HALEL
El alma en el relato de la Torá
Jaguim
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Iosef, el potencial de revelar Luz en la oscuridad

El alma es una energía, una Luz espiritual proveniente del Kadósh Barúj Hú, el cuerpo es su receptáculo y la intención es la manifestación que expresan los padres a través de su libre albedrío para realizar dicho objetivo.
La tradición de Israel llama hijos, tanto a los carnales como a los espirituales, a los discípulos. Hijo es quien da continuidad a nuestra vida corporal y/o espiritual. Por ende la imperiosa necesidad de toda criatura de lograr su descendencia. De esa forma la Luz Infinita toma realidad en el ámbito material sensorial, nuestro mundo, y la cadena de la vida continúa su curso hasta alcanzar su objetivo final: la armonía universal. La Kabalá nos enseña que la armonía universal sólo podrá ser alcanzada cuando todas las almas se revelen y depuren de acuerdo a su potencial particular, y logren así la forma perfecta de relacionarse con sus semejantes y con la Luz Infinita. Esa labor se puede realizar en forma conciente, cuando el ser humano aprehende los principios objetivos que rigen la vida: no asesinar, no robar, no adulterar, y el resto de las mitzvót de la Torá etc. o sea las leyes que lo ayudan a desarrollarse sin distorsionar la ecología espiritual o, a través del sufrimiento cuando actúa ignorando los principios espirituales. De ahí lo sagrado de la vida para el judaísmo y todas las leyes y preceptos-mitzvót que la protegen. La primera mitzvá que aparece en la Torá es la de dar continuidad a la vida, por ello quienes viven de acuerdo a la Torá poseen familias numerosas, ya que cada alma que se manifiesta en este mundo es un eslabón más en la revelación de la armonía universal.

Todas las almas tienen su momento y su función
Cuando oscurece y el sol se oculta la lámpara que estaba encendida, que no había despertado nuestro interés, de repente capta nuestra atención, ya que se hace necesaria para ver en la oscuridad. Así cada alma, que es una dimensión de la Luz, al ocultarse cede su lugar y otra se revela. Así son las almas, cada una tiene su momento y su función.

Israel amaba a Ioséf más que al resto de sus hijos
La Torá nos relata que Israel amaba a Ioséf más que a todos sus hijos, ya que nació en su ancianidad. En la parashá anterior estudiamos que Israel es el nombre que adquiere Iaacóv cuando alcanza el grado de altruismo que puede ser Luz, influencia positiva, para nuestra «humanidad interior», nuestros instintos, emociones y pensamientos, expandiéndose desde allí al mundo. Israel es la potencialidad del alma que puede alcanzar la Luz infinita y Ioséf la forma de implementarla, que Israel alcanzó en su ancianidad, cuando maduró su sabiduría. Lo primero que se manifiesta en la vida humana es el deseo en forma egoísta y en la medida en que las personas se desarrollan y adquieran sabiduría, comienzan a prever la consecuencia de sus actos. Sabiduría implica comprender objetivamente la realidad sobreponiéndonos a prejuicios, así como también el poder evaluar cada situación más allá del modo en que nos afecta personalmente.

¿Qué es racionalidad?
Aquello en lo que percibimos la relación causa-consecuencia. Hay relaciones causa-consecuencia que percibimos inmediatamente: me pincho y siento dolor; otras que demoramos más en percibir su efecto: una alimentación incorrecta y una forma de vida insana conducen a malestar y/o enfermedad. Pero existen relaciones causa-consecuencia aun mas lejanas como lo vemos en la ecología, en la educación, etc. Cuanto más distante es la relación causa-consecuencia que logramos percibir mayor será nuestra conciencia de la realidad. Este conocimiento es en última instancia el que determina la escala de valores de un individuo y una sociedad. La conciencia que alcancemos del objetivo final es lo que va a fijar las pautas de nuestro comportamiento.

Ioséf y la revelación de la Luz
Ioséf desciende a Mitzraim-Egipto, Mitzraim proviene del vocablo hebreo limitaciones – meitzarím. A través de Ioséf todo Israel, el alma, descenderá a Egipto, las limitaciones, con el objetivo de revelar Luz. Cuando el ser humano enfrenta situaciones límites revela nuevos aspectos de su potencial. Ioséf representa la potencialidad de Israel de revelar Luz en donde aparentemente hay oscuridad. El alma es introducida en la Creación con el objetivo de tomar conciencia de la Luz Infinita que produce la armonía universal. Tanto en la época de los Macabeos como en cada uno de los período de la historia y en el presente nos enfrentamos a ese desafío. En cada época la oscuridad adopta otro modo de manifestación lo cual nos exige una forma aun más contundente de revelar Luz.

