Estudiando
Estudio de los libros de la Torá
Shemot
+100%-

Itró

Primer comentario (Rab Daniel Oppenheimer, www.ajdut.com.ar)

Segundo comentario (Rabbi M.M.Schneerson – www.jabad.org.ar )

Tercer comentario

Primer comentario – No Robarás

Esta semana leemos en la Torá una de las partes más famosas y conocidas aun por aquel que sepa siquiera tan solo lo más elemental de judaísmo. Los diez mandamientos. (Es triste decirlo, pero muchos judíos ni siquiera saben eso). Entre aquellos diez mandamientos, uno de los más reconocidos universalmente es el que demanda: “¡No robarás!”. (Antes de seguir con el tema, quiero aclarar que la prohibición a la cual se refiere aquí, de acuerdo a lo que explican los Sabios, no se remite a aquel que roba gallinas, ni a aquel que asalta un banco a mano armada, sino a aquel que secuestra a una persona. La prohibición de robar bienes materiales, está en Vaikrá (Levítico 19:11 y 19:13) con las palabras “lo tignovu” y “lo tigzol”. Sin embargo, dado que la gente habitualmente atribuye la prohibición del robo común a esta lectura, trataremos el tema aquí).

¿A qué se llama robar? La respuesta pareciera ser sumamente simple a primera vista. Es más, la gran mayoría (si no la totalidad) de la gente que nos rodea y nosotros mismos decimos no ser ladrones. Y lo decimos con toda honestidad y con la conciencia limpia. Nunca figuramos en las páginas de las noticias policiales, tampoco le metimos la mano en el bolsillo a nadie y, por lo contrario, más que uno de nosotros fue víctima de algún robo, hurto o asalto en algún momento de nuestras vidas, lo cual lo pondría del lado de “los buenos”, es decir, de las víctimas inocentes y no del lado de los ladrones.

Sin embargo, la Torá no es tan condescendientes con nosotros. En realidad, la razón que no nos autodenominamos ladrones es precisamente porque hay tantos “peces gordos” de los cuales uno lee diariamente, que si alguna vez no somos del todo perfectos, lo nuestro sería “cosa de chicos”. Es allí donde comienza nuestro error. El ser mejor que otro, en la Torá, aun no significa nada. D”s nos dio leyes (en este caso sumamente estrictas), y nos podemos evaluar únicamente frente a nuestro propio potencial… y nada más. La moralidad de los demás, o la falta de ella, es problema de la conciencia de ellos y de quienes están encargados de juzgarlos. Obviamente, dada nuestra comodidad, no sólo nos evaluamos a nosotros mismos con parámetros subjetivos y relativos, sino que aprobamos y criticamos la conducta de las demás personas con aquel mismo metro.

¿Qué se llama entonces “robar” de acuerdo a la Torá?

1. Quien hace perder tiempo a otra persona. Hay una “cola” en el banco para abonar la cuenta de gas. Justo en aquel día hay muchos vencimientos y la “cola” es de media cuadra. Mientras Jorge camina haciendo un cálculo mental de los 45 minutos que demorará en llegar a la ventanilla para pagar, ve al vecino que ya le falta poco. Se acerca y lo saluda afectuosamente (la primera vez en su vida se acuerda de la máxima de los Sabios de la importancia de buscarse un buen vecino…) y le hace entrega de la cuenta a pagar con el efectivo. El vecino, muy “gaucho” le ahorra los 45 minutos… robados a 45 personas a razón de 1 minuto por persona. El problema: Dinero se puede devolver, tiempo no.

Jorge vuelve del casamiento del sobrino que realmente estuvo brillante… especialmente la sidra casher que se sirvió al final. Son las cuatro horas de la mañana. Sale del ascensor conversando en voz alta como si fuese pleno día. Los vecinos tienen un día difícil por delante y están durmiendo… o lo estaban hasta que llegó él a su palier y los despertó. El sueño tampoco se puede devolver.

En la oficina de Marta todos tienen mucha confianza. Para todo. La lapicera en la cartera de Marta es de la oficina. Asimismo, el papel sobre el cual escribe sus cartas personales. Los llamados telefónicos los hace desde su escritorio con el teléfono y el tiempo por el cual se le paga para que esté trabajando. Al “trompa” seguramente no le importa, pero, “por si acaso” cuando pasa por allí “corta” con lo que está haciendo y vuelve a su trabajo…

El Talmud califica a la persona que utiliza objetos ajenos sin permiso, un “sho-el sheló mida-at”, como ladrón. Si bien, esta es la regla, hay casos permitidos al tratarse de cosas insignificantes que todos autorizan o de objetos para cumplir una Mitzvá por lo cual se supone que el dueño estaría de acuerdo en que utilizaran para ese fin… siempre y cuando se devolvieran a su lugar indicado y no se sacaran del lugar. (Nunca entendí a la gente que se cubre la cabeza con kipot con la inscripción de una de las sinagogas que visitaron, como así también los Sidurim de una sinagoga que “caminaron” solos a otra sinagoga). Para esta ley, como para todas las otras se debe estudiar a fondo las Halajot pertinentes.

