Festejando
Meguilat Rut
Shavuot
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Introducción

(Selección extraída del libro “Meam Loez, El libro de Rut”, © Moznaim Publishing Corporation)

 

Dijo Rav Zerá: “Rut no contiene leyes de impureza o de pureza, ni explicaciones acerca de lo prohibido y de lo permitido. Entonces, porqué se escribió? A causa de la bondad del Creador; para difundir la recompensa que reciben los bondadosos” (Rut rabah 2).

La Megilah de Rut, escrita por el profeta Samuel, narra cómo Elimelej, uno de los nobles de la tribu de Yehudah, abandonó la tierra de Israel debido a una grave hambruna para irse a Moab. Allí se casaron sus hijos con mujeres no Judias, Orpah y Rut. Al morir en Moab Elimelej y sus hijos, queda Naomi triste y sola y decide regresar a Israel. Sus dos nueras quieren acompañarla pero trata Naomi de persuadirlas que regresen a su pueblo. Orpah accede mientras que Rut se une a Naomi.

En la tierra de Israel va Rut a espigar el campo del pariente de Naomi, Boaz, quien la trata bondadosamente. Le pide Rut a Boaz que la proteja redimiéndola y desposándola. Boaz trata de que sea otro quien la redima, pero cuando éste se niega, se casa él mismo con ella y conciben a Obed, padre de Ishaí, padre de David. Enumera la narrativa al final de la Megilah las tres generaciones, desde los Patriarcas hasta David, para que él también figure como padre de la nación israelita, y se dice “Dios de David” (Rut, 2:30), igual que “Dios de Abraham, de Isaac y de Yaakov” (Ex: 3).

El objetivo de la Megilah es mostrar la Providencia del Altísimo para con sus criaturas, como recompensa a cada cual según sus obras. Vemos, por ejemplo, el caso de Elimelej, que se expatrió de la tierra de Israel para no gastar su dinero entre los pobres, y al final perdió toda su fortuna y tuvo que regresar su viuda sola y desválida. Vemos lo opuesto en el caso de Rut y Naomi, que regresaron a Israel, prefiriendo así la pobreza en la tierra de Israel a una vida de honores en Moab. Por ese mérito fueron dignas de aproximarse a los gobernantes de Israel; ellas dieron luz a la dinastía de David y de ellas provendrá nuestro Mesías.

La narrativa de la Megilah enseña cómo el Todopoderoso lleva a cabo Sus propósitos manipulando las circunstancias para que se realicen las intenciones de los hombres, sin interferir con el libre albedrío. Vemos, por ejemplo que Elimelej partió de Israel al extranjero y sus hijos se casaron con mujeres no Judías. No obstante, el Todopoderoso arregló que proviniera de Rut la dinastía de David. Lo mismo sucedió en el caso de Tamar, acerca de quien decretó el Altísimo que diese a luz a Peretz. También tenemos el caso similar de Jacob, quien fue a vivir con Labán porque vio el Todopoderoso que de Rajel y Leah podia construir el pueblo de Israel. A pesar que todos los impedimentos vinieron del estafador Labán, fue Labán mismo quien causó que cogiera Jacob a Leah y a Rajel, y de éstas, así como de Bilhah y de Zilpah, provinieron las doce tribus. Los episodios de Leah, Rajel y Perets forman parte del mismo plan y están mencionados en la bendición de los antiguos de la ciudad a Boaz y Rut el momento de su unión religiosa, donde piden al Todopoderoso que la mujer que se case con Boaz sea como Rajel y Leah y que su casa sea como la de Perets.

Esta es la fuente de la fe en Dios. A pesar de que el Altísimo se demora a veces en Su recompensa, es un patrón fiel que no reposa hasta que cumple Su palabra. Esto nos enseña hasta qué punto pueden las obras del hombre influenciar su futuro. Aunque Elimelej era de los príncipes de Yehudah, tuvo hijos que se casaron con mujeres Moabitas y murieron sin descendencia. De Rut, que se convirtió con la más profunda sinceridad, se formó el reino de David.

Autoría del Profeta Samuel

La Torah prohibe a, los conversos Moabitas casarse en la congregación de Dios. Como dice la Biblia: “Ningún hombre Amonita ni Moabita entrará a la congregación del Señor” (Deut. 23:4). A Rut, sin embargo, se lo permitieron, basándose en una ley (halajah) olvidada que dice que la prohibición se refiere sólo a los hombres de Moab, no a las mujeres: “un Moabita, no una Moabita”. No obstante, en tiempos del Rey Saúl, Doeg el Edomita, líder del Sanhedrín (corte suprema), trató de descalificar a David del reino proclamando que era inapto para entrar en la congregación de Dios.

La acusación de Doeg suscitó una controversia. Narra el Talmud que desenvainó Amasá su espada declarando: “Quien no acepte esa halajah morirá atravesado por mi espada. Esta es la tradición que he recibido de la corte de Samuel” [se prohibe un Moabita, no una Moabita].

Le pidieron entonces al Profeta Samuel, que estaba aún en vida, que confirmase la declaración de Amasá. En consecuencia, el profeta escribió la Megilah de Rut como su desición halájica para validar el derecho de David de entrar en la congregación.

