HALEL
El camino del hombre
La iniciación
+100%-

Kashrút espiritual

Ideas acerca de la sabiduría de la Torá, las mitzvot y en particular el kashrút

En cuanto el hombre desea determinada sabiduría, el conocimiento que él quiere adquirir se compara con la Luz envolvente/ Or makíf, ya que es exterior al hombre. En la medida en que el hombre refina su comprensión respecto a dicha sabiduría, ésta “entrará” gradualmente en su comprensión haciéndose interior – Or pnimí. El deseo del hombre en relación a ese conocimiento le crea una necesidad que activa su voluntad. Así el hombre se verá obligado a refinar su mente, su discernimiento (masáj), para conseguir finalmente su anhelado objeto. Al lograrlo, dicha sabiduría se hace interior y desaparecen los límites, puesto que el hombre y la sabiduría se unifican.

Desde la perspectiva del hombre este proceso ocurrirá inexorablemente:

a) por el camino de la conciencia, el conocimiento de las leyes de la vida a través de las aplicación conciente de la Torá y las mitzvót, el Arbol de las Vidas, o
b) por el camino del sufrimiento, el Arbol del conocimiento del bien y el mal.

Al adentrarme hambriento en un campo lleno de hongos, ¿cómo sabré cuáles son comestibles y cuáles venenosos ? El camino de la conciencia consiste en la consulta de un libro cuyas páginas recogen la sabiduría y experiencia de muchas generaciones, las cuales nos transmiten las señales precisas para discernir entre los hongos comestibles y los venenosos. En cambio, si comienzo a experimentar sin un conocimiento previo, correré el riesgo de “intoxicarme”.

Todo el sistema de Torá y mitzvót actúa, en última instancia, conforme a la relación que tenemos con el deseo, lo material, lo sensorial y corpóreo. Al transformar el aspecto animal e instintivo que hay en el hombre logramos forjar el recipiente apto para contener los grados superiores, es decir: lo espiritual por excelencia.

En la cabeza están situadas las facultades más elevadas y los sentidos con los cuales el hombre percibe al mundo. Los orificios pares: ojos, oídos y fosas nasales le transmiten al hombre la información, que luego la mente y la emoción elaboran de acuerdo a sus objetivos y deseos. La boca, el séptimo y el único impar, alude a la articulación sonora, la expresión de cómo el hombre percibe y entiende la realidad. De acuerdo a lo que el hombre manifiesta sabremos sus deseos y aspiraciones. En la boca hay dos aspectos que actúan en sentido inverso, siendo la palabra lo que sale de la boca y el alimento que nutre al hombre lo que entra a través de ella.
Así como tenemos leyes y códigos espirituales respecto a lo que entra y sale por la boca (kashrút material a través de la abstención de ciertos alimentos, y kashrút espiritual evitando la calumnia y la mentira, etc.), lo mismo ocurre con la percepción, ya que generalmente actúo acorde a lo que pienso y siento. Al ser nuestro mundo emocional y mental poderosamente influido por lo que vemos y oímos, es de vital importancia para nuestra vida espiritual que nuestra kashrút no quede restringida sólo a la dieta alimenticia sino que también prestemos atención a cuál es el “alimento” que nutre la emoción y la mente. El hombre debe tener conciencia de los objetivos que lo conducen en cada uno de sus actos.
Es por ello que el trabajo en relación a la Torá y a las mitzvót debe ser dirigido a refinar el deseo y la voluntad, dado que a través de la voluntad se ponen los límites al pensamiento y a la emoción.
Es a través del estudio de la Torá (leyes objetivas de la Creación) y la aplicación de las mitzvót (actos concretos dirigidos al bien colectivo) que el hombre libera su mente y emoción de la especulación sin objetivo. De esta forma los pensamientos y las emociones se dirigen hacia objetivos que trascienden lo momentáneo y pasajero.

Cuando un conflicto es resuelto interiormente, no desciende a los dominios del tiempo y el espacio, sino que encuentra la armonía en el plano espiritual.
En este caso ningún elemento externo lo afecta, ya que no tiene necesidad de ingresar en los ciclos temporales y espaciales para ser resuelto. El deseo, fuerza interior que mueve al hombre, es provocado en la mayoría de los casos por algo exterior a él, por algo que no posee, de modo que si lo tuviera no lo desearía. Este deseo lo empuja a moverse dentro del tiempo y el espacio en su búsqueda por saciarlo, generando infinidad de acciones y reacciones. Todo movimiento material y exterior es provocado por algo que nace en lo interior, lo espiritual, y su resolución es sólo posible en el lugar exacto en el cual fue generado. Estos conflictos serán resueltos finalmente en el campo espiritual, es decir, en el interior del hombre. Mientras el hombre no comprenda tal concepto llevándolo a la práctica, ello provocará infinidad de acciones y reacciones que lo conducirán a diferentes situaciones, muchas de ellas con sufrimiento, hasta llegar a la resolución interior del conflicto.

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