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Un bebé no está
preparado para alimentarse de la misma forma que un adulto. Está desprovisto
de dientes, su aparato digestivo aún no está desarrollado y por
lo tanto no puede digerir ciertos alimentos.
Su relación hacia el mundo exterior es pasiva dado que recibe lo que le
dan sus padres. Los adultos disciernen y deciden por él, pues es incapaz
de diferenciar entre lo que le hace bien y lo que puede dañarlo.
En el mundo espiritual,
al igual que en el vientre materno, el alma no posee conciencia de su deseo,
ya que sus necesidades son saciadas antes de manifestarse.
Cuando "llega a este mundo" surge el deseo en forma general y los
padres lo alimentan, le brindan amor y toda su experiencia al nuevo ser. Es
el inicio de la manifestación del deseo, todavía inconciente,
ya que no sabe con qué ni cómo satisfacerse, sólo desea
saciarse.
A medida que el hombre se
desarrolla, su deseo comienza a intensificarse y expandirse cada vez más
sobre todos los ámbitos de la realidad, instintos, emociones y pensamientos.
Por ello el hombre procura su vocación, su pareja, "su lugar".
La Torá nos brinda
un sistema educativo con el fin de saber cómo relacionarnos con el deseo
en cada etapa de la vida. Por el contrario, cuando ignoramos el orden y el ritmo
de aprehensión de la realidad provocamos en nosotros, nuestros hijos
y la sociedad situaciones para las cuales aún no estamos preparados,
lo que equivaldría a darle a un bebé alimento para adultos.
Estos dos comportamientos se definen como kedushá y tumá.
Kedushá -
Tumá - Brajá
Kedushá y
tumá representan dos formas de relacionarse con la realidad.
Kedushá nos indica la energía que estamos en condiciones
de recibir y emplear positivamente.
Tumá, en cambio, es la energía que todavía no estamos
capacitados para utilizar.
Tumá señala la forma de recepción que finalmente
genera destrucción a nivel individual y colectivo.
Tumá es producto del placer momentáneo y egoísta
sin evaluar sus futuras consecuencias.
Ejemplo: El cuerpo debe ingerir la cantidad y calidad de alimento que le provea
la energía para funcionar correctamente. Si comemos en exceso generaremos
un desequilibrio y finalmente enfermedades, ya que sobrecargamos al cuerpo con
energía que no puede asimilar. También debemos tener cuidado en
el tipo de alimentación; si no es balanceada el cuerpo tenderá
a generar colesterol o azúcar, etc.
Análogamente sucede
con nuestra energía instintiva, emocional, mental y espiritual. Cuando
atraemos instintos, emociones, pensamientos y energías que todavía
no sabemos manejar, ocasionaremos graves desequilibrios en la ecología
espiritual del individuo y la sociedad.
La forma de relacionarnos con la kedushá es la brajá.
Brajá se traduce comúnmente como bendición.
Brajá es la reflexión mental, emocional y verbal que antecede
la relación del hombre con el mundo de la kedushá.
La brajá es el discernimiento dentro del ámbito de la kedushá.
Previo al acto de acercarme
a la kedushá -energía que estamos preparados para recibir
y emplear positivamente- discierno y tomo conciencia del objetivo de mi deseo
a través del pensamiento, el sentimiento y la palabra y del modo en que
éste se expande hacia todos los ámbitos de la realidad.
Cuando la vida está
basada en la kedushá y la brajá surge la conciencia
superior, siendo que ahora el hombre se relaciona con el prójimo y con
todos los ámbitos de la realidad concientemente, previendo las consecuencias
de sus actos y ya no en forma mecánica e instintiva[..].
La iniciación,
el proceso educativo que atraviesa el deseo de la Neshamá
Para que el hombre logre
transformar sus ansias de recibir en altruismo, deberá pasar por cuatro
etapas espirituales en la educación del deseo y el fortalecimiento de
la voluntad.
Cuando decimos el hombre
nos referimos al concepto hebreo de Adám, el cual fue creado masculino
y femenino, Bereshít 1:27.
La Kabalá
nos enseña que en los "mundos superiores" el alma se encuentra
en estado de unidad y cuando "llega a este mundo" se divide en dos
aspectos.
La mujer y el hombre son
dos mitades; siendo el casamiento, la educación de los hijos y la influencia
positiva sobre la sociedad los componentes imprescindibles para la realización
espiritual. La Torá nos transmite instrucciones precisas -mitzvót-
las cuales, concientemente aplicadas, nos conducen a dicho objetivo.