Comienza Samuel con el episodio de Elimelej, que aunque era el mas importante de la generación, fue castigado por su avaricia, por temer que vendrían los pobres de Israel a pedirle dinero. Rut, sin embargo, habiéndose comportado bondadosamente con su suegra, y teniendo los tres rasgos de carácter de Israel, la caridad, la modestia y la bondad, mereció engendrar el reino de Israel y el Mesias.

Por tanto, al final de la Megilah, nos recuerda Samuel que el Mesías proviene de Perets (lit. “el que abre brecha”), el rey que se abre camino. Aunque la narrativa contiene la dinastía del Rey David, señalan nuestros sabios que la Megilah quiere enseñar la magnitud de la recompensa de los que son bondadosos. Con este objetivo, nos cuenta en detalle la historia de Elimelej y la vida de Naomi y de Rut con Boaz. En lugar de decir en breve que Rut venía de Moab y se unió a Naomi, nos cuenta sus buenas obras, indicando que a éstas debe el merito de fundar el trono de Israel.

Aprendemos algo sorprendente. A pesar de que la bondad que le mostró Rut a Naomi fue en la tierra de Moab, cuando todavía no era Judía, como lo dijo la propia Naomi, “la bondad que tuvisteis hacia los muertos y hacia mí,” recibió por ella recompensa, ya que después de convertirse se consideré que lo hizo al ser ya Judía.

La Megilah de Rut recalca la gran recompensa de los que son bondadosos con el prójimo. Como les dijo Naomi a Rut y a Orpah, “Que el Todopoderoso les trate con la bondad que tuvisteis con los muertos y conmigo” (4:11,12). Nuestros sabios deducen de allí que proporcionaron sudarios para sus maridos fallecidos, renunciando a sus contratos matrimoniales (ketubot) a favor de Naomi, y además la mantuvieron y compartieron su tristeza. Debido a este comportamiento, mereció Rut de perfeccionarse por su trato con Naomi. También Orpah, por haber acompañado a Naomi cuarenta pasos, mereció que su descendiente Goliat se librara de la muerte durante cuarenta días. Por la bondad con que Boaz atendió a Rut, mereció engendrar el reino de David.

Por eso dice David: “He aquí que he venido con la Megilah (rollo) un libro escrito acerca de mí (Salmos 40-8). Se refiere a la Megilah de Rut, en la que están escritas las alabanzas y la genealogía de David.
El valor de esta Megilah es inestimable, ya que Samuel era el fiel profeta de Dios, y estaba al mismo nivel que Moisés y Amrán. Parece evidente que la escribió Samuel al final de sus días, y la prueba es que se necesitó el testimonio de Amasá para asegurar la decisión halájica de la corte de Samuel, que David tenía el derecho de entrar en la congregación.

Si la narrativa de la Megilah hubiese sucedido en su tiempo, no habrían necesitado un testimonio oral. No cabe duda que después de esta decisión halájica escribió Samuel el libro para publicar la genealogía de David. Por lo tanto, después de indicar, al final de la Megilah, que Obed era “padre de Ishaí, padre de David” (4:17), tenemos: “y éstas son las generaciones de Perets” (4:18). De este modo exalta a David al trazar su genealogía hasta el hijo de Yehudah, Perets.
Debido a este objetivo, en la Biblia, el libro de los Salmos viene a continuación de la Megilah de Rut, y luego vienen Job, los Proverbios, Eclesiastés, el Cantar de los Cantares, las Lamentaciones, Daniel, Esther, Esdras (Ezra), y el Libro de las Crónicas. Se escribieron los salmos para enseñar que el sufrimiento de Rut tuvo un desenlace valioso y a que de ella saldría David que rebosaba de cantos y alabanzas ante Dios.

En consecuencia, Samuel no unió la Megilah de Rut al libro de Jueces que narra los ultimos días de su vida. Cuando vio a David sentado en el trono de Israel, Samuel quiso publicar los orígenes de David, y escribió la Megilah de Rut. Su intención era de diseminar la Providencia de Dios, cómo Eglón, rey de Moab, por haber honrado a Dios (Jueces 3:18), mereció que proviniera de él Rut y que de David viniera nuestro Mesías.

Puede uno preguntarse porqué incluyó Samuel a Rut en los Hagiógrafos y no en los Profetas. La respuesta es que hay varios grados de unión al Todopoderoso. Hay once niveles y depende de la preparación del profeta. El libro de Samuel se escribió con el nivel de profeta, mientras que Rut fue con el nivel de hagiógrafo.

Otro objetivo de la Megilah es de señalar el impacto a largo término de nuestras obras. A pesar de que Elimelej era descendiente de Najshón ben Aminadav, no le valió el mérito de sus antepasados, y cuando dejó Israel, fue castigado. Esta es una gran enseñanza del libro de Ruth.
Según otra opinión la intención de la Megilah de Rut es de anunciar la raíz del Mesías, hijo de David, que es lo más importante de la Torah, y las visiones de todos los profetas se refirieron exclusivamente al tiempo del Mesías. Declara la Megilah que viene de la tribu de Yehudah, de familia de reyes. Por lo tanto, es digno de reinar sobre todo el mundo, de juzgar al pobre y de oprimir a su opresor. Entonces vendrán todos los pueblos a reconocer el Nombre de Dios.

 

Meam Loez

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