Primer comentario (Rab
Moshe Hoffer, fabibbk@einstein.com.ar)
Segundo comentario (Rab
Daniel Oppenheimer, www.ajdut.com.ar)
Tercer comentario (Rab
Moshe Walles, bitzjak@prodigy.net.mx)
Primer
comentario - Las
pruebas de Hashem son un ejercicio espiritual
Los
seres humanos, cuando experimentan una "nueva vida",
suelen padecer una especie de nostalgia, aniorando la vida anterior.
Por un lado muchas veces queremos cambiar de trabajo, pero cuando
por fin encontramos otro,
abandonamos el primero, solemos echar un vistazo atras anhelando
volver a
lo anterior. Este tipo de reacciones estan muy claras en nuestra
perasha
donde el pueblo iehudi, luego de haberse liberado de
Egipto, comienza a
expresarse con falta de fe, con quejas de manera impaciente;
a cada paso
otra disconformidad. Dijeron que se los trajo al desierto "para
morir de
sed y de hambre" comienzan a extrañar "la olla
de carne". Preguntan:
"¿Para que nos sacaron de Egipto? ¡Ojala hubieramos
permanecido alla!"
Esta
Perasha nos describe la respuesta divina a cada una de
sus quejas. Nos relata del agua que salia de la roca, del pan
que caia del cielo, de la
carne que Hashem les dio a traves de la codorniz. Los quejosos
no eran muy
agradecidos a esta manera milagrosa en que se les proporcionaba
todo. ¿D"s esta dentro nuestro o no? ¿Vale
la pena depositar nuestra confianza en el? Esta es la esencia
de nuestra perasha, donde sobresalen las reacciones
contradictorias dentro de sus almas y las exteriorizan a traves
de las
quejas.
La
Tora expone todo lo acontecido para que aprendamos la leccion,
para que nosotros cambiemos. Nosotros no somos los jueces de
nuestros antepasados, lo que la Tora nos relata es para que
saquemos conclusiones para nuestro bien. Este es el objetivo
de la descripcion de todo lo acontecido. Nuestra perasha
comienza hablandonos del "temor a la guerra". Hashem
prefirio que fueran por un camino largo e indirecto por si decidian
retroceder por la guerra que podian ver... Sin embargo hemos
visto pueblos amantes de la paz que combatieron con otros pueblos
para conseguir independencia. Por otro lado, aquel pueblo que
demuestra bajo espiritu, humillacion y huye, nos muestra su
baja autoestima.
¿Como
puede ser que este es el estado espiritual del pueblo que demuestra
en sus primeros pasos hacia la libertad, que prefiere huir antes
que
enfrentarse con el enemigo?
Los
exegetas plantean: a tan pocos dias de la muerte de los primogenitos...
¿acaso no conocian el poder de Hashem? ¿No creian
que el podia llevarlos a combatir y a vencer a Kenaan? El Rambam
en su libro More Nebujim comenta al respecto: "No
es natural que aquel hombre que crece en medio de la esclavitud
fabricando ladrillos... de repente se sienta libre".
"La liberacion no se consigue de una vez... tiene un recorrido
continuo".
No es posible extirpar la esclavitud repentinamente. Debemos
liberar
nuestra alma de lo que ya se acostumbro, y para esto se necesita
un largo
trayecto, lento y con una direccion clara. Este era el quid
de la cuestion:
estaban viviendo en un laberinto, no sabian que hacer, aspiraban
a una vida
espiritual pero tenian suenios de esclavos; querian una vida
de
libertinaje, nostalgia de volver a lo anterior. La generacion
de los que
salieron de Egipto, no tuvo el mismo merito de salir a una liberacion
completa. Tenian una chispa de esclavitud en sus corazones.
Solo podrian
ser libres sus hijos, que no vivieron la esclavitud, que no
vivieron el
exilio.
Si
nos dirigimos al Midrash Raba, este nos comenta que sensaciones
sintieron despues de que D"s partio el mar e ingresaron
en el. Comentaban:
"En Egipto teniamos barro y aqui tambien tenemos barro".
Hay corazones que aunque reciban lo mas grande del mundo, siempre
se van a quejar, a todo le van a encontrar el lado negativo.
Las pruebas que D"s manda son un examen para que verifiquemos
cual es
nuestra confianza en el. A D"s no lo benefician las pruebas,
solo a
nosotros. Cuando nos sentimos solos y desamparados debemos tomar
conciencia de que nos estan probando para asi poder desarrollar
nuestra alma.
Rab Moshe M Hoffer
Segundo
comentario - EL PAN DEL DIA
Los
judíos ya salieron de Egipto, ya cruzaron el mar Rojo.
