HALEL
El encadenamiento de los mundos
La articulación de los estados espirituales
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El Encadenamiento de los Mundos III

« El trabajo espiritual consiste en canalizar todos los grados inferiores de la voluntad y el deseo hacia el bien colectivo »

Como lo expresó el rey Salomón, el más Sabio de los hombres:

“El ojo no se satisface con ver, ni el oído se llena de oír. Lo que ha sido es lo que será, y lo que ha sido hecho es lo que se hará. Y no hay nada nuevo bajo el sol “.

Eclesiastés 1: 8, 9

El concepto bajo el sol se refiere al deseo de recibir egoísta/ratzón lekabel. Contrariamente, por sobre el sol está lo pleno, el deseo de dar y beneficiar/ ratzón lehashpía que es infinito como la Luz Infinita que da sin límite.

El trabajo espiritual consiste en canalizar todos los grados inferiores de la voluntad y el deseo hacia el bien colectivo y la identificación con los grados superiores de la voluntad y la conciencia, transformando así el deseo humano en Voluntad Espiritual – Superior. La Voluntad Espiritual incluye todos los grados anteriores de la voluntad y el deseo en equilibrio. La Voluntad Espiritual acerca al hombre a la Luz Infinita buscando el beneficio para toda la Creación. Todas las mitzvót están destinadas a depurar la voluntad del hombre hasta unificarla con la Luz, de esa forma todos los deseos se funden en Una y Unica Voluntad.

En ese día El (Su Luz / Or) y Su Nombre (la voluntad y deseo incluídos en la Luz / klí ) serán Uno. Zacarías 14:9

Las 4 etapas generales Infinito / Ein – Sof, contracción de la Luz / tzimtzúm, línea de Luz / kav y Luz retornante / Or jozer, nos proporcionan los elementos generales para entender y articular los diversos estados espirituales.Luego de producida la contracción de la Luz, el espacio vacío resultante atrae hacia sí la línea de Luz, ya que desea que ésta lo llene nuevamente como en el estado de Infinito. Pero como aún no está en condiciones de recibir tanta abundancia de Luz, se produce la ruptura de los recipientes de contención de la Luz / shvirát hakelím. Esto sucede porque todavía no hay voluntad ni deseo consolidados en dirección a la plenitud de la Luz y, por lo tanto, la voluntad no resiste y se rompe. Luego, la Luz volverá, aunque más tenue, de modo que la voluntad y el deseo imperantes en ese estado puedan recibirla gradualmente.

Ejemplo: cuando el maestro transmite su sabiduría, el discípulo debe discernir entre la voluntad del maestro y el deseo propio. El maestro debe enseñar al discípulo de manera que éste pueda entenderlo. Si el discípulo no hace un tzimtzúm de sus deseos e ideas acerca de lo que el maestro quiere transmitirle, se producirá un choque entre la voluntad del maestro y la voluntad del discípulo. Pero, siendo que el conocimiento del maestro será más amplio que el conocimiento del discípulo, el discípulo sufrirá un resquebrajamiento en sus ideas acerca de lo que él supone que el maestro quiere enseñarle (shvirát hakelím). Posteriormente, el discípulo ayudado por el maestro reconstruirá nuevamente su voluntad, pero esta vez lo hará en base a la experiencia adquirida, lo que le proporcionará una óptica real sobre la cual basará su aprendizaje. Este proceso es análogo al encuentro entre la Luz y el deseo. El deseo deberá finalmente unificarse con la Luz. Hasta llegar a dicho momento habrá un largo proceso de acciones y reacciones en la relación del deseo con la Luz arribando, finalmente, al ansiado equilibrio.

La Creación es el espacio de encuentro entre la Luz y el deseo, y encontrará su resolución sólo cuando el ratzón lekabel / voluntad de recibir se transforme en ratzón lehashpía / voluntad de dar. Es entonces cuando la Creación llegará a su fin reintegrándose el deseo a la Luz en todos sus estratos e índoles, gmar hatikún – fin de la corrección de la voluntad y deseo de la Neshamá, el fin de los tiempos.

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