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La Armonia Universal
La armonía universal
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El espacio que armoniza todos los tiempos

« el objetivo final de todo movimiento y por ende del proceso temporal es alcanzar nuestro lugar donde todos los tiempos se armonizan: la Sucá »

Antes de la teoría de la relatividad los seres humanos observaban al universo a través de una óptica cartesiana. El espacio y el tiempo, la materia y la forma, eran considerados valores absolutos e independientes sin relación ni influencia entre sí. Después de la teoría de la relatividad la humanidad se confronta a parámetros de medición del tiempo y del espacio que hacen tambalear valores que parecían absolutos. De repente el hombre comprende que puede haber otra lógica, otra forma de percibir la realidad. Surge una nueva dimensión: el espacio-tiempo. Un fluir en el cual los parámetros son relativos al lugar y al tiempo desde donde se realiza la observación. También la conformación del universo en su proceso de expansión a través del espacio será relativa a la cantidad de materia presente en él. Cuanto más materia exista en determinado lugar del Universo, mas se curvará, se encogerá o estirará y el tiempo se hará mas lento.

No hay nada nuevo bajo el sol
Einstein concibió un Universo flexible con parámetros y variables que ni la computadora más sofisticada podría reproducir. Un universo que funciona como la mente humana: se expande tras los pensamientos y la sabiduría adquiridas; ideas y vivencias conquistan el espacio mental vacío conformando nuestra conciencia. Conceptos que parecen nuevos, en realidad son eternos ya que el hombre no inventa los principios del universo ni los de la mente, sólo los des-cubre. Estos principios son estudiados por los sabios de la Kabalá en textos antiguos desde los tiempos más remotos:

«Y cuando surgió en Su Voluntad Simple crear los mundos y emanar la emanaciones…contrajo el espacio infinito en un punto central y encogió la luz….Y quedo espacio vacío… y el espacio era circular…Y la luz y el espacio adquirieron forma similar…Desde el espacio infinito se expande luz al espacio vacío…para dar realidad a las emanaciones, a las creaciones, a las formaciones y a las acciones…
(Etz Jaim siglo XVI y basado en el Zóhar siglo III recogiendo tradiciones judías de textos como el Bahir, el Sefer Ietzira, Raziel haMalaj de antigüedad insondable)

Sucót el espacio que armoniza todos los tiempos
La Torá nos transmite a través de su sistema una disciplina que nos activa concientemente para sobreponernos a las influencias temporales. La Tefilá-meditación objetiva-, la posibilidad de superar la influencia astral del planeta que rige cada día. El Shabat-proyección al estado pre-Creación, el potencial de superar la influencia astral del sistema planetario. Rosh Jodesh-comienzo del mes- la superación de la influencia astral lunar. Rosh haShaná-principio de año- la superación de la influencia astral solar.

Movimiento material, movimiento espiritual
Cuando la Torá relata la creación del Sol y la Luna establece tres unidades básicas de tiempo para toda la humanidad. El día, el mes y el año se deducen de la observación sensorial a partir de los ciclos solares y lunares, la semana, en cambio, y por ende Shabat es un concepto que la Torá no toma de la naturaleza sino que replica en el tiempo la percepción sensorial humana, dos ojos, dos oídos, dos narinas y la boca; siete días y siete orificios situados en la cabeza . El desafío en la realización de las Mitzvót, que nos propone la Kabalá, involucra todo el potencial humano: pensamiento, emoción y acción, dándonos así la posibilidad de elevar nuestra percepción sensorial y temporal septenaria a una dimensión unitiva: el ámbito espiritual.

Espacios en el tiempo
El tiempo judío, como el universo, no es uniforme hay zonas más intensas, Shabat y Jaguim, que le otorgan dirección y forma. Estos espacios en el tiempo unen material, emocional y mentalmente al pueblo judío con un objetivo: la unificación de los hombres en su máxima identidad. El ciclo anual del pueblo de Israel: Pésaj, Shavuot y Sucót finaliza con la construcción de un espacio la Sucá, una especie de cabaña. En la Sucá tomamos cuatro especies vegetales: Etrog-cidra, Lulav-rama de palma, Adas-mirto y Arabá-sauce llorón formando un ramo que movemos en todas las direcciones espaciales. De acuerdo a la Kabalá éstas cuatro especies representan cada una un potencial humano: voluntad , pensamiento, emoción y acción.

El fin del tiempo
El movimiento en pos de un objetivo, sea en el plano material sensorial y/o en el inteligible, la mente y el alma, generan tiempo, pero el objetivo final de todo movimiento y por ende del proceso temporal es alcanzar nuestro lugar donde todos los tiempos se armonizan: la Sucá, vocablo hebreo que sugiere la plenitud que nos envuelve cuando creamos el espacio adecuado.
El universo que nos describe la Kabalá no es sólo el sensorial, la Kabalá nos describe el universo inteligible, el mental y el espiritual. Los movimientos del cosmos son análogos a los movimientos de la voluntad, los pensamientos, las emociones y los actos humanos. Sobre tres pilares el mundo se sustenta nos enseña nuestra tradición: Torá: el estudio de los principios del mundo sensible e inteligible, Avodá: la reflexión y meditación para que el hombre alcance a través de las vivencias espirituales concientes-Mitzvót, la Realidad Infinita, y Gmilút Jasadím: los actos de bien que conducen al altruismo unificando así toda la realidad en su origen. Los Profetas y Sabios de Israel desde tiempos inmemoriables percibieron este modelo de la Creación. Mientras que la ciencia nos describe la realidad sensorial, la Tora nos dirige a un objetivo: comprometernos en cada uno de nuestros actos a ser parte activa del proceso cósmico a través de acciones concretas: Mitzvót, los actos de bien que unifican al hombre con su prójimo y con su máxima identidad donde todos somos Uno: el Kadosh Barúj Hú.

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