HALEL
El encadenamiento de los mundos
La articulación de los estados espirituales
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El Encadenamiento de los mundos I

« En el judaísmo el hombre se desenvuelve de acuerdo a acciones concretas (mitzvót), y no acorde a pensamientos y/o sentimientos pasajeros »

El objetivo de la Luz Infinita /Or Ein-Sof es beneficiar y darle plenitud a todo lo creado. Para llevar a la práctica dicho objetivo se deben atravesar inexorablemente varias etapas:

1) Ein-Sof – Estado de Infinito en el cual el deseo no limita la plenitud de la Luz, ya que al no haber límite ni medida, tampoco hay conciencia del deseo como ente separado de la Luz (ver cap. “Los estados de la voluntad y del deseo”). En este estado, la Luz y el deseo de recibir la Luz son Uno.

2) Tzimtzúm – Contracción del deseo de recibir a fin de crear un espacio vacío de Luz donde se desarrollará la Creación. El espacio vacío / jalal panúi es necesario, de lo contrario la Luz Infinita “llenaría toda la realidad” (Etz Jaím). De ser así no habría espacio alguno donde la voluntad se manifieste en forma independiente, bien y mal, anulando así el libre albedrío otorgado al hombre. Más aún, sin este espacio vacío no existiría la Creación y continuaría siendo todo Infinito sin posibilidad de toma de conciencia por parte del deseo de la Neshamá.

3) Kav – línea de Luz proveniente del Infinito que llega al espacio vacío. La Luz Infinita penetra lenta y gradualmente dentro del espacio vacío otorgándole al deseo del alma la posibilidad de aprehenderla. De esta forma el deseo de la Neshamá puede discernir y optar entre la Luz del Infinito y la obscuridad del espacio vacío. Dicha conciencia es la que hace que la voluntad de la Neshamá madure espiritualmente y desee la Luz por sí misma. En el estado de Infinito, por el contrario, la plenitud es recibida sin conciencia, sin voluntad ni deseo.

Este proceso es similar a cualquier proceso de aprendizaje. Si el maestro no contrae (tzimtzúm) su sabiduría y la enseña gradualmente, el discípulo no sólo no logrará asimilarla sino que carecerá de deseo y voluntad hacia dicha sabiduría por desconocimiento de los objetivos de la misma. Por lo tanto, si la plenitud de la Luz del Infinito no se contrae ocultándose del deseo del alma (tzimtzúm) y luego se expande a través de la línea de Luz /kav, la Creación no tiene posibilidad de existir.

De este proceso deducimos 3 etapas generales:

1) El estado de Infinito / Ein – Sof.

2) La contracción de la Luz del Infinito / tzimtzúm.

3) La línea de Luz que se expande desde el Infinito hacia el espacio vacío donde se desarrollará la Creación – kav (Luz directa – Or iashar).

Hasta aquí todo sucede natural y automáticamente en todos los ámbitos de la Creación.

Todos los procesos de la naturaleza y del universo obedecen inexorablemente a estas tres etapas y leyes generales. Su influencia es inevitable siendo imposible escapar de ella dado que la fuerza del proceso creativo a través del kav de Luz directa /Or iashar es la fuerza más poderosa de la Creación. Este proceso propulsa a la Creación desde la unidad primigenia en el Infinito, a la multiplicidad del mundo, siendo su mayor exponente la fuerza del deseo que se expande en todos los ámbitos de la vida. Sólo la aplicación de la voluntad en armonía con las leyes de la Creación puede hacer retornar concientemente el deseo a su estado original en el Infinito / Ein – Sof, elevando consigo a toda la realidad.

Si nos retrotraemos en el tiempo, observamos que todo parte de una unidad original, la cual luego se irá subdividiendo en multiplicidad de componentes. Mirando hacia atrás en el tiempo observamos cada vez menos cantidad de cosas, en cambio, avanzando en el tiempo las cantidades se multiplican en forma acelerada.A partir de la invención del primer automóvil surgieron infinidad de modelos y compañías. Este es un mero ejemplo que ilustra cómo la materia invade al mundo en forma cada vez más avasallante, hasta el punto de hacernos olvidar de dónde todo proviene y cúal es el origen y objetivo de toda esta multiplicidad. A partir de Adám surgen Adám y Javá, Caín y Abel, etc., etc. hasta desembocar en nuestro mundo actual.

El proceso que impulsa la unidad primigenia a la multiplicidad del mundo material es producido por la energía más poderosa de la Creación: el deseo del alma de recibir la plenitud Infinita. En tanto no orientemos nuestra vida hacia la reconstrucción de la Voluntad Original en su unidad primigenia anulando nuestro egoísmo, el materialismo reinará en el mundo.

Al no encontrar satisfacción alguna en nuestro egoísmo, y cuando tomemos conciencia de nuestra verdadera naturaleza, transformaremos nuestro deseo insaciable de recibir en voluntad de dar y beneficiar al prójimo. Sólo entonces estaremos preparados para recibir realmente la Torá y poner en práctica el cuarto paso de este proceso que, como vimos, ya no es automático sino que nos exige lo más interior y profundo de nuestro ser.

4) Or jozer – Luz retornante: es la toma de conciencia de la voluntad y deseo de la Neshamá de retornar a su raíz y raíz de todo lo creado, el Infinito / Ein – Sof. Es el producto de la aplicación conciente de las mitzvót por medio del estudio de las leyes objetivas de la Creación codificadas en la Torá. De ello se desprende que cada vez que el hombre siente un deseo no se satisfacerá en forma instintiva. Por el contrario, al tomar conciencia de lo que nuestros deseos nos “piden” y a través de las leyes codificadas en la Torá, obtenemos la voluntad y conciencia para relacionarnos armónicamente con todos los ámbitos del mundo material. En el judaísmo el hombre se desenvuelve de acuerdo a acciones concretas (mitzvót), y no acorde a pensamientos y/o sentimientos pasajeros (ratzón lekabel). Cuando deseo algo del mundo debo saber cómo acercarme a ello. Si lo hago en forma automática, sin pensar en las consecuencias que a partir de ello surjan, será meramente un deseo egoísta de recibir, lo cual a corto o largo plazo desembocará en el sufrimiento propio y de nuestros semejantes. En cambio, si me relaciono con el mundo respetando la ecología espiritual codificada en la Torá, significa que no sólo pienso y actúo según mis deseos, sino que también contemplo a los otros seres y a la totalidad de la vida. El hombre debe expandir su voluntad y deseo de dar a todos los aspectos de la realidad. De esa forma ampliará su conciencia y se transformará en un “socio activo del programa de la Creación”, cuyo plan consiste en beneficiar a todas las creaturas en forma infinita.

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