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Educación
La estructura incorpórea
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El proceso educativo

Un bebé no está preparado para alimentarse de la misma forma que un adulto. Está desprovisto de dientes, su aparato digestivo aún no está desarrollado y por lo tanto no puede digerir ciertos alimentos.
Su relación hacia el mundo exterior es pasiva dado que recibe lo que le dan sus padres. Los adultos disciernen y deciden por él, pues es incapaz de diferenciar entre lo que le hace bien y lo que puede dañarlo.

En el mundo espiritual, al igual que en el vientre materno, el alma no posee conciencia de su deseo, ya que sus necesidades son saciadas antes de manifestarse.
Cuando «llega a este mundo» surge el deseo en forma general y los padres lo alimentan, le brindan amor y toda su experiencia al nuevo ser. Es el inicio de la manifestación del deseo, todavía inconciente, ya que no sabe con qué ni cómo satisfacerse, sólo desea saciarse.

A medida que el hombre se desarrolla, su deseo comienza a intensificarse y expandirse cada vez más sobre todos los ámbitos de la realidad, instintos, emociones y pensamientos. Por ello el hombre procura su vocación, su pareja, «su lugar».
La Torá nos brinda un sistema educativo con el fin de saber cómo relacionarnos con el deseo en cada etapa de la vida. Por el contrario, cuando ignoramos el orden y el ritmo de aprehensión de la realidad provocamos en nosotros, nuestros hijos y la sociedad situaciones para las cuales aún no estamos preparados, lo que equivaldría a darle a un bebé alimento para adultos.
Estos dos comportamientos se definen como kedushá y tumá.

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