HALEL
De la teoría a la práctica
El camino del hombre
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Cuatro Prácticas Ancestrales III

« El hombre no debe anular el aspecto material sino orientarlo hacia el bien colectivo »

Mediante los tfilín el hombre puede armonizar el corazón con la mente y así comprender las leyes de la Creación. La sangre, el corazón y la mente constituyen el medio de manifestación del Néfesh, el Rúaj y la Neshamá respectivamente.

NEFESH

“. . . porque la sangre es el NEFESH . . . ”
Deuteronomio 12:23

“…Sin conocimiento el NEFESH no es bueno . . .”
Proverbios 19:2

RUAJ

El corazón del sabio a su derecha y el corazón del necio a su izquierda.
Eclesiastés 10:2

” . . . para revivir el RUAJ de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados . . .”
Isaías 57:15

NESHAMA

“…Pero hay un RUAJ en el hombre y la NESHAMA de SHAKAI [*] le da comprensión..”
Job 32:8

“…Lámpara de IHVH es la NESHAMA del hombre…”
Proverbios 20:27

Estos tres estratos del alma deben vibrar en concomitancia con la Voluntad Superior (Jaiá). De esta forma nuestros actos, sentimientos y pensamientos se armonizan con las Leyes Superiores encontrando así plenitud y armonía.
Los tfilín se colocan uno en el brazo izquierdo sobre el biceps a la altura del corazón y otro en la cabeza.
La tfilá [**] que se pone en el brazo izquierdo posee una correa de cuero que debe dar siete vueltas presionándolo.

Dicha acción nos enseña que debemos limitar el deseo de recibir instintivo del Néfesh (presión sobre la circulación sanguínea) y sobre nuestras emociones negativas, Rúaj negativo (lado izquierdo).

La tfilá de la cabeza nos indica que debemos unir las emociones positivas, Rúaj positivo (brazo derecho) al pensamiento, para así “despertar” nuestra Neshamá.
Dentro de la tfilá de la cabeza hay 4 compartimentos que contienen los siguientes versículos de la Torá:

1) “Conságrame todo primogénito . . . “ Éxodo 13:2

2) “Y cuando te haya conducido IHVH a la Tierra de los cananeos . . . “ Éxodo 13:11

3) “Escucha y Oye Israel IHVH ELOKEINU IHVH es UNO . . .” Deuteronomio 6:4

4) “Y si oyeres atentanente Mis mitzvót . . . “ Deuteronomio 11:13

Cada compartimento con su respectivo versículo relaciona nuestro trabajo espiritual con los 4 mundos: Asiá, Ietzirá, Briá, Atzilút.

1) Asiá
“Conságrame todo primógenito . . . ”

El primogénito es el deseo de recibir, ya que es el primero en manifestarse. Cuando logramos consagrarlo al trabajo espiritual iluminamos el mundo de la Acción / olam Asiá. Dicha Luz/Or es el primer grado del alma /Néfesh.

2) Ietzirá
” Y cuando te haya conducido IHVH a la Tierra de los cananeos . . .”

La Tierra de Cnáan es la futura Tierra de Israel /Eretz Israel.
El vocablo Cnáan proviene de la raíz cuyo significado es doblegar, derrotar, vencer.
El término tierra nos indica la voluntad y el deseo (trabajamos la tierra para que nos dé su fruto).
En la Tierra de Cnáan vivían 7 naciones (Deuteronomio 7:1) que el pueblo de Israel tuvo que doblegar para transformarla en la Tierra de Israel.
Las 7 naciones representan 7 medidas de ratzón lekabel, las cuales impiden que nuestro altruismo – atributo de Israel – se manifieste.
Las 7 influencias astrales (Sol, Mercurio, Venus, Luna, Marte, Saturno y Júpiter), los 7 días semanales, los 7 orificios de la cabeza (2 ojos, 2 oídos, 2 fosas nasales y boca), conforman el espacio a través del cual estas 7 naciones pueden manifestarse anulando así nuestra recepción y transmisión del Or Ein-Sof/plenitud de la Luz Infinita, deseo de dar / ratzón lehashpía.

