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El ascenso de la conciencia

Elige la vida

“… la vida y la muerte, la bendición y la maldición puse ante ti, elige la vida para que vivas tú y tu simiente…”
Dvarim / Deuteronomio 30:19

Aparentemente hay una infinidad de posibilidades de elección y de objetivos. Sin embargo, la Torá nos indica que eso es ilusorio, dado que finalmente desembocamos en las dos posibilidades antes mencionadas: la vida y la bendición o la muerte y la maldición. La Torá nos indica: elige la vida, como los padres que aman a sus hijos y les dicen: elige una parte de mi propiedad, señalándoles la mejor.

En hebreo el vocablo vida, jaím, es un plural sin singular, ya que la vida es infinita como lo es su raíz el Kadósh Barúj Hú. De acuerdo a ello, cuando la Torá nos aconseja elegir “las vidas” se refiere a la continuidad de una vida plena para nuestros hijos, nietos, las futuras generaciones, la sociedad y por ende el mundo.
Formularse las preguntas correctas y saber elegir deben ser las bases de todo sistema educativo, ya que quien no elige, eligen por él. La Torá le da al hombre los elementos para que él escoja por sí mismo y de esa forma haga uso de su libre albedrío. La bendición es el altruismo, puesto que conduce a la vida. La maldición, por el contrario, es el egoísmo y su fin: la disolución, la muerte espiritual. Por lo tanto, elige la vida.

Lo que el hombre tiene le fue otorgado por el Kadósh Barúj Hú, y por dicha razón lo importante no es lo que tenemos, dado que eso no se encuentra bajo nuestro control, sino que el libre albedrío consiste en decidir cómo lo empleamos: en forma egoísta o altruista.

Sin elección no hay desarrollo. La “tensión” generada por el propio esfuerzo en pos de la superación crea el “espacio” que posibilita el discernimiento, expandiendo así la conciencia humana.
Lo anterior se asemeja a un rey que quiere darle el reino a su hijo, el príncipe. Sin la preparación adecuada el príncipe no sabrá elegir sus ministros y juzgar correctamente cada situación. En cambio, a través del aprendizaje y el esfuerzo en conocer todas las dificultades que su padre el rey enfrenta para gobernar y ser justo con todos los integrantes de su reino, adquirirá la experiencia que lo haga apto para un día ser rey.

Deseos y Objetivo
El intelecto debe actuar permanentemente asimilando nueva información sobre su entorno, pero también es necesario que adquiera la Sabiduría de cómo conocer, para no confundirse y así poder aprehender la realidad correctamente.

De acuerdo a la Kabalá la función del pensamiento consiste en discernir entre nuestros deseos, previendo las consecuencias de nuestros actos. Cuando el hombre piensa no hace más que racionalizar sus necesidades, anhelos, deseos y en última instancia su voluntad. Pero para tomar la decisión de concretizar o no nuestros deseos, cuándo y de qué forma, debemos confrontarlos a un objetivo. Sólo después de esto puede surgir la posibilidad de elegir y desarrollar la voluntad. El objetivo nos hace tomar conciencia de nuestro deseo y sólo así podremos generar la voluntad para canalizarlo correctamente. El deseo es innato e inconciente, en cambio la voluntad es conciente y adquirida. El deseo en su forma instintiva es denominado por la Kabalá “ratzón lekabel”, voluntad de recibir, egoísmo. En cambio, a través del trabajo conciente en la Torá y las mitzvót se lo puede transformar en voluntad de dar, altruismo, en hebreo “ratzón lehashpia”.

El deseo de recibir no se puede anular, es la esencia del hombre, la energía básica que nos mueve, ya que él es el recipiente del placer. De acuerdo a la Torá debemos educar nuestro deseo y darle la forma correcta: altruismo. De ese modo aprendemos a disfrutar haciendo el bien y tomamos conciencia de las necesidades de nuestro semejante; por ende nuestra percepción comienza a expandirse a todos los ámbitos de la realidad. Sólo entonces el plano material deja de ser el objetivo final, transformándose, ahora sí, en un medio para el verdadero logro: la plenitud del hombre.

Elige la vida implica trascender la satisfacción momentánea de nuestros deseos, tomando en cuenta la consecuencia posterior de nuestros actos.
La kedushá nos eleva por sobre la percepción limitada y egoísta de la vida, orientándonos en pos del ámbito altruista.

Las mitzvót nos ayudan a enfrentar concientemente nuestros deseos momentáneos, y muchas veces egoístas, doblegándolos en pro del bien colectivo.

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