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Una Antologia
de Alocuciones del Lubavitcher Rebe Rabí Menajem Mendel Shneerson Sobre
las Lecturas Semanales de la Torá y Ocasiones Especiales del Calendario Judío
Un proyecto de Sijot en Español y Editorial Kehot Lubavitch
Bsd.
En ocasión de Shabat Parshat Miketz publicamos la primera parte
de la Sijá correspondiente a Janucá incluida en la sección
de Parshat Miketz del Volumen I de Likutei Sijot.
Sijot en Español
y Editorial Kehot Lubavitch agradecerán sus comentarios y/o correcciones.
Contacto: info@sijotenespanol.org.ar y info@kehot.com.ar. Asimismo, para dedicar
fascículos del Likutei Sijot contactarse con info@sijotenespanol.org.ar
o al Teléfono 54 11 4504 1908. Las frases entre corchetes [ ] son agregados
de la edición en Español. A las notas originales se agregaron
las notas de la versión Inglesa (NVI) y las de la edición en Español
(NE). Cuando aparece en el texto Mi suegro, el Rebe (anterior),
el Rebe hace referencia a su antecesor Rabí Iosef Itzjak Schneersohn,
6to. Rebe de Jabad.
23 de Kislev de 5768
Textos originales: Likkutei Sichos (© Kehot Publication Society, Brooklyn,
NY)
Edición de Textos y Dirección General: Rabino David Stoler
Traducción: Equipo de Sijot en Español.
Revisión: Rabino Natán Grunblatt.
11. La mitzvá
de Janucá consiste en encender luz. ¿Cómo originamos
luz? Tomamos aceite, madera u otro material [combustible] similar, es decir,
algo físico, y lo calentamos hasta que [a medida de que se va consumiendo,
inexorablemente] pierde su condición corpórea, [esta materia genera
luz] y comienza a iluminarlo todo en derredor.
El origen de [el precepto de encender] las Luces de Janucá [tiene como
fundamento y] se origina en el encendido de las lámparas [del Candelabro
la Menorá] en el Gran Templo de Jerusalén
el Beit HaMikdash. Allí, todas las noches se encendían
[las] luces [de la Menorá].
Pero en la época
en que tuvo lugar el milagro de Janucá, [cuando el Macabeo Matitiáhu
y sus hijos vencieron al poderoso ejército greco-sirio, e ingresaron
al Beit HaMikdash para su reinauguración,] no encontraron aceite
[ritualmente] puro [que tuviera intacto el sello del Sumo Sacerdote, el único
apto] para el encendido de las luminarias. El Altísimo hizo un milagro,
y se encontró una única vasija de aceite [ritualmente] puro lacrada
con el sello del Sumo Sacerdote el Kohén Gadol. El
aceite de esta tinaja era apenas suficiente para el encendido de un día,
[pero] sucedió un milagro, y esta cantidad ardió durante ocho.
En recuerdo de este milagro encendemos [las] luces [de la janukiá
el candelabro de ocho brazos de Janucá] los ocho días
de Janucá.
Si bien las Luces de Janucá
se [fundamentan y] originan en las Luces del Beit HaMikdash, unas se
diferencian de otras, no obstante, en varios aspectos:
a) La cantidad de lámparas
encendidas en el Beit HaMikdash era siempre la misma; en contraste, en
Janucá agregamos en cada una de sus noches una luz adicional.
b) El encendido del Beit
HaMikdash se llevaba a cabo exclusivamente de día, [al atardecer,]
cuando todavía reinaba la luz diurna1; en tanto que las Luces de Janucá
se encienden recién después de la puesta del sol.
c) Las luces del Beit
HaMikdash estaban ubicadas dentro [del Santuario], mientras que la mitzvá
de las Luces de Janucá consiste en colocarlas a la entrada de la
casa, hacia afuera2.
d) En la época en
que se llevaba a cabo la mitzvá de [el encendido de] las Luces
del Mishkán (el Santuario Móvil del desierto) y del [Beit
Ha]Mikdash, los judíos no sufrían carencia material. En particular,
en la época del Mishkán, o sea, durante su travesía
por el desierto, los judíos tenían cubiertas todas sus necesidades:
Se alimentaban del man el maná que caía del
cielo; tenían agua del Manantial de Miriam; e incluso sus vestimentas
crecían con ellos y permanecían siempre limpias3.
Reinaba una situación
similar cuando comenzó a ponerse en práctica la mitzvá
de [el encendido de] las luminarias del [Beit Ha]Mikdash, en la época
del Rey Salomón. Durante su reinado hubo paz y tranquilidad, ningún
pueblo guerreó contra los judíos por el contrario, muchos
de ellos les pagaban impuestos. En aquel entonces disfrutaban de un estado
de [paz y sosiego, descripto en términos de] cada cual bajo su
viña y bajo su higuera4.
[En aquella época,]
prevalecía [también] espiritualmente un escenario similar, pues
cuando el judío no sufre preocupaciones materiales, se entrega por completo
a [el estudio de] la Torá y a [la observancia de] las mitzvot,
[se concentra en] cuestiones espirituales, [en] ídishe zajn cuestiones
concernientes al judaísmo.
En contraste, las Luces de Janucá se vinculan con una época en
la que la Tierra [de Israel] estaba sometida al imperio greco-sirio, y el ejército
judío se componía apenas de un reducido puñado de hombres.
El contexto espiritual era análogo, [antes de producirse el milagro]
no disponían de aceite [ritualmente] puro siquiera para una noche.
