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La estructura incorpórea
Psicología
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El oxigeno del amor (reflexiones)

El libro del Zóhar nos indica que el propósito de la Creación del ser humano es la plenitud total y absoluta, la armonía universal, por ello la Torá se concentra en ayudarnos a dirigir todas nuestras energías hacia ese objetivo. Cuanto más altruistas sean los objetivos que se quieren alcanzar, a más individuos finalmente deberán beneficiar. Pero para ser efectivos precisan contemplar todas las particularidades que componen el espectro de tendencias individuales existentes. No sólo eso, sino que tendrán que ayudarnos a desarrollar las cualidades emocionales y mentales que nos permitan alcanzar la fortaleza y la voluntad para enfrentar las situaciones existenciales a las cuales la vida real nos enfrenta.

Cada pensamiento, emoción y situación a la cual la vida nos enfrenta tiene una única fuente: HaKadósh Barúj Hú. Las experiencias que vivimos son causales y no casuales, por ello debemos aprovechar la posibilidad de aprendizaje que nos brindan.

El hombre no es completo en su persona sino que necesita del prójimo y del resto de los componentes de la realidad, oxígeno, alimento, bebida, etc. para existir, concretizar sus aspiraciones y completarse. HaKadósh Barúj Hú, máxima identidad y destino final de toda la realidad «Es» completo en Sí Mismo, ya que El «Es» y «Está» por encima de la realidad que El mismo genera.Es la percepción que limita la realidad a mi subjetividad. Esta forma de percepción crea una barrera que aísla al hombre del resto de la realidad y su verdadera esencia.

Cuando nuestra conciencia se concentra únicamente en los sentidos sin tomar en cuenta la percepción inteligible, esta se torna extremadamente limitada y no consigue trascender nuestro ego. En cambio, cuando nuestro deseo de bien se proyecta más allá de nosotros, el pensamiento lo acompaña, pues al anhelar el bien del prójimo el deseo amplía considerablemente su área de acción: primero a nuestra familia, luego a amigos, comunidad y finalmente al mundo todo. Este esfuerzo activa un potencial desconocido para las personas creándoles la necesidad de alcanzar la sabiduría que armonice las acciones, las emociones y los pensamientos desembocando así, finalmente, en el plano de las causas: el espiritual.

Cuando el hombre se ejercita a través de la Torá y las mitzvót en dominar su instinto, emoción y pensamiento, orientándolos en pos del bien, surge la voluntad superior. Así, el ser humano logra trascender las influencias inferiores tanto en el ámbito espiritual como en el material-sensorial.

Así como el cuerpo se renueva para seguir vivo, así nuestra vida emocional, mental y espiritual debe renovarse constantemente y des-cubrir aspectos que hasta ahora no habíamos tenido en cuenta. Sólo así logramos ampliar nuestra percepción y participar no sólo de la realidad en su manifestación material-sensorial, sino también de la emocional, mental y espiritual. Entonces nos conectamos con la vida en toda su dimensión.


S
abiduría implica comprender objetivamente la realidad sobreponiéndonos a prejuicios, así como también el poder evaluar cada situación más allá del modo en que nos afecta personalmente.

La Torá y las mitzvót le brindan al hombre un sistema que lo entrena una y otra vez, desde todas las perspectivas posibles, a transformar sus instintos, emociones, pensamientos y deseos en altruismo para que alcance la Luz Infinita que revela la armonía universal.

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