brit Milá. R. Jaim insistió en ir. “Cómo puedo faltar a su momento de alegría, cuando cada vez que él dice Tehilim en público de manera tan hermosa, siento una inspiración especial…” (In the footsteps of the Maggid)

Daniel Oppenheimer

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