Conforme
la energía del tiempo circula a través de sus
diferentes fases, llega a cimas específicas para sus
épocas. La energía que se presta para la inspiración
y la revigorización del "punto de partida"
culmina en Rosh Hashaná, el Año Nuevo.
La persona que desee elevar y amplificar su poder para crear
algo nuevo, su capacidad para ser siempre nuevo y auto-generador,
debe utilizar el poder de Rosh Hashaná hasta el
máximo. Examinemos el concepto de Rosh Hashaná
para descubrir las energías que se manifiestan en esa
época para poder ser capaz de utilizar esta oportunidad
de la mejor manera. Fortalecer la inspiración de la primera
fase de la experiencia constituye la clave para desarrollar
la fuerza y el coraje necesarios para la segunda fase, la de
inspiración limitada.
Rosh
Hashaná es el inicio del año. Las fuerzas
espirituales que trabajan en los momentos iniciales son únicas.
Ha-kol holej ajar ha-rosh -"todo sigue al comienzo":
todo el desarrollo de cualquier proceso está determinado
desde su comienzo. La razón de esto es que un comienzo
es una concepción, y la concepción constituye
la fundación de los genes, los cuales representan el
modelo de todo lo que será desarrollado después.
El principio espiritual de esto señala que entre más
cerca se esté del momento de la concepción, más
potentes y críticas son las fuerzas: una herida pequeña
en el cuerpo humano no es algo significativo para un adulto,
pero un feto durante su etapa de desarrollo es mucho más
sensible a algo así. Un cambio minúsculo en los
genes podría tener consecuencias decisivas inimaginables.
En el momento de la concepción todos los detalles son
codificados muy decisivamente;por ello es el momento más
crítico. Ningún momento sucesivo podría
tener la intensidad y el significado de ese primer momento.
El fulgor de la concepción lo contiene todo; todo el
desarrollo posterior no es más que la revelación
de aquello que fue creado durante ese primer fulgor.
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Rosh
Hashaná constituye la concepción del año,
y los diez días siguientes son su periodo de gestación.
Esta es la razón por la que estos días son los
más decisivos para el resto del año. Esta es también
la razón por la que el ser humano es juzgado para todo
el año según se presente en Rosh Hashaná:
la personalidad que en ese momento existe es el núcleo;
se requerirá un esfuerzo supremo cambiar después.
El cambio en Rosh Hashaná es más fácil:
en ese momento se puede manipular los "genes" del
carácter. La gente que posee conocimiento espiritual
de las cosas se cuida mucho de actuar perfectamente en Rosh
Hashaná; es ese momento en el que el año es
concebido. Muchos tienen la costumbre de no dormir en ese día,
por lo menos durante las horas de la mañana. Desean configurar
los "genes" del año en estado consciente, no
en estado de inconciencia.
¿Cuál
es el origen de esta energía especial? El primer Rosh
Hashaná que existió -el cual obviamente debe
expresar su verdadera naturaleza del modo más intenso
posible- fue el día de la creación del ser humano.
Ese día de la Creación fue el primer Rosh Hashaná
que existió en el mundo, y su clímax fue la
creación del ser humano. Esta es la razón por
la que este día siempre conserva la capacidad para re-crear
al hombre. Cuando sincera e intensamente decidimos elevar nuestra
personalidad en Rosh Hashaná, inspirarnos para
vivir el año siguiente como seres humanos más
elevados, estamos utilizando la energía trascendental
que tiene este día por ser justamente el día en
que se creó al hombre. Este día tiene la capacidad
para activar energéticamente un cambio auténtico
y ayudar al individuo a transformarse en alguien completamente
diferente.
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Existe
el concepto de que Adam fue creado en el mismo sitio que más
tarde sería el mizbéaj (altar) del Templo.
Adam mi-makom kaparató nibrá -"Adam
fue creado del lugar mismo de su expiación". Su
primer instante de vida se formó de polvo reunido de
todas las regiones de la Tierra, el cual fue concentrado en
el punto que posteriormente se convertiría en el sitio
donde se ofrecerían las ofrendas, que es precisamente
el acto que más conduce a la expiación y más
acerca al hombre a lo Divino. El instante de su creación
representa la novedad más intensa posible y, simultáneamente,
contiene el elemento que permite el cambio más radical
posible: del pecado a la expiación, que realmente implica
en sí misma una nueva creación. De aquí
se deriva la insondable capacidad de Rosh Hashaná
para ayudarnos a ser personas nuevas. No es de sorprender que
en este día se acostumbre reducir el sueño al
mínimo.
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El
servicio de rezos de este día refleja este concepto de
llegar hasta la raíz. El orden del rezo está basado
en la recitación de maljuyot (soberanía)
y zijronot (remembranza), así como en shofarot
(toque del shofar).
Maljuyot (soberanía) representa el esfuerzo por
renovar la raíz de toda la Creación y de todo
servicio a Dios, afirmando que el dominio de Dios es absoluto
y primordial. Antes de aceptar el yugo de mitzvot específicos,
debemos aceptar la soberanía de Dios en general, tal
como se expresa en la famosa mashal (alegoría) del rey
al que se le pidió que promulgase decretos sobre un país.
El rey accedió a condición de que la gente primero
aceptase su soberanía sobre ellos; sólo así
sus leyes tendrían sentido y serían obligatorias.
La raíz de la Creación consiste en la soberanía
de Dios, y por ello constituye la raíz de cualquier crecimiento
espiritual. Tomar conciencia de esto es lo más fundamental
de todo en Rosh Hashaná, y requiere ahondar en
el nivel más profundo de ratzón (deseo) durante
el servicio de rezos a fin de llegar a la conciencia del dominio
absoluto de Dios y desearlo.
