www.libreriajudaica.com
...Shem¨¢ Israel, Adonai Eloeinu, Adonai Ejad...
...Escucha, oh Israel. El Eterno Nuestro Dios es Uno...
Existencia de D'os y la Tora
La Tora frente a la ciencia
Psicolog¨ªa y Autoconocimiento
Historia, Sabios, y fuentes de estudio
Estudio de la Tora y sus comentarios
Los Preceptos y la Ley Judia
El ciclo del año y sus festividades
Una puerta al an¨¢lisis y la reflexi¨®n
Kabbalah
Los libros del pueblo de Israel a su alcance

 
Ascendiendo Capítulo 7
La percepción de la realidad

...continuación de Nomenclatura espiritual

La percepción de la realidad se conforma a partir de dos componentes básicos: «el que percibe» y «lo percibido».
A «lo percibido» previo a la percepción lo llamamos Su Esencia, en hebreo Atzmutó, y a «los que perciben», quienes alcanzan ciertos grados de Su Esencia los denominamos almas, en hebreo neshamót.

Respecto a Sí misma, la Realidad es Una, sin que se operen cambios en la Esencia, tal cual dice el versículo "Yo no cambié". La realidad «es» independiente de la forma en que es percibida; los cambios son experimentados por el que percibe.

Como ya vimos en el item 78, la conciencia temporal-espacial de la realidad es una forma de percepción que surge con el hombre. Por ello, cuando nos referimos a la realidad espiritual y aún más, a la Esencia de toda la realidad -Atzmutó- no corresponde discernir en términos temporales y espaciales, tal como la mente simple los aprehende (ver items 29, 30 y 31). Ni siquiera las denominaciones más sutiles pueden definir los mundos espirituales en sí mismos, pues «Allí» no poseemos percepción alguna, dado que la dualidad conocedor-conocido carece de existencia. «Allí» no sólo se conoce, «Allí» se Es.

Todo el lenguaje de la Sabiduría de la Kabalá se refiere a las diferentes formas en que la neshamá puede aprehender la plenitud de la Luz (Or), que la Esencia de toda la realidad manifiesta.

Or y klí

El vocablo hebreo Or (Luz) designa a la Plenitud Infinita que se expande desde la Esencia del Creador (Atzmútó).
Klí (instrumento-vasija) indica el deseo de recibir la Plenitud Infinita.
Or se refiere al concepto de «lo percibido», mientras klí al de «el que percibe», explicados en el item anterior.
El Or y el klí (la plenitud y el deseo de recibirla) surgen y emanan de la Esencia del Creador (Atzmútó), sólo que «Allí» se encuentran en estado de unidad más allá de las dualidades transmisor-receptor, conocedor-conocido, perceptor-percibido.

Cuando la Luz que se expande de Su Esencia no es «percibida» por «el que percibe» recibe la calificación de «Or sin klí»; sobre esto no poseemos palabras ya que, ¿cómo podemos definir aquello que no logramos aprehender?
Pero cuando el Or es alcanzado por un klí, ello significa que surge una «sub-realidad», que oculta y limita a la realidad original, al Infinito-Ein-Sof.
Ello es similar al discípulo, quien precisará estudiar varias veces las enseñanzas recibidas y él mismo enseñarlas para alcanzar el nivel de su maestro. Hasta entonces sus intentos de comprender no son sino «sub-comprensiones» de lo que el maestro le ha enseñado.

El origen de la percepción y la palabra

El «sentido» general primario que activa todo el sistema perceptivo es «el deseo de recibir» la plenitud de Su Luz. Este «deseo de recibir» se ramifica posteriormente a través de múltiples formas, dando existencia así a todos los ámbitos de la realidad, a partir de lo cual surgen el pensamiento, los sentimientos y los sentidos, consecuencia del «deseo de recibir» de las creaturas de aprehender la plenitud de Su Luz.

El libro Etz Jaím nos enseña que antes de la manifestación de la Creación, en el estado de Infinito (Ein-Sof), el deseo es colmado antes de manifestarse. Antes de que surja cualquier deseo o voluntad, la plenitud de la Luz Infinita lo llena, tal como sucede con el bebé en el vientre materno, quien recibe alimento y calor antes de desearlo.

Esto sucede, no porque no exista allí voluntad ni deseo sino a causa de que la plenitud de la Luz llena toda la realidad sin dejar espacio para que el deseo u otro tipo de voluntad se manifieste. Al no manifestarse ninguna voluntad ni deseo no hay movimiento, como la mente humana lo concibe, ya que el deseo y la necesidad son los que producen movimiento, y al no haber movimiento tampoco rigen «Allí» el tiempo y el espacio.
En cambio, cuando surge la Creación, lo que estaba en potencia pasa a manifestarse, y aparecen así el tiempo y el espacio y todo tipo de formas y movimientos anhelando el Estado de Plenitud (Ein-Sof) anterior a la Creación.
Nace el deseo, es decir la Creación.

Dado que el deseo de recibir es la innovación, lo que llamamos genéricamente «creatura», no podemos discernir, no hay palabras posibles sino a partir de «dónde-cuándo» el deseo de recibir es activado por la plenitud de Su Luz.
La palabra surge a partir de la articulación del deseo con la plenitud de la Luz, del klí con el Or (ver item 81). Previo a la manifestación de dicha dualidad, en la Esencia del Creador -Atzmutó- la realidad se «encuentra» en estado de unidad y la articulación, «el diálogo», sólo se manifiesta a partir de la dualidad.
Como ya fue explicado, cuando experimentamos plenitud no diferenciamos entre ésta y el deseo de recibirla, percibimos una unidad. Entonces, el deseo no tiene necesidad de «dialogar» con la plenitud, siendo que son dos aspectos de una misma realidad. El diálogo surge cuando el deseo anhela la plenitud que no posee. Entonces comienza a surgir el conjunto de sonidos articulados con que el hombre manifiesta lo que piensa y/o siente, es el origen de la percepción y el lenguaje.

De acuerdo al potencial cognoscitivo de cada creatura será el lenguaje que podrá desarrollar y su conciencia de la realidad, ya que es a través de la palabra y del pensamiento que articulamos nuestra percepción de la realidad. Pero, cuanto más inteligible sea la realidad con la cual «dialogamos», más sutil y elaborado deberá ser el lenguaje que empleemos para aprehenderla (ver item 68).

La aparición de la palabra y de un lenguaje capaz de articular aquello que es materia de puro conocimiento, sin intervención de los sentidos, la realidad inteligible, señalan que la conciencia y por ende el deseo llegó a su máximo desarrollo, ya que nuestra conciencia se expande en lo que deseamos. Ello sucede sólo en el ser humano, siendo que el reino mineral, el vegetal y el animal no fueron dotados con la facultad de abstracción que le permite al hombre captar relaciones lejanas de causa y consecuencia. El hombre posee el potencial de desear lo infinito y de alcanzar, a través del discernimiento, la conciencia de la realidad espiritual.

Jaim Zukerwar

Buscar en Tora.org.ar
Enviar comentario de esta página