12. Todas las diferencias
mencionadas se vinculan entre sí.
Mientras las circunstancias materiales son favorables, también lo son
las condiciones espirituales pues cuando el judío tiene [medios
materiales, no escatima;] da para cuestiones espirituales con mano abierta y
generosa.
[En semejantes condiciones,] no es necesario luchar ni entregar la vida mesirut
néfesh.
En un contexto tal, es suficiente
[esforzarse y esmerarse día a día en medida idéntica,]
con un número idéntico, y no es necesario incrementar [denuedo],
pues todo se desarrolla con normalidad.
Tampoco es crucial empeñarse en iluminar [el afuera,] la
calle; la calle, el mundo, no está dominada por la oscuridad.
La Menorá iluminaba en el Beit HaMikdash y automáticamente
resultaba iluminada la calle, [el mundo exterior].
Pero en tiempos difíciles,
en épocas de conflicto en las que no sólo se lucha contra los
helenistas sino incluso contra judíos helenizados5 pues [en los
tiempos del Imperio Helénico] había judíos que no veían
necesaria la existencia del Beit HaMikdash; para ellos, la propia identidad
[judía] no era algo imperioso y preferían asimilarse a la cultura
helenista, en una situación compleja como esa, Di-s concedió
la mitzvá del encendido de las Luces de Janucá. En semejantes
circunstancias es crucial la entrega incondicional a Di-s el mesirut
néfesh.
En tiempos así, no
basta con iluminar el propio hogar, pues en la calle reina la oscuridad y esta
oscuridad puede penetrar en la casa. Por lo tanto, es menester esforzarse para
iluminar [también] la calle, el afuera. [En semejantes condiciones
adversas] encendemos estas luces [sean velas o aceite] cuando ya ha oscurecido,
y [las ubicamos] precisamente junto a la entrada al hogar, con el propósito
de iluminar la calle.
No basta con que la persona encienda las velas sobre la mesa donde come, o sobre
su escritorio, y abra la puerta [de su casa] para que la luz también
llegue a la calle. Debemos encender [las Luces de Janucá] cerca de la
puerta, pues hay que esforzarse por iluminar la calle.
[Otro aspecto vital:] Tampoco
alcanza [el encendido de] la misma cantidad de Luces que [se encendieran] la
noche anterior. Pues la persona no debe contentarse con no descender [de su
nivel espiritual] y mantenerse en el mismo estado que el día anterior;
más bien, permanentemente debe tratar de ascender.
13. En resumen:
Cuando la penumbra es densa, la oscuridad de la calle no debe afectarnos. Por
el contrario, nosotros debemos iluminar la calle con mesirut néfesh,
e incrementar la luz cada día, hasta que obtengamos más aceite
puro y límpido.
La estrategia para lograr
éxito en esta misión es la siguiente:
a) No debemos conformarnos
con la medida de luz que hemos irradiado el día anterior. Es crucial
que la incrementemos todos los días. Una luz hoy, dos mañana,
tres pasado mañana, y así sucesivamente. Si ya al principio [de
esta titánica labor] comenzamos con muchas luces, no podremos dar semejante
salto de una vez. Damos inicio [sólo] con una única luz, pero
ya predispuestos a encender dos mañana y tres pasado mañana.
b) No podemos conformarnos
con producir luz en nuestro propio hogar y esperar a que la misma llegue por
sí sola a la calle. Es preciso esfuerzo para iluminar la calle.
c) La actitud a asumir para
llevar a cabo lo dicho debe estar impregnada de mesirut néfesh,
al estilo de lo que sucede al producirse un milagro, trascendiendo los límites
de la naturaleza. Incluso si alguien nos mira con un ojo torcido,
ello no debe afectarnos. En cambio, concretaremos de todos modos la misión,
el shlijut que Di-s nos encomendara, con mesirut néfesh.
14. Esto es [precisamente]
lo que se demanda de cada judío. Que reconozca y tome conciencia de que
él [no] es [más que] un embajador del Todopoderoso
cuya misión consiste en calentar la materia con compone su
porción en este mundo físico6, hasta el grado de lograr
que ésta ilumine en su propio interior y también a su alrededor.
Y la estrategia para concretar
dicha misión es no contentarse con lo logrado hasta el día de
ayer, e incrementar luz todos los días. La persona debe saber qué
hizo el día de ayer, con el objeto de reconocer cuánto debe agregar
el día de hoy.
Y cuando incorporamos este
estilo de servicio [a saber:] hacemos todo con [la entrega incondicional
y altruista que caracteriza al] mesirut néfesh, no nos contentamos
con iluminarnos a nosotros mismos, y no nos conformamos con lo que hicimos hasta
ahora-, tenemos la promesa [de la Torá] de que finalmente en la calle
habrá luz, una luz que se irá incrementando, hasta que encontremos
aceite puro para encender [la Menorá] en el Beit HaMikdash.
(de una Sijá del
21 de Kislev de 5713)
1 [Véase
Exodo 30:8: hacia el atardecer (NVI)].
2 [Shabat 21b (NVI)].
3 Comentario de Rashi sobre Deuteronomio 8:4.
4 I Reyes 5:5.
5 Bavá Kamá 82b.
6 [Véase Likutéi Sijot, Vaierá, fascículo 4, nota
21, y Likutéi Sijot, Vaishláj, fascículo 8, nota 11 ambos
de la presente versión española acerca del concepto de la
porción del hombre en este mundo (NVI)].