En cada día de nuestra vida estamos expuestos a diferentes impresiones mentales, emocionales, visuales, auditivas, etc. que inciden poderosamente sobre nuestro ratzón lekabel/ deseo de recibir. Nos alimentamos, casi permanentemente, de todo tipo de información que trasciende nuestro discernimiento. La mitzvá de tfilín, al igual que todas las mitzvót realizadas con intención y conciencia y no en forma mecánica, nos ayudan a discernir entre los diferentes aspectos que se nos presentan en la vida.
A partir de allí podremos comenzar el trabajo de doblegar a estos 7 pueblos del ratzón lekabel que habitan en nuestro interior. Cuando trabajamos con entrega y verdadera emuná doblegando a “nuestros pueblos interiores”, tendencias egoístas, llegamos a la trascendencia de las influencias temporales, emocionalidad fluctuante y astral venciendo así nuestra percepción egoísta de la realidad y la vida.

Abraham Avinu representa dicha fuerza de entrega, la voluntad constante que a través de su vida nos muestra cómo trascender las influencias pasajeras, las emociones negativas y astrales para así acercarnos a nuestro semejante y al Kadósh Barúj Hú.
Abraham Avinu era un gran astrólogo quien creía que toda la realidad está regida por influencias astrales. Como consecuencia de su búsqueda de lo completo, logró sobreponerse a dicho ámbito y percibir una Realidad Superior constante, entendiendo así que hay una armonía que está por encima de la aparente multiplicidad de la Creación: el Kadósh Barúj Hú.

Lo que alcanzó Abraham Avinu como individuo, Moshé Rabeinu comenzó a ponerlo en práctica con todo un pueblo, siendo hoy en día nosotros los continuadores de este gran legado de la Torá y las Mitzvót, a través del cual podemos transformar nuestras vidas y ayudar a quienes nos rodean.
El estudio de la Torá en todos sus estratos y la aplicación de las mitzvót, nos proporcionan las herramientas que ayudan a fortalecer nuestra emuná, trascendiendo así la dependencia con respecto a los estados perecederos.
De este modo arribamos al nivel en donde el tiempo no es más que una coordenada, a través de la cual nuestra voluntad se expande para poder concretizar la mitzvá fundamental de la Torá: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

El verdadero amor no depende de estados de ánimo ni de sentimientos pasajeros, sino que es constante y está basado en objetivos altruistas.

3) Briá

SHEMA ISRAEL IHVH ELOKEINU IHVH EJAD
Escucha y Oye Israel IHVH ELOKEINU IHVH es UNO.

SHEMA – Oye, el oído no cesa de oír, es decir que la audición se encuentra más allá de nuestra voluntad. El acto de oír se halla fuera de mi control.
El libre albedrío reside en qué es lo que oigo.
El sentido del oído se relaciona con la sefirá Biná, que representa al mundo de la Creación/ Briá y al tercer nivel del alma denominado Neshamá. El acto de oír dirige nuestra conciencia hacia nuestro interior, es decir que el hombre debe encontrar en lo más profundo de sí mismo la verdadera naturaleza del deseo de su alma.

ISRAEL: es la voluntad del alma de retornar a su fuente, el Infinito/ Ein-Sof.

IHVH: es la Realidad y Voluntad Superior que está en equilibrio con las leyes de la Creación.

YO SOY IHVH ... Deuteronomio 5:6 Primer postulado del Decálogo.

