(extraído
de "Relatos Jasídicos", © Edit. Benei
Sholem)
El
motzaei Shabat (finalizacion del Shabat) antes de Rosh
Hashaná, Iosef y su hermano menor David, fueron con
el padre a la sinagoga para el servicio de Slijot (plegarias
antes de Rosh Hashaná).
Era la primera vez que David iba a la sinagoga tan tarde pues
era pasada la medianoche. Había dormido por la tarde
y pudo así convencer a su madre para que lo dejara ir.
David
era aún muy pequeño para hacer Tefilá
(rezar) pero sabía que "Slijot"
significaba "perdon" y que todos estaban alli reunidos
para pedirle perdón a D´s.
Se paró cerca de su padre y lo observó; jamás
había visto en su padre, esa mirada tan seria, especialmente
cuando decía cierta oración, mientras con la cabeza
gacha golpeaba el corazón la mano derecha.
Al
terminar las oraciones David le preguntó a su hermano
mayor sobre ello.
Abriendo el Sidur (libro de oraciones) le dijo:-¿Ves?
Esta Tefilá es de confesión.
¿Qué es confesión, Iosi?
Bueno, cuando haces algo malo y dices: "Lo siento, hice
tal y tal cosa", eso es confesión.
¿Y qué dice en esta Tefilá?
Como verás sigue el orden del Alef-bet (abecedario):
Ashamnu, comienza una Alef, Bagadnu, con
una Bet, etc, y quieren decir: "Hemos pecado, "Hemos
sido falsos", "Hemos robado"... pero...David
¿qué te pasa? ¿Por qué lloras?
Bu, Bu, Pensé que papá era el hombre más
maravilloso que existe en el mundo, ¿Cómo pudo
haber hecho todo eso?
¡Un momento! No pensarás realmente que papá
hizo esas cosas, ¿verdad?
Entonces, ¿por qué las dijo? Y lo decía
en serio, con todo el corazón, yo lo miré.
Iosef
sonrió. Escucha bien y te lo voy a explicar. Esta Tefilá
es dicha por todos los judíos desde el más simple
hasta el más sagrado y justo. Todos los judíos
son como el cuerpo humano. Cuando una parte se lastima le duele
a todo el cuerpo. Cuando un judío comete un pecado, hiere
a todo el pueblo.
Por eso la Tefilá menciona toda clase de pecados,
que cualquier judío, en cualquier lugar del mundo donde
esté, haya cometido. Y esto nos demuestra lo responsable
que somos, uno del otro y que tenemos que ayudarnos para hacer
siempre el bien.
David
se secó las lágrimas y se sintió mucho
mejor, porque sabía que su padre era el mejor hombre
del mundo, y que rezaba no sólo por él sino también
por los demás.