Ahora están en el desierto. D-s les reconoce por muchas
generaciones el mérito de la confianza íntegra
y la bondad (jesed) que demostraron al seguirlo al desierto
con sus esposas e hijos sin saber de que se iban a alimentar
al día siguiente (Irmiahu). Cuando salieron, ni siquiera
tuvieron tiempo de prepararse provisiones para el camino pues
fueron literalmente echados de Egipto a raíz de la plaga
de los primogénitos. Las matzot que cocinaron
apresuradamente al salir, aguantaron milagrosamente por un mes.
Pasó un mes y allí estaban. Sin comida. ¿Qué
se hace? El pueblo tiene hambre. No hay almacenes, ni shopping,
ni maxikioscos en el desierto.
El
pueblo se queja ante Moshé. Querido lector: Aquel que
siempre tuvo
para comer y nunca se fue a dormir con hambre, posiblemente
pueda llegar
a saber lo que son los otros problemas de la vida, pero seguramente
no
podrá identificarse con el apremio que sintió
la gente en ese terrible momento. D-s respondió inmediatamente
a la necesidad de comida, pues
nunca quiso - ni quiere - que los seres humanos o cualquier
creación Suya suframos sin razón alguna. No obstante,
convirtió la fuente de alimentación celestial
del desierto en un elemento educativo que iba a trascender los
años que el pueblo comió el Mán
(maná). No por nada, en muchos Sidurim figura
el párrafo bíblico de este episodio a continuación
de la Tefilá matutina diaria, en los momentos
cuando el judío sale del Bet Hakneset para ganarse
su sustento.
Al
dedicarnos a analizar los pormenores de la enseñanza
del Mán, la Torá
nos ayudará a aprender la visión de la Torá
en la adquisición de nuestro
sustento, el pan de todos los días. Será aun más
necesario aprender esta lección en una sociedad de consumo
que con su publicidad crea nuevos "hambres" a diario,
muchos de los cuales no podemos (ni debemos) intentar satisfacer.
Aun
pensando en lo más elemental: en la comida, educación,
salud, ropa y vivienda, sentimos que no podemos tener la certeza
de lograrlo de manera simple, ni asegurarnos que nunca nos falte.
Y eso crea en nosotros una sensación de desprotección,
de fragilidad, de vulnerabilidad por los imponderables que hacen
temblar hasta al más fuerte.
Sepa,
querido lector, que lo que estamos analizando no es nada nuevo
(el
campesino nunca tuvo la certeza que iba a llover sobre su campo,
que su
fruto no sería eliminado por langostas u otra plaga o
que el precio de
los frutos justificaría la inversión), ni tampoco
cambiará hasta que D"s
modifique "las reglas del juego", si El lo dispone.
Justamente por eso, es imprescindible estudiar a fondo la lectura
del Mán. ¿Cuánto tiempo debe invertir
el judío creyente al procurarse su pan frente a las demás
obligaciones que tiene, como, por ejemplo, ir a rezar y fijar
horarios diarios para el estudio de la Torá? ¿Cuánto
es "lo justo" y "lo necesario" para vivir
y cuánto lo excesivo? ¿Qué es lo que se
llama un lujo y que es "lo lógico"? Y si bien,
no terminaremos de dar una respuesta universal concreta, pues
las necesidades reales pueden variar acorde a la época,
el lugar y el entorno social en que uno vive, el Mán
sí nos debe mostrar un criterio que debiera iluminarlos
en todas las situaciones.
No
por nada, Moshé le ordenó a Aharon que tomara
un frasco y lo llenara de Mán "para la posteridad",
lo cual explica Rash"i se refiere a la generación
del profeta Irmiahu quien amonestó al pueblo por su falta
de dedicación al estudio de la Torá. Cuando la
gente le respondió que el trabajo cotidiano les consumía
todo el tiempo disponible, Irmiahu les retrucó señalando
al Mán guardado: "Miren Uds. cuántos medios
posee D"s para alimentarlos..." El Mán no
fue guardado en cualquier lugar, sino precisamente junto a las
Tablas de la Ley, como para decirnos: "Quien nos dio la
Torá, también nos provee los medios para obedecerla"
- explican los Sabios.
El
Mán caía a diario todos los días
de la semana salvo en Shabbat. El viernes, por otro lado, caía
una ración doble por persona que les alcanzaría
para cubrir las necesidades del Shabbat. Cada persona juntaba
el Mán a la mañana, y la cosa no cambiaba
si traía mucho o poco a casa, pues al medirlo había
exactamente un "omer" (la medida individual) de Mán
por persona. El Mán debía ser consumido
en el día pues si alguien dejara de su Mán
para el día siguiente sin comerlo, este se pudría
y se llenaba de insectos. ¿El sabor? Lo disponía
el consumidor (Midrash).