ELOKEINU: es la Voluntad Superior (IHVH) manifestándose en los planos inferiores.
YO SOY IHVH TU ELOKIM Deuteronomio 5:6
Los diferentes nombres (ELOKIM, IHVH, etc.) que se mencionan en la Torá nos revelan los diversos aspectos de la voluntad y leyes que rigen la vida.
El nombre ELOKIM designa la forma en que la Luz Superior se reviste en las leyes de la naturaleza [***].
Cuando la Torá nos relata acerca de la Creación del hombre (libro Bereshit) utiliza el nombre IHVH sólo cuando el hombre recibe su Neshamá de vidas Génesis 2 :7. Hasta ese momento (en el comienzo del relato) se hace mención de la Voluntad Superior bajo el nombre de ELOKIM.
El nombre IHVH le da al hombre conciencia de sí mismo, de su verdadera naturaleza espiritual y altruista y del libre albedrío para elegir entre el bien y el mal, entre ratzón lehashpía y ratzón lekabel (ver “Las rotaciones del Alma”).

EJAD: Uno, nos indica que lo Superior y Su manifestación son Uno.

El SHEMA ISRAEL es parte del entrenamiento judío, nuestra emuná.
El objetivo del SHEMA como todas las mitzvót, consiste en llevar nuestra voluntad, deseo y conciencia a la unidad primigenia, al estado de Infinito/ Ein-Sof. Es así que tenemos la posibilidad de unificar nuestra realidad limitada y trascender el mundo sensorial tanto en nuestra mente como también en nuestro corazón y en nuestra vida. La puesta en práctica de esta mitzvá, como el resto de la tefilá, debe envolver todo nuestro ser y activar lo más profundo de nosotros al unificarnos con la Luz Infinita.

La tfilá es el momento en el cual trascendemos el tiempo y el espacio y debe ser lo suficientemente intensa para que logremos trascender la realidad sensorial y fusionarnos con el corazón, la mente y todo nuestro ser en la LUZ.

4) ATZILUT
“Y si oyeres escuchando atentamente Mis mitzvót . . . ”

El conocimiento interior de la Torá, la Kabalá, y la aplicación intencional de las mitzvót nos orientan hacia la percepción conciente de nuestros actos. Cuando logramos trascender las barreras mentales y emocionales actuando en pos del bien colectivo, accedemos a un nuevo plano de la realidad, olám Aztilút. Dicho plano es el reino de la voluntad altruista donde todo es deseo de bien, deseamos recibir pero para compartir.
El nivel del alma denominado Jaiá es el Or/Luz del olám Atzilút. Cuando el hombre logra el nivel del olám Atzilút, su deseo y voluntad consiguen unificarse con la plenitud de la Luz. El vocablo Jaiá proviene del verbo revivir, vivificar, ya que quien trasciende el ámbito egoísta del deseo de recibir – ratzón lekabel transformándolo en deseo de dar – ratzón lehashpía “revive” y puede “vivificar” a sus semejantes.

Los 4 versículos que en la tefilá de la cabeza están divididos en 4 compartimentos se encuentran todos juntos en la tefilá del brazo a la altura del corazón. Esto nos señala que no es suficiente con entender la realidad y la vida en el plano mental, sino que debemos incluir en nuestro corazón estos cuatro planos. Tal como fue explicado en el capítulo”Atzmút, Ein- Sof, Neshamá”, la merkabá / carroza, que dirige nuestra voluntad y deseos a su origen, el Infinito / Ein-Sof, se encuentra en nuestro corazón y es en última instancia en el corazón donde se definen nuestros objetivos.