La organización X se dedica a atraer gente para que retorne al judaísmo. Sin duda, una tarea noble y virtuosa. En el folleto que están por sacar para esta próxima fiesta, copian para la tapa un diagrama de un libro conocido. ¿Plagio? Seguramente D”s lo perdonará. ¿Cómo? ¿Qué en la Torá no dice que “el fin justifica los medios”? No lo sabía.

Saludar. ¿Es cuestión de cortesía, de amabilidad, modales que impuso la sociedad? Dice el Talmud (Brajot) que quien quita el saludo al otro es como si le hubiese robado al pobre (lo poco que queda para quitarle – su dignidad de ser humano).

¿Qué anduvo haciendo en los ratos de ocio de estas vacaciones? ¿Su visita obligada al casino? ¿Qué quiere Ud. que haga, acaso, con todos estos días de lluvia? Aparte que la “timba” es divertida. Pues… ¿qué quiere que le diga? El Talmud debate sobre el tema de si los timberos (aun los no profesionales) son, o no, aptos para declarar como testigos…

Y un tema más antes de cortar por hoy. “Robo de mente” (Gneivat Da-at) es como denomina el Talmud el engañar a la gente “aparentando”, p.ej. entrar al negocio a consultar precios, cuando no se tiene la más mínima intención de comprar.

Bueno. Esto es “no más” lo relacionado con el robo. A su vez, la Torá habla del que hace “bicicleta” con los acreedores (Lo Ta-ashok), del que interfiere directamente en el negocio del otro (Lo Tasig Guevul Reaj-á), del que engaña (veLo Tonú Ish et Amitó), del que codicia los bienes ajenos (Lo Tajmod, Lo Tit-avé)…

¿Difícil? No, si se lo propone corregir. Siempre es peor dejar las cosas como están. Daniel Oppenheimer


Segundo comentario – El Ojo Esencial

E Itró, el sacerdote de Midiá… oyó de todo lo que Di-s había hecho para Moshé y para Su pueblo Israel… E Itró… vino a Moshé, al desierto, donde había acampado en el monte de Di-s… E Itró dijo: “Ahora sé que Di-s es más grande que todos los dioses”. — Exodo 18:1-11

Es un principio legal de la Torá que “oír no es comparable a ver”[1]. Esto significa que incluso si una persona ha sido plenamente informada de algo y confía absolutamente en la información, con todo, ello no es comparable a realmente verlo con los propios ojos. Esto no significa que la persona no pueda convencerse totalmente con información de segunda mano; un Tribunal, por ejemplo, determinará cuestiones de vida y muerte en base al testimonio que le es presentado. Pero hay un nivel de convicción que únicamente puede lograrse a través de la vista.

Un ejemplo de este principio ha de encontrarse en los arriba citados versículos describiendo el reconocimiento de Itró del Unico Di-s. La Torá nos cuenta que “Itró oyó de todo lo que Di-s había hecho para Moshé y para Su pueblo Israel”; oyó del Exodo, la partición del Mar, la milagrosa victoria en la guerra contra Amalek [2]. No obstante, fue sólo cuando vino al campamento israelita en el Monte Sinaí y fue testigo, de primera mano, de la relación especial que aquellos disfrutaban con Di-s, que pudo decir: “Ahora sé que Di-s es más grande que todos los dioses”.

Observaciones Anteriores

Hay otros lugares en la Torá de los que puede inferirse este principio, incluyendo varios que aparecen en la Torá antes que la historia de Itró. Por ejemplo, en el capítulo 45 de Génesis leemos cómo los hijos de Iaacov le contaron que Iosef, sobre quien había guardado duelo tomándolo por muerto durante veintidós años, estaba vivo en Egipto. Primero, no les creyó; pero después de que le aportaron pruebas concluyentes, le dijeron cosas que Iosef les había contado y que nadie más podría haber sabido, “el espíritu de Iaacov revivió”[3]. No obstante, fue sólo cuando Iaacov vio a Iosef con sus propios ojos que dijo: “Ahora puedo morir en paz, habiendo visto tu rostro, porque estás vivo”[4]. El conocimiento de Iaacov de que Iosef estaba vivo, aunque completo antes de ver su rostro, era ahora de un nivel enteramente diferente.

Otro ejemplo surge de Exodo 14:10: “Y los Hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios marchan tras ellos; y estaban muy asustados; y los Hijos de Israel clamaron a Di-s”.

Pero Di-s ya les había dicho: “Yo endureceré el corazón del Faraón, y éste [los] perseguirá”[5]. De modo que el pueblo judío ya sabía qué habría de suceder. No obstante, viendo concretamente a los perseguidores egipcios provocó en ellos una reacción que su conocimiento anterior no había logrado.

Hombre de Mente

Sin embargo, hay algo peculiar en el caso de Itró. Hay algo de la experiencia de Itró que nos brinda una apreciación de la norma “oír no es comparable a ver” que no puede obtenerse de los ejemplos anteriores.