Antes
de morir, Moshé le recuerda al pueblo que esta por ingresar
a la tierra de Israel el propósito y la lección
del mán. "Te dio el mán para que supieras
que no por el pan en si se mantiene el hombre, sino por todo
aquello que emana de la boca de D"s (obedecer sus leyes)"...
"Por si llegaras a comer y estar satisfecho... y construyeras
buenas casas y las habitaras... y se enalteciera tu corazón
y te olvidaras de tu Creador Quien te extrajo de Egipto... Te
condujo por el desierto y te dio de comer el mán para
afligirte y para probarte, para tu propio bien..." (Dvarim
cap.8)
Sin
duda, el aprendizaje del mán es eterno. Quienes vinieron
al nuevo mundo para escapar de los pogromes y de la falta de
trabajo digno en Europa se encontraron con la terrible elección
de trabajar en Shabbat o comenzar un nuevo empleo cada semana.
Pocos pudieron superar esta terrible prueba.
Y sin ir tan lejos, el comerciante de hoy a quien le cuesta
llegar a pagar el alquiler de su local mes tras mes con el negocio
cerrado en Shabbat el día que precisamente más
clientela le trae, debe anteponer su fe en D"s semana tras
semana al bajar la cortina los viernes a la tarde.
Unicamente
quien aprendió e internalizó correctamente la
lección, sabrá que más allá de lo
que juntó, cuando llega a casa y pesa lo que trajo...
tiene lo que debe tener- ni más ni menos. Que lo que
necesita para Shabbat- ya cayó el viernes y que trabajar
en Shabbat no le traerá ningún beneficio. El éxito
y el fracaso de la empresa no dependen de si abre el negocio
en Shabbat, sino de lo que disponga D"s que cada uno posea.
"Muchos medios tiene D"s para alimentarlo..."
Procurar el pan es importante, pero no a costa de la vida espiritual,
del estudio del judío. (En la práctica el tema
que estamos tratando es mucho más complejo de lo que
parece y, por lo tanto, dado que la situación de cada
persona y cada familia son distintas una de la otra, uno se
debe aconsejar con una autoridad espiritual antes de tomar decisiones
en lo que hace a los medios lógicos y legítimos
y a la cantidad de tiempo a invertir en ganarse el sustento).
"¿Por
qué caía el Mán todos los días
con la ración diaria en lugar de caer una vez por todo
el año?" - pregunta el Talmud (Iomá 76a).
Una de las repuestas (mediante una parábola) nos indica
que la (aparente) carencia de medios de supervivencia provocaba
que los israelitas estuviesen permanentemente pendiente de D"s.
("quien tuviera cuatro o cinco hijos, podría sospechar
cada día, que al día siguiente se moriría
de hambre...") La posible falta de sustento en el futuro
nos obliga a rezar todos los días por nuestro pan. ¿Habrá
mán mañana? ¿Y para mis hijos, cuando
sean grandes? ¿Y para mis nietos? Cada vez que comemos
pan, bendecimos al Creador quien "provee el pan para todos
con gracia, bondad... pues grande es Su misericordia".
No perdamos el equilibrio que nos indica la Torá entre
lo material y lo espiritual. Es precisamente esa la enseñanza
del Mán.
"ni
riqueza ni pobreza adjudícame (D"S), proporcióname
el pan que me
corresponde" (Mishle).
Daniel
Oppenheimer
Tercer
comentario - La disposición de entrega.
Este Shabat es conocido como Shabat Shira, es decir,
el Shabat del cántico, debido al canto de alabanza que
cantó Moshé junto con el pueblo de Israel a Ds,
después de haber cruzado el mar que se partió:
Entonces cantaron Moisés y los hijos de Israel
este cántico al Eterno y así dijeron: ¡Cantaré
al Eterno, porque se ha ensalzado grandemente! ¡Al caballo
y a su jinete ha arrojado al mar! (Exodo 15;1)
Sobre
ésta, nuestra obligación de alabar y agradecerle
a Ds por los milagros que nos hace, decimos en el rezo
de Shabat las siguientes palabras: Aunque nuestra boca
estuviera llena de himnos como el mar, y nuestra lengua de cánticos
como el rumor de sus olas, y nuestros labios de alabanzas como
la amplitud del firmamento, y nuestros ojos alumbraran como
el sol y como la luna, y nuestras manos se extendieran como
las alas de las águilas en los cielos, y nuestros pies
fueran ligeros como las gacelas, no alcanzaríamos a agradecerte
a ti, Señor, Ds nuestro y Ds de nuestros
padres, ni a bendecir tu nombre, por la milésima, ni
por la diezmilésima, ni por la millonésima parte
de los favores que has concedido a nuestro pueblo y a nosotros.
