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La Armonia Universal
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Desde el principio libres

La Torá comienza con el libro denominado Génesis /Bereshit. Este nombre proviene de su palabra inicial, ya que Bereshit significa: En el principio – Con el principio – Desde el principio, etc. Esto nos señala que hay una finalidad, un plan, y como a todo plan se lo comprende en la medida en que lo estudiemos y lo interioricemos. ” En el principio creó Elokim los cielos y la tierra…”, lo superior y lo inferior, el altruismo y deseo de ayudar y beneficiar, y el deseo de recibir. En el lenguaje de la Kabalá, ratzón lehashpía (deseo de dar … ) y ratzón
lekabel
( deseo de recibir … ).

Es así que desde el principio se crea la posibilidad de elección, de libre albedrío, que conforma el espacio espiritual donde actúan los pensamientos y las emociones que dan forma la voluntad y los deseos del hombre.

En este espacio espiritual es donde la Neshamá decide por sí misma el camino de retorno a su origen; este proceso es generado por el deseo y la voluntad de la Neshamá de retornar a su raíz y causa, el Infinito / Ein – Sof. Este retorno es factible a través de dos caminos: El camino de la conciencia, simbolizado por el Arbol de las vidas edénico o el camino del sufrimiento simbolizado por el Arbol del conocimiento del bien y del mal.

El Arbol de las vidas es la fuente de la sabiduría y el Arbol del bien y del mal es la fuente de la experiencia concreta. Cuando el hombre actúa de acuerdo al Arbol de las vidas adquiere la sabiduría para evitar su propio sufrimiento y el de sus semejantes, es decir aprende a discernir entre el bien y el mal transformándose así en “socio activo del programa de la Creación”.

Cuando el individuo y la sociedad basan conciente o inconcientemente sus vidas en parámetros que conducen a justificar el egoísmo, surge la decadencia y finalmente el sufrimiento.

El camino del sufrimiento es el “camino corto que resulta largo” ya que aparentemente la satisfacción presente todo lo resuelve, pero finalmente se desemboca en la infelicidad individual y colectiva. Es el resultado de los sistemas espirituales, sociales y educativos basados en la mera acumulación de información, o en el falso discernimiento en pos de objetivos ficticios, los cuales desvían la atención del hombre de la verdadera raíz de todo conflicto: el egoísmo.

El camino del sufrimiento está signado por una búsqueda permanente en el plano material-sensorial como un fin en sí mismo, el cual desemboca en sociedades insatisfechas que procuran permanentemente “nuevas experiencias”. En dichas sociedades las personas son educadas casi exclusivamente a encontrar satisfacción en la realidad material-sensorial, olvidando el desarrollo espiritual que les brinde el componente para poder armonizar todos los ámbitos de sus vidas: el altruismo.

En el judaísmo el hombre se desenvuelve de acuerdo a acciones concretas (mitzvót), y no acorde a pensamientos y/o sentimientos pasajeros (ratzón lekabel). Cuando deseo algo del mundo debo saber cómo acercarme a ello. Si lo hago en forma automática, sin pensar en las consecuencias que a partir de ello surjan, será meramente un deseo egoísta de recibir, lo cual a corto o largo plazo desembocará en el sufrimiento propio y de nuestros semejantes. En cambio, si me relaciono con el mundo respetando la ecología espiritual codificada en la Torá, significa que no sólo pienso y actúo según mis deseos, sino que también contemplo a los otros seres y a la totalidad de la vida.

Debemos comprender las leyes y los principios generales que gobiernan la Creación, o sea, las 613 mitzvót que relacionan al hombre con su semejante y con el Kadósh Barúj Hú. Al aplicarlos, lograremos equilibrar nuestros intereses y objetivos particulares con el objetivo general que abarca a todos los seres y a todos los aspectos de la vida. Lo general y lo particular obedecen a las mismas causas, por lo tanto al entender lo general comprenderemos mejor lo particular, es decir el sentido de cada uno de los detalles que conforman la realidad y cuál es nuestro lugar y función dentro de la Creación y la vida.

La base del sufrimiento humano es consecuencia directa del desequilibrio entre lo particular y lo general. El equilibrio se logrará cuando las voluntades individuales estén en armonía con las leyes y los principios que rigen la vida en todos los planos, lo cual ha de beneficiar a todos los seres por igual.

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