HALEL
La Armonia Universal
La armonía universal
+100%-

El punto impenetrable

¿Quién soy?

Cuando decimos «yo» ¿dónde se «sitúa» nuestra conciencia?
En el cuerpo …, en la emoción …, en el pensamiento …
¿Dónde «está» nuestro yo?
¿Yo soy mi cuerpo?

En la misma pregunta se encuentra la respuesta, en la propia formulación se realiza la distinción entre «yo» y «mi cuerpo». «Ese yo», la conciencia de mí mismo, es quien formula y responde la pregunta, siendo el cuerpo un instrumento a través del cual el yo se manifiesta.

Cuántas veces «ese yo» le impone al cuerpo actos en contra de «su deseo».
¿Quién es entonces ese «yo» que puede dirigir al cuerpo: mi emoción, mi tristeza, mi alegría…? El «yo» puede también sobreponerse a la tristeza y transformarla en alegría. Muchas veces conseguimos despertar fuerzas interiores para realizar determinados actos atravesando nuestras barreras emocionales, inseguridades, etc.

¿Quién es entonces ese «yo» que puede dirigir a la emoción? ¿Es acaso el pensamiento que se piensa a sí mismo, o es «ese yo» quien se expresa a través del pensamiento haciéndome conciente de que soy, que existo?

El límite de la Conciencia

Cuando intentamos aprehender nuestra Esencia, llegar a nuestro Yo, percibimos que el pensamiento se diluye ante el interrogante de ¿quién soy?
Esto sucede porque nuestro Yo más interior es «parte» de la esencia de toda la realidad, y así como el agua contenida en un recipiente al ser devuelta al océano se funde y unifica con el mar, así cada alma es parte inmanente de la Esencia Infinita.

Si lo conociera sería El, nos dice el Baal Shém Tov.

Cuando la mente intenta conocer al Yo llega a un punto impenetrable en el cual el pensamiento lo traduce como deseo de recibir. Ello se debe a que el Yo más interior, Anojí (ver items 72 y 85), sólo podrá surgir cuando la plenitud colme infinitamente al deseo de recibir.
Mientras el deseo de recibir se encuentra separado de la plenitud la anhela incesantemente, generando pensamientos y formas mentales en su afán de asirla que, sin el entrenamiento espiritual
adecuado, conducen a una percepción caótica de la realidad, impidiéndole al yo el «acceso» a la conciencia de sí mismo.

La Conciencia de sí mismo

El hombre conoce comparando. No podemos conocer nada en sí mismo, sino que aprehendemos la realidad en base al contraste y a la analogía. Defino el frío a partir de la falta de calor, etc.

El hombre no es completo en su persona sino que necesita de su semejante y del resto de los componentes de la realidad, oxígeno, alimento, bebida, etc. para existir, concretizar sus aspiraciones y completarse. El Kadósh Barúj Hú, máxima identidad y destino final de toda la realidad «Es» completo en Sí Mismo, ya que El «Es» y «Está» por encima de la realidad que El mismo genera.

En hebreo hay dos formas para denominar al sí mismo, al yo:

a) aní
b) Anojí

a) aní
Es la percepción que limita la realidad a mi subjetividad. Esta forma de percepción crea una barrera que aisla al hombre del resto de la realidad y su verdadera esencia.

b) Anojí
Designa la percepción que me permite aprehender la realidad en forma objetiva, trascendiendo los límites que me impone el aní. La percepción de la realidad a través del Anojí me otorga acceso al estado en el cual el aní encuentra su resolución.

Contrariamente al hombre en quien el aní y el Anojí conducen a dos formas de percibir la realidad, «en» el Kadósh Barúj Hú no existe tal oposición ya que El «Es» el que percibe, lo percibido y la percepción.
«En» el Kadósh Barúj Hú el aní y el Anojí están unificados, siendo esta unidad la más insondable y la finalidad de toda las realidades puesto que «Allí» no se percibe, «Allí» se «Es» (ver más).

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