HALEL
La estructura incorpórea
Psicología
+100%-

El arte de Israel

Todo arte busca la perfección de la forma. 
De acuerdo a la Torá la forma es el resultado de cómo la realidad se reviste en nuestra voluntad, deseo y conciencia. 
El Rab Ashlag nos señala cuatro caminos por los que intelectualizamos nuestra percepción de la realidad. 
Ellos son : 

1) Substancia

2) Forma de la substancia

3) Forma abstracta

4) Esencia

1) Substancia

De acuerdo a lo expuesto por el R. Ashlag, el deseo de recibir es la substancia básica común a todos los seres. 
El deseo se manifiesta como consecuencia del tzimtzúm/el ocultamiento de la plenitud de la Luz Infinita, o sea, es lo que surge  a partir de la ausencia.
Este concepto se denomina en el lenguaje de la Kabalá: IESH MI AIN.  

IESH significa HAY – existente.  

MI significa DE. 

AIN significa NADA – inexistente. 

Nuestra tradición nos enseña que el Kadósh Barúj Hú “Forma Luz y Crea Obscuridad”. 
Este pasaje que aparece en el Sidur (orden de la tfilá/oración) nos indica que el acto de la Creación oculta la plenitud de la Luz (“Crea obscuridad”) y al mismo tiempo dentro de ese espacio obscuro que es la Creación, el Kadósh Barúj Hú le da forma a la Luz para que el hombre pueda recibirla (“Forma Luz”).
“Crea obscuridad” se refiere al concepto IESH MI AIN y “Forma Luz” a IESH MI IESH.

IESH MI AIN es el deseo, el espacio donde se desarrolla la Creación, que surge como consecuencia de la ausencia de la plenitud de la Luz.

IESH MI IESH es la Luz/Or que existe a partir de lo “existente”, lo original.

El deseo (como ya fue explicado en los capítulos anteriores) no tiene posibilidad de manifestarse en forma independiente antes de la Creación, es decir en el estado de Infinito. El deseo es lo nuevo que aparece con la Creación y es la substancia que mueve todos los procesos que se suceden tanto a nivel personal como colectivo. El deseo es la materia prima, la substancia que el hombre moldea a lo largo de su existencia.

2) Forma de la substancia 

El deseo tiene dos formas básicas :

a) deseo de recibir

b) deseo de dar

En el camino espiritual el hombre deberá transformar su deseo de recibir en deseo de dar para lograr superar su dependencia con respecto a los planos inferiores de la realidad. En cada momento y situación en que nos vemos enfrentados al deseo de recibir, la Torá y las mitzvót nos orientan canalizando nuestro deseo hacia el bien colectivo, hacia el altruismo, un deseo de dar con sabiduría.

3) Forma abstracta

La forma abstracta es la idealización, las cualidades desconectadas de la substancia, entre otros: el bien, la belleza, la verdad (y sus contrarios). 
La Sabiduría de la Torá sólo valoriza dichas cualidades cuando están revestidas en la substancia, en el deseo concreto de los hombres. En cambio, cuando separamos dichas cualidades de la situación en la cual se realizó, por ejemplo, un acto de bien, tomando el concepto de bien como algo en sí mismo, estamos abstrayendo dicha cualidad y corriendo el riesgo de generalizarla e idealizarla erróneamente. 
Todos coincidimos en lo importante que es la verdad, pero si nos vemos enfrentados a la situación de tener que mentir para salvar una vida, qué es más importante, la verdad o la vida? Según la Torá nada hay más importante que la vida.
Dicha verdad es una verdad parcial, y por lo tanto ya no es “verdadera” . El bien, la verdad, etc. para ser completos deben estar conectados con la vida en todos los estratos en los cuales la vida se manifiesta, es decir, en los ámbitos corporales, emocionales, mentales y espirituales, contemplándolos a todos ellos como diferentes aspectos de una misma realidad. Toda cualidad y/o situación es definida y valorizada solamente en relación al entorno en el cual se manifiesta. Por el contrario, cuando la aislamos de las condicionantes que la generaron corremos el riesgo de juzgarla en forma errónea (ejemplo de la verdad ya mencionado).

El funcionamiento de los órganos del cuerpo constituye un claro y visible ejemplo de cómo dichos conceptos actúan en la realidad. Cada órgano del cuerpo funciona correctamente sólo y en cuanto cumple su objetivo de servir al cuerpo. En cambio, si lo evalúo como un ente aislado sin tomar en cuenta su función en su entorno, no estaré observando esa realidad en forma completa, lo que pondrá en peligro a todo el sistema, es decir, al cuerpo al cual ese órgano pertenece.

De acuerdo a la Torá cada detalle de la vida es un componente insustituible de la realidad, por lo cual debe ser siempre evaluado en relación al Todo. 
Cada partícula que el Kadósh Barúj Hú creó tiene un lugar irreemplazable en la Creación, como un pequeño engranaje que en sí no parece importante pero que, cuando no está en su justo lugar, todo el mecanismo queda paralizado, afectado.Es por ello que los judíos decimos todos los días Shemá Israel Hashem Elokeinu Hashem Ejad [Ver Cuatro prácticas ancestrales], ya que todos los detalles de la aparente multiplicidad que nos rodea, si son empleados correctamente, constituyen instrumentos insustituibles que logran armonizar la realidad y la vida.

Observamos cómo la forma abstracta no es una forma de conocimiento valedero, ya que nos lleva a evaluar la realidad en forma parcial, corriendo el riesgo de caer en sistemas que llegan a valorizar más la “verdad abstracta” que la propia vida. A partir de dicha concepción se desemboca en sistemas que limitan el libre albedrío y destruyen todo lo que se interponga en su camino, en nombre de la “verdad abstracta” ideal.

4) Esencia

De la esencia no tenemos aprehensión ni percepción en absoluto. Los cinco sentidos humanos sumados a lo máximo que nuestra imaginación pueda transmitirnos es, en el mejor de los casos, la manifestación del efecto de las actividades de la esencia, pero nada pueden ofrecernos acerca de la esencia en sí misma. Nuestros cinco sentidos, emociones y pensamientos nos transmiten luz, calor, sonido, ideas, etc. hasta donde su alcance les permite, pero más allá de este ámbito hay otros aspectos de la realidad. 
La esencia en sí misma es incognoscible, ya que la esencia de toda la realidad es la misma, es UNA y UNICA.

Ejemplo:
Cuando nos referimos a nuestro semejante, lo hacemos de acuerdo a la forma en que conocemos a dicha persona: es mi amigo, mi doctor, mi padre, etc. Cada uno de estos términos es una forma en la cual conocemos a esa persona, aunque dicho individuo es todo eso y mucho más. Del mismo modo, la esencia está por encima de todos los nombres que le adjudiquemos, ya que la esencia es ilimitada y cuando la nombramos estamos poniendo límites a nuestra percepción. A pesar de ello los límites representan la única forma de conocimiento, ya que en lo infinito mi percepción se diluye y no logro asir la realidad. Cuando un arquitecto se propone construir un edificio, establece primeramente los límites y luego, dentro de ellos, desarrolla su proyecto. Una ciudad comienza por una casa, luego otra y otra, hasta construirla completamente.

El objetivo del Kadósh Barúj Hú es dar y beneficiar en forma infinita y para ello limitó la plenitud de Su Luz / tzimtzúm ante nosotros.
La Creación es el gran proyecto en el cual el hombre debe transformar su deseo de recibir en deseo de dar. Como todo plan, comienza en un punto para luego expandirse a toda la realidad.

Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top