Mecánica creativa
La naturaleza funciona en base a principios objetivos, por ejemplo: primero sentimos que tenemos hambre luego comemos, primero sentimos que algo nos falta luego deseamos conseguirlo. El sufrir, el mal, nos hace desear la plenitud, el bien. Esta es la percepción sensible, que evalúa lo inmediato sin discernir la consecuencia de nuestros actos. Al obviar la interacción de la percepción sensible con la inteligible conduce, en última instancia, a una percepción parcial de la realidad, ya que las decisiones que se toman no consideran integralmente las consecuencias a largo plazo. Es la concepción griega de la realidad, como la de muchas otras culturas y corrientes filosóficas basadas en el efecto que producen las impresiones sensoriales, emocionales e intelectuales desligadas de la realidad espiritual. En vez de ayudar al hombre a entender la vida como un todo lo conduce a una ruptura y división entre los planos emocionales e intelectuales del plano espiritual, ética-estética, arte-ciencia, espíritu-materia, etc. Todo ello genera una percepción de la realidad en la cual el hombre tiende permanentemente a adaptar y justificar la realidad a sí mismo, lo que genera un estado general de impaciencia e intolerancia con respecto a la necesidad y comprensión de su semejante, dado que la realidad deja de ser objetiva, todo depende de cómo yo entiendo y siento momentáneamente lo que son las cosas y no cómo las cosas son realmente. Esta percepción parcial de la realidad induce al hombre, y por ende a la sociedad a subjetivizar su comprensión. La cultura griega estableció las bases de todo el pensamiento occidental. Para dicha filosofía, como para el positivista occidental moderno quien sólo admite el método experimental y rechaza toda noción a priori y todo concepto universal y absoluto, su cultura era y es la única posible.

La Torá
La sabiduría de la Torá, como la de cualquier otra forma de conocimiento, es efectiva cuando la llevamos a la práctica y no cuando sólo queda en el plano ideal. Por dicha razón el estudio de la Torá como una forma de conocimiento conceptual, una filosofía, no fue prohibido por los griegos, sino que lo prohibido era el estudio que llevaba a la práctica. Los griegos conocían sólo la filosofía, por eso cuando se trataba de lo verdaderamente espiritual, el bien colectivo, el altruismo, todo quedaba en el plano conceptual y abstracto: lo bello, el bien, etc. En cambio, cuando se trataba de justificar sus deseos eran muy prácticos. La conclusión a la que arribaron fue que sin prohibir la práctica de las mitzvót no cabía la posibilidad de que los judíos se asimilen a su cultura. Al no poder quebrar el espíritu de nuestro pueblo, dado que el judaísmo está basado en una educación que fortalece constantemente la voluntad altruista y comprendiendo que nuestra vida estaba y está basada en un comportamiento diario (mitzvót) y no sólo en pensamiento abstracto separado de la acción, prohibieron mediante pena de muerte a todo «transgresor», el cumplimiento de 3 mitzvót:
1) Shabat.
2) La conmemoración del comienzo de cada mes en el Templo (Rosh Jodesh).
3) La circuncisión.
Mediante el cumplimiento del Shabat y el comienzo del mes (Rosh Jodesh) el hombre se libera de la tiranía del espacio, el materialismo y la mecanicidad del tiempo.
Mediante la circuncisión y la limitación sobre sus instintos, el hombre se libera de la tiranía de los deseos inferiores y egoístas.

El desafío de Januká
La Torá nos des-cubre las leyes que rigen los diferentes planos de la Creación sólo cuando confrontamos lo que estudiamos con el desafío de llevarlo a la práctica. Sólo así el hombre libera su mente de la especulación sin objetivo. Son precisamente las mitzvót, esas acciones concretas las que liberan el alma de la soberanía de la materialidad a la cual el sistema politeísta y filosófico griego induce.
El verdadero desafío al cual Januká nos enfrenta fue el mismo al cual se enfrentaron Abraham, Itzják, Iaacóv y Iosef, así como todos los verdaderos profetas y sabios judíos de siempre: la superación del egoísmo y por ende la especulación mental que sólo tiende a justificarnos constantemente. La Torá y las mitzvót le brindan al hombre un sistema que lo entrena una y otra vez, desde todas las perspectivas posibles, a transformar sus instintos, emociones, pensamientos y deseos en altruismo para que alcance la Luz Infinita que revela la armonía universal.

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