(selección extraída del libro "Autoestima" por Ezriel Tauber, © Ed. Jerusalem de México)
...continuación de Naase VeNishmá
¡Sean
Santos!
De
acuerdo a lo que hemos estado diciendo, ¿qué ganamos
exactamente a través de nishmá? ¿No
hubiera sido suficiente con na-asé? Si sabes que el Creador
te dio una tarea para completar, ¿no es suficiente completar
la tarea sin hacer preguntas? ¿Qué se gana con
el intento de obtener entendimiento intelectual de algo que
es ordenado por el Creador del cielo y la tierra?
El Creador hizo una creación con un conjunto predefinido
de variables. Sin embargo, tenemos la capacidad de elevarnos
por encima de la creación y restablecer las variables.
Éste es el proceso de transformarnos a nosotros mismos
de empleados del Dueño del mundo a socios con el Dueño.
Un empleado está sujeto a los dictados del que lo emplea.
Un socio comparte la libertad irrestricta del patrón.
Volverse un socio con el Creador significa ganar acceso a libertad
sin restricción y poder espiritual. Ésta es la
transformación que el pueblo judío experimentó
cuando fue sacado de Mitzraim (egipto)
Cuando Hashem nos redimió de Mitzraim, dejamos
de ser esclavos del Faraón y nos volvimos esclavos de
Hashem. Ésta fue una gran elevación. Nos fueron
dados 613 mandamientos que se traducen en 613 formas en que
podemos santificar nuestras vidas. Con todo, seguimos siendo
esclavos; aunque esclavos de Hashem. Una mitzvá,
un mandamiento, implica que Hashem nos ordenó hacer algo.
Entonces, cuando hacemos las mitzvot realmente no tenemos
opción. Somos esclavos de los mandamientos de Hashem.
No obstante, Hashem incluyó un concepto en Su Torá
que nos permite ir más allá de los 613 mandamientos,
para volvernos socios con Él y no solamente sus esclavos.
"Kedoshim
t-hiyú ki kadosh ani Hashem elokejem, Sean santos,
porque Yo D-os Soy santo" (Vayikrá 19:2)
La
exhortación a "Ser santo" es explicada por los comentaristas:
"Santifícate en aquello que es mutar laj, "permitido
a ti", es decir, no en algo que te es impuesto. Si te santificas
solamente en asuntos obligatorios, eres un esclavo. "Sé
santo porque Yo Hashem Soy santo", significa que Hashem quiere
que seamos santos como Él. Justamente como Él
no tiene nada impuesto sobre Sí, no obstante es santo,
así también nos da un espacio para ser santos
sin imposiciones. Los 613 mandamientos cubren los requisitos
mínimos. Ocupan quizá, no más del 20 por
ciento de la vida de la persona. "Kedoshim t-hiyú,
¡Sean Santos!- - también conocido como deberes
del corazón - abarca a la persona interna: sus pensamientos,
aspiraciones y motivos subyacentes. Como tal, su cumplimiento
contiene una cantidad infinita de posibilidades. Es el área
en la que uno tiene la capacidad de convertirse en lo que uno
hace de sí mismo porque nos alienta a santificar nuestra
vida por nuestra propia responsabilidad y no estar restringido
solamente en áreas de la vida donde los 613 mandamientos
se aplican. Así, a través de cumplir los aspectos
kedoshim t-hiyú de la Torá, uno puede volverse
socio con Hashem.
Kedoshim t-hiyú es idéntica a la idea de
Jasidut, que quiere decir "ir más allá de la letra
de la ley". (La idea de un jasid precede al Movimiento Jasídico
que empezó hace 250 años, que fue sólo
un intento de introducir nuevamente el "ir más allá
de la letra de la ley", práctica que siempre ha existido
en la vida judía). Jasidismo no quiere decir cambiar
la ley, no es añadir el mandamiento seiscientos catorce.
Quiere decir, hacer más con los 613, convertir los terrenos
neutrales de la vida, donde las leyes explícitas de la
Torá parecen no intervenir, en un servicio voluntario
a Hashem.
Kedoshim t-hiyú no se cuenta como uno de los 613
mandamientos porque si así fuera, frustraría su
propósito entero, es decir: volvernos socios con Hashem,
consagrarse voluntariamente a Él aun en lo que se nos
permite mantener para nosotros mismos. Por lo tanto, a pesar
de que no estamos ordenados a hacer así, pasaríamos
por alto el propósito real para el que fuimos creados
si no perseguimos la exhortación de kedoshim t-hiyú.
Esto explica la palabra adicional, nishmá, que
la nación judía le dijo a Moshé en el Monte
Sinaí. Cuando ellos dijeron na-asé, "haremos",
reconocieron que su primera responsabilidad era ejecutar aquello
a lo que estaban obligados: los 613 mandamientos. No obstante,
cuando dijeron: nishmá, estuvieron de acuerdo en asumir
kedoshim t-hiyú. Iban a hacer su vida entera santa
por propia voluntad, aun en áreas donde se les "permitía"
no perseguir santidad absoluta. Y harían eso a través
de nishmá, siempre buscando un entendimiento más
profundo acerca de lo que estaban haciendo.
Aquéllos que lo entendían bien, sabían
que al perseguir kedoshim t-hiyú, no estarían
cumpliendo solamente la voluntad más profunda de Hashem;
estarían ganándose a sí mismos, porque
con cada cumplimiento de kedoshim t-hiyú te creas
a ti mismo. Abandonas tu mentalidad de esclavo de Hashem, para
entrar a los amplios espacios de un socio de Hashem. Te vuelves
creador de tu propio mundo.