HALEL
Educación
La estructura incorpórea
+100%-

Discernimiento activo

Es necesario reforzar un sistema educativo que incentive la imaginación creativa en relación a objetivos posibles y necesarios sin limitar la creatividad y el des-cubrimiento, pero siempre basados en desarrollar el altruismo.
Es imprescindible orientar al individuo y a la sociedad hacia el compromiso en la resolución de la problemática presente en pos del objetivo futuro.

La auténtica educación judía debe forjar en el hombre instrumentos de discernimiento que le permitan captar la realidad en base a parámetros objetivos.
Por ello la Torá nos transmite principios concretos: las mitzvót, que al ser realizadas concientemente, logran activar todas las potencialidades del hombre expandiendo permanentemente su visión de la realidad.

Cuanto mayor es la voluntad y por lo tanto la automotivación y emuná, más clara será la comprensión del objetivo implícito en la Creación. En cambio, al haber menos voluntad y perseverancia surgen la inseguridad y la dependencia.

El intelecto es el instrumento y la mente es el espacio donde el hombre puede discernir concientemente las consecuencias de la concretización de sus deseos. Para que ello suceda debemos previamente educarnos en base a parámetros objetivos que nos orienten en la dirección correcta: en pos del bien colectivo.

El estudio ocupa un lugar insustituible como medio para que el hombre agudice cada vez más su discernimiento, pues de lo contrario corremos el riesgo de hacer del conocimiento un fin en sí mismo: saber por saber.

El estudio debe llevar a la comprensión y ésta a la práctica transformando así la actitud humana, en forma tal que tomemos conciencia de nuestras acciones, y si éstas conducen al bien colectivo.
Sólo entonces podremos prevenir que surja el egoísmo, consecuencia de la autojustificación y la percepción subjetiva de la realidad.
Todos anhelamos ser felices, ese es en última instancia el objetivo de todo ser humano normal. La felicidad es el resultado de la armonía entre las partes, dado que cada individuo necesita de su prójimo y de la sociedad para ser feliz. En un mundo carente toda felicidad será temporal. La carencia indica que hay injusticia, lo cual hará surgir el mal y la felicidad quedará opacada. Por ello, y solamente, cuando cada individuo canaliza su energía en pos del bien colectivo, surge la felicidad.
Hacer hincapié en transformar el egoísmo en altruismo es el objetivo central de la educación judía, ya que el egoísmo nos hace perder objetividad al alejarnos de nuestra verdadera esencia.
De este modo el hombre educa su voluntad y aprende a identificar el bien y elegir por sí mismo.
Entonces logramos expandir y armonizar gradualmente nuestros limitados deseos con la voluntad del Kadósh Barúj Hú siendo ésta, en última instancia, nuestra verdadera y máxima aspiración e identidad.

La Torá, a través de sus Sabios, nos enseña cuál es el modo de aprehender la Sabiduría, pero será cada individuo de acuerdo a sus características espirituales quien des-cubra “su forma” de lograrlo. Decimos “su forma”, ya que cada individuo tiene una función irreemplazable en el logro de la armonía y cuando la alcanza se completa una nueva parte del gran “puzzle universal”.

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