Por tanto, los miembros que formaste en nuestro cuerpo y el
espíritu y el alma que nos insuflaste, y la lengua que
colocaste en nuestra boca, ellos te agradecerán y bendecirán
y alabarán y glorificarán y exaltarán y
ensalzarán y santificarán y entronizarán
tu nombre, rey nuestro. (Rezo de Shabat).
Observando
esta plegaria de manera superficial, surge una contradicción,
ya que por un lado, al principio decimos que no hay manera de
alabar verdaderamente a Ds, ya que los favores que realiza
con nosotros son inalcanzables y por el otro, terminamos diciendo:
Por tanto, los miembros que nos repartiste y el espíritu
y el alma que nos insuflaste, junto con la lengua que pusiste
en nuestra boca, te agradecerán, bendecirán y
te alabarán. La pregunta es: ¿Se puede alabar
a Ds o no?
Dicha
pregunta se puede contestar a través de la siguiente
metáfora: En uno de los países europeos, había
un yehudí que llegó a ser ministro de finanzas
dentro del gabinete del rey. A través de este puesto,
alcanzó a tener una relación muy especial y cercana
con el rey. De manera natural, esto generó envidia por
parte de los demás ministros y éstos buscaron
la manera de ponerle obstáculos en el camino para que
desapareciera.
Todo
el tiempo lo acusaban ante el rey, que no era leal y que únicamente
por el dinero que ganaba estaba en su puesto, más no
por amor a él.
El
rey lo quería mucho y siempre lo defendía ante
los demás, hasta que un día le dijeron los ministros
que por qué no lo ponía a prueba para checar su
lealtad ante él.
¿De
qué manera lo voy a probar? Preguntó el rey. Pídale
que haga una fiesta para usted, señalaron los ministros.
El rey le pidió que preparara una fiesta y el yehudí
con mucha alegría fue a prepararla, ya que lo tomaba
como un honor más que le otorgaba el rey. La fiesta se
preparó con mucha dedicación y por lo tanto, todos
estuvieron contentos. Durante el evento, el rey llamó
a los ministros que se quejaron y les dijo: Ahora me doy
cuenta que sus comentarios son falsos, veo que el yehudí
es leal, miren que fiesta preparó para mí.
No se apure en llegar a la conclusión, obsérvelo
y verá que está muy triste, contestaron los ministros.
Así es, ¿Por qué será?, Se preguntó
el rey.
Es
porque le duele el gasto que tuvo que realizar, cada alimento
que el rey consume le duele más, le dijeron los ministros.
El
rey no les creyó, pero ellos le dijeron que si quería
probar ésto, que le pidiera al yehudí que preparara
otra fiesta para él, pero ahora con un presupuesto del
rey mismo, para que no le costara.
El
rey se lo pidió y el yehudí la preparó.
Cuando estuvieron en esta segunda fiesta, la cual no le costó
nada al yehudí, los ministros del rey observaron que
el yehudí estaba muy contento todo el tiempo.
El
rey se enojó mucho, lo mandó llamar y le pidió
que le explicara el por qué de su alegría, ahora
que no le había costado la fiesta y su tristeza, en la
fiesta anterior, donde él había pagado de su bolsa.
El yehudí le pidió que no se enojara con
él y le explicó lo siguiente: Cuando Yo
tenía que pagar la fiesta de mi dinero, estuve toda la
fiesta triste y preocupado porque no estaba seguro si gasté
lo suficiente para honrarlo correctamente, pero en esta fiesta,
donde recibí un presupuesto del rey para hacerla, estoy
tranquilo ya que utilicé todo lo que me asignó
para honrarlo, por lo que más de ésto no podía
hacer aunque quisiera.
Así
mismo decimos en el rezo: Si la boca y la lengua fuese nuestra,
así como los labios y los ojos y todos los demás
miembros, entonces no podríamos cantar, ni alabar, ni
agradecer a Ds de manera correcta, ya que los favores
que nos hace son tales, que por más que hubiésemos
dicho, no alcanzaría para agradecerle.
Pero
ahora, que todos nuestros miembros son otorgados por ti Ds,
podemos alabar y agradecerte, ya que a pesar de que éstos
serán limitados y no alcanzarían a cubrir todo
lo que hemos recibido de Ti, estámos tranquilos de que
por lo menos hicimos todo lo posible de acuerdo al presupuesto,
es decir, la capacidad que nos otorgaste.
Para
poder gozar de esta tranquilidad, debemos hacer todo lo posible
para alabar y agradecerle a Ds por todos los favores que
constantemente hace con nosotros.
SHABAT SHALOM UMEVORAJ
Rab
Moshe Walles.