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El calendario judío
reúne características especiales, ya que ni se guía completamente
por el sol, ni tampoco se rige exclusivamente por el sistema lunar…
Intentemos aclarar sus puntos
distintivos.
Un mes es el período
comprendido entre la aparición de la luna nueva hasta la próxima.
Ya que la luna tarda alrededor de 29 días y medio en circundar la Tierra,
la luna nueva a veces aparece en la noche siguiente al vigésimo noveno
día del mes y a veces no aparece sino hasta la noche siguiente, la del
trigésimo día. Con la aparición del la luna nueva comienza
el nuevo mes. El día siguiente a la aparición de la luna nueva
es el primer día del nuevo mes.
Cuando la luna nueva aparece después de 29 días, el mes anterior
tiene solamente 29 días, y cuando aparece después de 30 días,
el mes anterior cuenta con 30 días.
Cuando decimos que el largo
promedio del mes es 29 días y medio, no significa que realmente haya
un mes de 29 días y medio. Un mes no puede contener medio día.
Cada día debe pertenecer a un mes o a otro. Tan solo significa que aproximadamente
la mitad de los meses tienen 29 días y la otra mitad 30, razón
por la cual la duración promedio es 29 días y medio.
Un año es el período
de un ciclo completo del sol a través de los planetas. El año
termina cuando el sol retorna al punto en el que estuvo al comenzar el año
en el circulo de los planetas. Eso toma alrededor de 365 días y un cuarto.
Hay cuatro días especiales en cada año: el día más
largo, el día más corto, y los dos días en los cuales el
día y la noche son iguales.
El año es un poco mas largo que doce meses. Ya que la duración
promedio de un mes es alrededor de 29 días y medio, doce meses son aproximadamente
354 días. Es decir, como once días menos que un año.
Ahora bien si solamente hubiera doce meses en cada año, los meses se
retrasarían con respecto a las estaciones. Los meses de verano como tamuz,
comenzarían en la primavera, y los meses de la primavera como nisán,
comenzarían en el invierno. Después de tres años, los meses
estarían atrasados alrededor de 33 días, lo cual es más
que un mes entero. En veinte años los meses estarían 220 días
atrasados, lo cual es más de medio año. Como consecuencia de esto,
la festividad de Pesaj, llamada también la Fiesta de la Primavera, sería
en otoño, y la Festividad de las Cabañas sería en la primavera.
Este es el primer problema que debemos afrontar al establecer un calendario:
como pueden los meses mantenerse en sus respectivas estaciones? Pero antes de
ver cómo el calendario judío resuelve este problema, veamos otros
dos calendarios que nos resultan familiares y el modo en el que ellos intentan
resolverlo.
El calendario civil que
utilizamos en el mundo occidental está basado en el calendario romano.
En este calendario hay cuatro meses -abril, junio, septiembre y noviembre-de
30 días cada uno; siete meses -enero, marzo, mayo, julio, agosto, octubre
y diciembre- de 31 días, y un mes -febrero- de 28 días. Y aunque
son denominados meses no tienen relación alguna con la Luna. Por lo general,
los meses en este calendario no comienzan con la luna nueva y el largo promedio
de un mes es alrededor de 30 días y medio, un día más largo
que el ciclo de la Luna. Esta fue la solución dada por los romanos al
problema: renunciar al significado original del mes como el período determinado
por la Luna y, en su lugar, dividir al año en aproximadamente doce periodos
temporales similares y llamarlos meses.
Esta solución es
inaceptable para el calendario judío, ya que, en la Torá el Creador
ordenó comenzar cada mes con la aparición de la luna nueva.
El calendario musulmán resuelve el problema de la manera opuesta. Los
meses son de 29 o 30 días, y cada uno comienza con la luna nueva, pero
no tienen conexión con las estaciones. Un mes que coincide un año
con el verano, coincidirá con la primavera pocos años depuse,
luego con el invierno, y finalmente, después de 33 años, habrá
de coincidir nuevamente con el verano. Además para ese tiempo, no habrán
contado 33 sino 34 años en su calendario. Es decir, no solamente no corresponden
los meses con las estaciones, sino que tampoco corresponde un período
de tiempo del calendario musulmán con el mismo período de tiempo
medido en años solares.
Este sistema también es inadmisible para el calendario judío porque
la Torá indica que las festividades deben coincidir con su estación
correspondiente. Otra vez aquí la festividad de Pesaj, la Fiesta de la
Primavera, no necesariamente coincidirá con esta estación determinada.
La forma en que el calendario
judío corrige este desfasaje es bastante simple. Si de acuerdo con los
cálculos notamos que la festividad de Pesaj llegará demasiado
temprano, simplemente la posponemos un mes. Agregamos un mes extra antes del
mes de nisán y lo llamamos adar sheiní -segundo
adar-. El día que hubiera sido el primer día del mes de
nisán se convierte en el pirmer día del segundo adar
y no comenzamos nisán sino hasta la próxima luna nueva.
Esto da lugar a un año de trece meses contando el año agregado
o año bisiesto. De este modo, combinando años regulares con años
bisiestos cada dos o tres años, somos capaces de mantener nuestro calendario
sincronizado con el sol, a diferencia del calendario musulmán, y nuestros
meses continúan coincidiendo con el ciclo de la Luna, a diferencia del
calendario romano.