Las velas
de Jánuca deben ser encendidas antes de las velas del
Shabat, pero si, inadvertidamente, uno enciende las velas del
Shabat primero, no es necesario encender las velas de Jánuca
después.
El
Dreidel
Existen
mundos Arriba y existen mundos abajo. Está el Cielo -
está el infierno. Todo aquí, en el planeta Tierra.
De la misma manera, hay dos caminos para superar la separación
entre ambos: o bien tú te elevas hacia Arriba o bien
haces que lo de Arriba descienda.
Para elevarte
hacia los ámbitos superiores debes santificarte y estar
preparado. Debes hacerte digno de entrar en esos mundos y elevarte
a través de la meditación.
Esta es
la tarea espiritual del Shabat, cuando cesamos todo trabajo
mundano. Este dejar de actuar y de pensar nos permite santificarnos
y estar preparados. La elevación está simbolizada
por las velas del Shabat, que se levantan encendidas hacia el
Cielo. Mediante esto elevamos el mundo entero y lo devolvemos
a su Fuente, llevándolo hacia el Cielo. El Shabat así
conmemora el Éxodo de Egipto, que tuvo lugar por sobre
el marco de las leyes de la naturaleza.
En contraste,
para atraer a Dios hacia los mundos inferiores y revelar aquí
Su Presencia, no necesitas prepararte de la misma manera como
cuando debes ir Arriba. No necesitas abandonar tus tareas mundanas.
Sólo debes comprender que Dios está en ellas.
No necesitas buscar la Luz Arriba, sino percibirla aquí,
delante tuyo.
Revelar
a Dios en el mundo material es el trabajo espiritual de Jánuca.
Encendemos sus velas para "traer a Dios abajo", para
revelarLo en nuestros mundos inferiores. Encendemos las velas
cerca del suelo, simbolizando que Dios se está revelando
en los niveles inferiores. Así, en Jánuca se permite
trabajar, dado que los milagros se produjeron dentro del marco
de las leyes naturales.
Por tanto,
luego de encender las velas del Shabat, no necesitamos encender
entonces las velas de Jánuca (Mekor Jaim 678-79; Mishná
Jasidim, Masejet Kislev III:3; Maguid de Koznitz, final del
comentario sobre Rav Shamai). Ya has elevado todos los mundos
y los has unificado con su Fuente. No hay más mundos
inferiores en los cuales revelar la Fuente. Ya te has vuelto
Uno con Dios Arriba y no hay más necesidad de revelarLo
como la Fuente.
Sin embargo,
en un nivel más profundo, estos dos tipos de velas son
uno: las luces de Jánuca y las luces del Shabat (carta
impresa al final del Likutey Halajot, Oraj Jaim, vol.
I). Dios está por igual en todos lados - Él puede
ser encontrado tanto en el Cielo como en el infierno. Él
está allí, en el deleite de tu experiencia de
devekut, y es Él quien te mantiene a través
de los tormentos del infierno. Con sólo abrir tus ojos
puedes encontrarLo en todas partes, si abres tu corazón
a Su Presencia. Él puede ser hallado en todas partes,
si comprendes que no hay absolutamente ningún lugar vacío
de Su Presencia.
La experiencia
del Cielo y del infierno son de hecho dos lados de una misma
moneda. Sin la experiencia del más profundo sufrimiento,
nunca conocerás la verdadera felicidad. Sufrimiento y
deleite deben así alternarse, pues giran alrededor del
mismo eje. Ambos nos son dados para permitirnos experimentar
el que ambos son diferentes aspectos del Uno.
Este es
el secreto del dreidel de Jánuca, el símbolo
de que todas las cosas son Uno. Los mundos están representados
por los lados del dreidel, que giran alrededor de un
mismo eje. En un momento de la vida puedes encontrarte en los
mundos superiores, sólo para caer más tarde a
los inferiores. Pero siempre debes recordar que es sólo
tu percepción la que te distancia de Dios; no estás
más lejos de Dios que tu propia percepción (Sabiduría
y Enseñanzas del Rabí Najmán de Breslov
40).
Enciende
tus velas de Jánuca; elévate con sus llamas hacia
Dios. Medita sobre el hecho de que esas llamas son parte de
la Unidad...