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Al contemplar el mundo atentamente,
vemos que la existencia de la raza humana depende de la caridad y los actos
de misericordia. No hay una persona viviente que no requiera la ayuda de otros
en algún momento de su vida. La asistencia puede ser ayuda para encontrar
trabajo, aprender un oficio, o establecer un negocio del que uno pueda mantenerse,
o puede significar un préstamo monetario, lo que se aplica tanto a ricos
como a pobres, porque incluso una persona rica puede cada tanto estar necesitado
de fondos. Este es el precepto de "Y tú lo ayudarás... para
que tu hermano pueda vivir (es decir sobrevivir) contigo" (Levítico
25:35-36).
En algún momento
casi toda persona necesita la ayuda de su vecino. Algunas veces la persona puede
hacer un acto de bondad con su mera presencia, como ser asistir a una fiesta
de su vecino [tal como asistir a una boda aumentando con su presencia la alegría
de los recién casados, observando así el precepto de alegrar a
los novios], o cuando uno está atribulado o triste y necesita alguien
con quien conversar, alguien que lo consuele. [El precepto de consolar al doliente,
o de distraer a quien sufre pertenecen a esta categoría]. Es especialmente
importante ayudar a aliviar a una persona de sus preocupaciones y ansiedad,
para que no enferme físicamente como resultado de su situación.
Una persona que está de viaje con equipaje pesado necesitará ayuda
para cargarlo. [Al ayudarlo cumplimos con el precepto de cargar y descargar].
Cuando una persona hospeda a un visitante, debe tratarlo con el grado de respeto
adecuado al honor de dicho invitado. [Este es el precepto de hospitalidad, aplicable
no solamente a la invitación de gente pobre]. Cuando una persona está
enferma, otros deberían visitarlo y ocuparse de suplir sus necesidades.
Puede ser incluso que conozcan algún remedio que alivie su malestar o
cure su enfermedad. Y si llega el momento en que una persona debe dejar este
mundo y devolver el alma al Creador, es evidente que el difunto necesita de
otros que preparen su cuerpo para el viaje final y se hagan cargo de darle un
funeral decente. Este es jesed shel emet, un acto de "bondad genuina",
ya que quien lo hace no espera nada a cambio [ya que el difunto no está
en posición de reciprocar].
Todo esto nos muestra que
el mundo no duraría sin misericordia. Por lo tanto, la Torá la
menciona repetidamente y exalta la virtud de los actos de misericordia y caridad,
de modo que las personas se refuercen en ese área y busquen maneras de
ayudar a sus correligionarios. A esto también se refiere la frase de
los sabios: el mundo se basa en tres cosas: Torá, servicio [a Dios] y
actos de misericordia. (Ahavat Jesed, cap.2)
De la misma manera que un
hombre reserva tiempo para estudiar la Torá a diario, debe también
asegurarse que cada día hace por lo menos un acto de misericordia. Encontré
esta idea escrita en el libro Shaar Hakedusha (El portal a la santidad)
del Rabí Jaim Vital, quien escribió que uno debe sentir remordimiento
y reprocharse a diario sus defectos, diciendo "¡Ay de mí,
que todo el día ha transcurrido sin Torá ni actos de misericordia!"
Los sabios nos dicen que las fuerzas de santidad se apoyan en tres pilares:
Torá, Servicio Divino y actos de misericordia. Lamentablemente, a causa
de nuestras transgresiones, actualmente carecemos del segundo pilar, Servicio
Divino, ya que éste se refiere primariamente al servicio en el Santo
Templo que ya no podemos llevarlo a cabo. Al tener sólo dos pilares debemos
reforzarlos en lo posible y tener esperanza que como resultado de nuestro esfuerzo
nuestras transgresiones sean perdonadas, como está escrito: "mediante
bondad y verdad [es decir estudio de la Torá] la iniquidad será
perdonada" (Proverbios 16:6).
La idea que hacer actos
de misericordia tiene el poder de expiar por nuestras transgresiones es ilustrada
en una respuesta dada por Rabí Iojanán ben Zakai a Rabí
Iehoshua ben Janania que después de pasar cerca del monte del Templo
se lamentó diciendo: "¡Ay de nosotros, porque el lugar en
el que podíamos expiar nuestras transgresiones está en ruinas!"