Nuestros Sabios cuentan que Itró era un buscador de toda la vida, un hombre que había estudiado y probado cada filosofía y teología sobre la faz de la Tierra antes de llegar a la verdad del único Di-s [6]. Itró era un auténtico científico, uno para el que la mente es el máximo árbitro de la verdad. El verdadero científico desconfía totalmente de sus sentidos, apoyándose en cambio sobre “datos firmes” y lo que las leyes de la lógica infieren de ellos. Si estas conclusiones contradicen lo que sus sentidos le dicen, no importa; las deducciones lógicas de su mente siempre rechazarán lo que se percibe o siente como verdad.

Uno pensaría por lo tanto que cuando un hombre como Itró infiere que algo es cierto, no puede haber mayor validación para él que aquello que su mente le ha demostrado. Si oye sobre el Di-s de Israel, sopesa la evidencia en su mente y concluye que El es el auténtico Di-s. ¿Qué puede agregarse al ver la Presencia Divina en el campamento israelita?

Sin embargo, cuando Itró llegó al pie del Monte Sinaí, proclamó: “Ahora sé”. Si era apenas cuestión de “demostración”, entonces, de hecho, para un hombre como Itró, la vista no provee demostración mayor alguna que su audición y validación lógica de lo que oyó. Pero la demostración es sólo acerca de la cosa, mientras que ver es una experiencia directa de la cosa misma.

Cuando oímos acerca de algo o lo inferimos de pruebas lógicas, la mente recoge la evidencia trozo a trozo, detalle por detalle, y luego arma los pedazos en una percepción del tema. Pero cuando vemos algo, “absorbemos” la totalidad de la cosa misma incluso antes de ser conscientes de los detalles. Nuestros ojos nos proveen de un nexo con la esencia de la cosa, con una visión de su alma misma.

Es por eso que Di-s quiso que Lo veamos en Sinaí [7], y que la culminación de la historia se describa como un tiempo en el que “toda carne verá”[8].

Al concedernos el don de la vista, nuestro Creador nos ha provisto con más que otra herramienta recolectora de datos. Nos ha otorgado la capacidad de penetrar la profusión de detalles que atascan nuestra realidad neurológica y relacionarnos con la quintaesencia de las cosas, la esencia de un ser humano, la esencia del mundo en que vivimos y, en última instancia, la esencia misma de Di-s.

Basado en una Sijá del 29 de Shvat, 5740

Notas: 1. Mejilta sobre Exodo 19:9; Talmud, Rosh HaShaná 26a. 2. Exodo 18:1; Rashi sobre el versículo. 3. Genesis 45:27; Rashi sobre el versículo. 4. Genesis 46:30. 5. Exodo 14:4. 6. Mejilta sobre Exodo 18:11; Zohar II, 69a. 7. Comp. con Exodo 24:10; Deuteronomio 4:35; Mejilta sobre Exodo 19:9. 8. Isaias 40:5.


Tercer comentario – ITRO Y LA ENTREGA DE LOS DIEZ MANDAMIENTOS

La perasha de la semana pasada nos mostraba a un pueblo judio asombrado por los grandes milagros que Hashem les hizo, incluida la derrota de su peor enemigo, Amalek. De repente, nuestra perasha actual comienza hablandonos… de quien? Pues de Itro.

Y no solo eso, sino que esta perasha fundamental, que contiene la entrega de la Tora al pueblo de Israel, como se la conoce? Con el nombre de “Itro”! Como encaja esto en la historia y por que la seccion que describe el momento mas trascendental en la vida de la nacion judia fue designada con el nombre de un individuo?

Una respuesta posible nos la da Rab Zweig al sugerirnos que esto nos esta transmitiendo una grande e importante leccion: si bien los milagros que ocurrieron hasta entonces fueron impresionantes, nada significaban a menos que condujeran a los hijos de Israel a estar mas cercanos a Di-s. Itro escucho acerca de todos los milagros sucedidos y se convirtio al Judaismo. Puso sus pensamientos en accion y ese fue el verdadero fin de la esclavitud para el, porque hizo algo practico con sus ideas.

Y que hay con nosotros? Cuando vemos un milagro, lo utilizamos como una oportunidad de fortalecer nuestra fe? Si no es asi, el milagro fue malgastado, vano. Y todos los dias nos ocurren milagros, a cada segundo. Solo hace falta abrir los ojos para verlos. Y toda vez que se nos presenta una mitzva y no emprendemos el camino apropiado para llevarla a cabo, para seguir con celeridad y buena voluntad los lineamientos que Hashem nos dio, otra oportunidad de cumplir y respetar la Tora se habra nuevamente desaprovechado.

La historia no finaliza con los judios escapando del Faraon y sumergiendose en el crepusculo y en la rutina de su vida, sino con los judios comenzando su vida como individuos y como nacion, con el firme reconocimiento de todo lo que Hashem ha hecho por ellos, y de todo lo que hara! Y amandoLo aun mas por ello. De eso se tratan las mitzvot. Son formas para expresar nuestra agradecimiento a Di-s. Hasta que no apreciemos verdaderamente lo que Hashem hace por nosotros y aprendamos mas modos de expresar nuestro aprecio por medio del cumplimiento de Sus preceptos, la historia de nuestra propia esclavitud a la sociedad aun no habra terminado!

(Basado en Shlomo Ressler)

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