Zijronot
(remembranza) representa la idea de recordar con auténtica
profundidad espiritual los puntos de origen del mundo y del
pueblo judío y su destino. Esta forma de memoria constituye
un entrar de nuevo en la fase masculina de la concepción:
regresar al fulgor o chispa inicial y experimentarla otra vez,
vívida y literalmente. La raíz de zajor,
"recuerda" es idéntica con zajar, "masculino".
El nexo es obvio; la masculinidad es precisamente eso: un llevar
consigo la esencia destilada de todas las generaciones previas
en forma de simiente que formará a la generación
siguiente. La simiente es una "memoria" del pasado.
De hecho, la palabra zijron, "memoria", y zerah,
"simiente" son numéricamente equivalentes.
El trabajo de la memoria -vivir de nuevo el fulgor de la creación-
es perfectamente adecuado y necesario para Rosh Hashaná.
Siguiendo
el planteamiento desarrollado hasta ahora, Shofarot (toque
del shofar) representa el acto de llegar hasta el corazón,
llegar hasta la raíz de la neshamá (alma)
y de la personalidad. La esencia del shofar radica en que tiene
voz, pero no palabras. Los sabios cabalistas explican que la
voz es la raíz del habla y contiene mucho más
de lo que contienen las palabras individuales, que son finitas.
Las palabras pueden transmitir información, pero la voz
transmite a la persona misma. Es por esto que la profecía
es llamada "voz", no palabras: cuando Dios dice a
Abraham que escuche el consejo profético de Sará,
le dice shmá b-kolá -"escucha la voz
de ella", no "escucha las palabras de ella".
Dios dice al profeta: Krá b-garón, al tajsoj
-"grita con la garganta; no te reprimas". La profecía
no procede de la boca -que es el origen de la palabra-, sino
de la garganta, que es donde se origina el sonido puro. La bendición
que pronunciamos al oír el shofar es lishmoa kol shofar
-"escuchar la voz del shofar". El shofar es sonido
puro, grito puro, y es por esta razón que posee la capacidad
para abrir la neshamá. Todas las palabras del mundo no
pueden comunicar la emoción del grito de un niño
en la noche. El shofar es ese grito.
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Experimentar
correctamente el día de Rosh Hashaná debería
dejar a uno intensamente cargado de energía. La energía
adquirida debería ser tan grande que uno pudiera vivir
el resto del año en el mismo estado -no como continuación,
sino como una experiencia constante de renovación. La
chispa debería convertirse en llama, y esa llama debería
encender un nuevo fuego
siempre. En esto consiste el vivir
como judío. La doctrina cabalística afirma que
vivir hoy porque uno estaba vivo ayer se llama morir. Estar
auténticamente vivo hoy significa que la vida propia
se genera hoy, no como un resultado pasivo del pasado, sino
como una explosión de renovación ahora y siempre.
De
la raíz hebrea de la palabra ANI, "yo",
se derivan dos vocablos fascinantes, ana, y, ain. La palabra
ain significa "no es"; ana es más difícil
de traducir, ya que indica una súplica o ansia inefable,
como en la frase ana Hashem hoshía na ["por
favor, Eterno, ¡salva!"], que expresa el deseo de
la redención. Estas dos palabras, ain, "no es"
, y ana, el deseo intenso para el futuro, también significan
"de dónde" y "hacia dónde".
Cuando uno pregunta: "¿De dónde vienes?"
dice me-ain bata. Y cuando uno pregunta: "¿Adónde
vas?" dice ana telej (o le-an). Pero si uno
se detiene a considerar el sentido literal de estas expresiones,
descubrirá algo muy profundo: me-ain bata ("¿de
dónde vienes?") literalmente significa "vienes
de la nada"; y ana telej ("¿adónde
vas?") literalmente quiere decir "vas a una dimensión
inefablemente grande".
El hebreo, la lengua de santidad, está preñada
con profundidad espiritual. En hebreo, la simple y mundana idea
de una persona llegando de algún sitio anterior se expresa
en términos de la transición de la nada al estado
actual (yesh me-ain -algo de la nada). En otras palabras,
la aprehensión espiritual del instante presente radica
en que guarda la misma relación con el instante previo
como la existencia con respecto a la nada. Eso es renovación.
Y del instante presente al siguiente la explosión es
tan grande que no puede ser traducida. En esto consiste la lucha
de una persona que es sensible espiritualmente: generar constantemente
vida nueva.
Nuestro ancestro Abraham dijo de sí mismo: Va-anojí
afar va-efer -"yo soy polvo y cenizas". La Torá
nunca es pura poesía; cada matiz lingüístico
posee un significado infinito. ¿Cuál es el significado
de "polvo y cenizas"?
La idea es esta: las cenizas constituyen el elemento puro que
queda cuando una sustancia ha sido quemada completamente; el
"polvo" de la tierra es esa parte fértil del
suelo en el cual tiene lugar el crecimiento. Abraham -que fue
aquel que del modo más profundo representa la idea de
renovación, de ser el padre, el fundador del pueblo judío,
y forjó una nueva forma de vivir- se veía a sí
mismo incinerando constantemente lo que había llegado
a ser a fin de utilizar esos elementos como suelo fértil
para un nuevo crecimiento. A ningún elemento de su desarrollo
le permitía continuar pasivamente, estar aquí
hoy porque ayer estaba aquí. Todo su ser estaba destilado
en una memoria que encarnaba el núcleo de un nuevo nacimiento,
constantemente. Este es el poder del jidush, la renovación
auto-generadora, fuente de la vida espiritual y el crecimiento.