La respuesta de Rabí Iojanán ben Zakai fue: "No desesperes,
hijo mío. Aún poseemos una manera de expiar nuestras transgresiones,
que equivale a ese lugar. ¿Sabes cuál es? Es hacer actos de misericordia,
como está escrito: "Porque quiero bondad, no sacrificio..."
(Oseas 6:6).
Vemos que los actos de misericordia
tienen la capacidad de expiar nuestras transgresiones de la misma manera que
la ofrenda de los sacrificios en el Santo Templo expiaba la culpa del trasgresor.
Por lo tanto, así como el altar del Creador estaba en uso constantemente,
ofrendando sacrificios que no cesaban ni por un día, nosotros debemos
buscar constantemente oportunidades de hacer buenas acciones a diario.
Lamentablemente, hoy carecemos de Santuario y los transgresiones cunden. Debemos
empeñarnos en aumentar el rasgo de misericordia con el fin de expiar
por nuestras múltiples transgresiones. Incluso cuando el Santo Templo
estaba en pie [y era posible expiar iniquidad con ofrendas], también
era necesario practicar las virtudes de bondad y misericordia todos los días
de la vida, como está claramente escrito en al Torá: "Porque
si guardáis diligentemente todos estos preceptos que os prescribo para
que los cumpláis y si amáis a El Eterno, vuestro Dios, caminando
en todos sus caminos y siguiéndole a Él" (Deuteronomio 11:22).
Según el Sifri la frase "caminando en Sus caminos" significa
que deberíamos emular las virtudes de El Eterno, que son totalmente buenas.
El santo Zohar dice que
los días que una persona vive en esta tierra duran para siempre. Esto
significa que cada día es creada una entidad espiritual y sagrada. Cuando
llega el momento en que el individuo deja esta tierra, todos sus días
van con él para atestiguar ante el Señor del mundo. Por lo tanto
uno debería ser cauteloso y procurar que sus días sean perfectos
y santos mediante el estudio de la Torá y las acciones de misericordia.
Perfección y santidad pueden ser alcanzadas estudiando diariamente la
Torá, que infunde en la persona un profundo amor a Dios y difunde la
observancia práctica de los preceptos estudiados, como dicen los sabios:
"Grande es el estudio de la Torá que lleva a la observancia de los
preceptos".
Uno debería esforzarse
enormemente en emular las virtudes del Creador, porque al hacerlo se ganará
el mérito y honor de que Dios lo mire en forma favorable, como dice el
profeta: "Ofrece tu alma al hambriento y consuela el alma afligida; entonces
tu luz brillará hasta en la oscuridad... y satisface tu alma en tiempos
de sequía..." (Isaías 58:10-11).
En diversas partes del Talmud los sabios mencionan que una persona debería
dedicarse constantemente a hacer actos de misericordia. Dicen: "Una persona
que está dedicada a la Torá y a actos de misericordia" como
lo opuesto a "Una persona que estaba dedicada a la Torá y a actos
de misericordia"; haciendo hincapié en "una persona que está
dedicada", lo que denota una acción continua y regular en el presente,
para mostrar que una persona debe estar siempre en el proceso de estudiar Torá
y hacer actos de misericordia, acostumbrándose a esta práctica.
Esto está ilustrado en el Talmud, en Bava Batra (10) donde está
escrito: "Quien está acostumbrado a la práctica de la caridad..."
El Talmud cita entonces este versículo: "Quien busca caridad y misericordia...",
que podemos leer como "quien constantemente busca esta caridad y misericordia".
He analizado este tema en
particular en forma extensiva con el fin de disipar la creencia errónea,
común y difundida según la que una vez que una persona ha hecho
una bondad hacia un correligionario, incluso si dicha persona es capaz de hacer
muchas más buenas acciones para beneficio de los demás, siente
que ha cumplido con su cuota, por así decirlo, durante un período
de tiempo. La verdad es que cada día de nuestras vidas, siempre que tengamos
la oportunidad de hacer un acto de misericordia debemos hacerlo, incluso si
sucede varias veces al día.
Cuando reflexionamos acerca
de los años transcurridos, comprobamos que muchos de ellos carecen de
esta virtud y a veces carecen asimismo de Torá. Por lo tanto se debería
hacer un gran esfuerzo con el propósito de santificar los días
de vida restantes, no permitiendo que transcurra ni un solo día sin estudiar
Torá y sin hacer actos de misericordia. (Ahavat Jesed, cap.12)