” Y les daré corazón para que Me conozcan . . . ”
Jeremías 24:7

Mediante el shabat el hombre se libera del espacio, el materialismo y la periodicidad mecanicista del tiempo.
La dependencia hacia el mundo material limita la manifestación de las cualidades espirituales del hombre.
El hombre no debe anular el aspecto material sino orientarlo hacia el bien colectivo, y de esa forma lo espiritualiza devolviéndolo a su fuente, el Infinito.
Shabat es el cese de la actividad creadora, la finalidad de todo movimiento y actividad. Solamente es posible crear a través de la autolimitación. El arquitecto que desea construir limita el terreno en el cual va a realizar su edificación. El escritor se limita a determinado tema para desarrollar su libro. El estudiante se limita a su estudio, sus libros, para graduarse. La meta del Creador es beneficiar a las creaturas. Para poder dar, se autolimita (tzimtzúm) con el propósito de que las creaturas reciban gradualmente SU plenitud.
El hombre no puede relacionarse con lo Infinito sino que, a través de los límites que se autoimpone, logra aprehender en forma gradual la realidad. Una mujer o un hombre no puede “poseer” a todos los hombres o a “todas” las mujeres. El hombre que “tiene” a todas las mujeres en realidad no “tiene” ninguna. En cambio quien encuentra completitud junto a su mujer, su familia, logra todo, tiene lo Infinito.

El Shabat es el objetivo de todo el movimiento, cambios y deseos. Cada acto del hombre debe estar dirigido al Shabat, es decir a la finalidad de plenitud en todos los aspectos.
El Shabat es un micro-ciclo dentro del gran ciclo que es la Creación. El Shabat nos da la posibilidad de liberarnos de la dependencia del mundo material, semana tras semana (ver “Shulján Aruj“, Shabat). El Shabat es la “puerta” que nos conduce al Infinito, a la trascendencia del tiempo y el espacio, es el centro en torno al cual gira toda la realidad.

Mediante el estudio de la Torá, que son las leyes que rigen los diferentes planos de la Creación, el hombre libera su mente de la especulación en el vacío.
En el judaísmo, el estudio no es un fin en sí mismo sino un medio para llegar a la Voluntad Superior, el deseo de dar y beneficiar al prójimo.

La Torá le da al pensamiento el espacio donde expandirse y la medida de la realidad.
El judaísmo busca a través del estudio, “elevar” al hombre a la Luz Infinita. La Luz es la realidad en sí misma, en tanto que la obscuridad, ausencia de la Luz, es un espejismo, una ilusión. La realidad, la plenitud de la Luz, no depende de la especulación mental, por lo tanto no debemos luchar contra la obscuridad, alcanza con encender la Luz en nuestros actos mediante las mitzvót.
La Sabiduría de Israel, a través del estudio de la Torá y la aplicación de las mitzvót, nos enseña a adaptar los estratos inferiores del deseo a la realidad objetiva superior codificada en la Torá. Así obtenemos la fuerza y energía para trascender los instintos y deseos temporales limitados a la realidad material.

Moshé Rabeinu “asciende” a través del Monte Sinaí para fusionarse con su Creador siendo Uno con la Luz Infinita y luego “desciende” a la realidad cotidiana para hacer partícipe al pueblo de la realidad Infinita.

Moshé Rabeinu es el modelo que pretende desarrollar el judaísmo, el Tzadík [****], el hombre cuyos deseos, voluntad y objetivos se concentran en lograr el bien infinito en todos los ámbitos de la vida y la realidad.

Como nos lo transmitió el Rab Ashlag:

El saber nos es el objetivo del estudio, sino un medio para llegar a la Voluntad Superior, a la voluntad y deseo de dar y beneficiar – ratzón lehashpía en el corazón del hombre. Eso es lo que mide el nivel espiritual del hombre.
Eso es todo el hombre.

[*] El nombre SHAKAI designa la sefirá Iesód
[**]Tfilá: singular de tfilín. Tfilá es también el trabajo espiritual interior (oración – plegaria) el cual nos ayuda a transformar el ratzón lekabel en ratzón lehashpía.
[***] El nombre ELOKIM posee el mismo valor numérico que la naturaleza
[****] Tzadík – Justo. De acuerdo al Judaísmo, tzadík es el hombre para quien el deseo de su prójimo es como el suyo propio, de esa forma se transforma en “socio activo del programa de la Creación” el cual consiste en beneficiar a todas las creaturas en forma infinita. Tzadík es quien hace la acción justa en el momento justo.

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