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Ser judio

Adaptado de una charla de Arthur M. Cellman. Cellman es Presidente del Benchmark Group, una compañía nacional de bienes raíces. También es Presidente del Fondo Judío Unido para Búfalo, NY, y miembro del Ejecutivo de HIAS.

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Sólo existimos como pueblo judío a causa de nuestras enaltecidas y vitalizadoras enseñanzas. Sin ellas nos volvemos una insignificante nación anónima.
Con todo, la vasta mayoría de los judíos está totalmente sin involucrarse en el judaísmo, ignorando las enseñanzas judías, e inconsciente de qué significa ser judío.
Desde Sinaí, hemos sobrevivido en la mayor parte de nuestra historia sin una tierra, un ejército, o una lengua común. La Torá fue transmitida de padre a hijo. Nuestra enseñanza, nuestros valores, nuestro enaltecido modo de vida nos vincula y une. Hubo épocas oscuras pero las mentes judías nunca estuvieron en la oscuridad. Los judíos se vieron forzados a la peor pobreza pero siempre fueron ricos en Torá.
¿Por qué se sostuvieron los judíos tan obstinadamente? La respuesta es que nadie expuesto al verdadero judaísmo lo cambiaría a ningún precio, siquiera la propia vida.

Durante los últimos 150 años el mundo y muchas mentes judías con él se han visto desarraigados por una concurrencia de sucesos. La era del Iluminismo prometió que la razón y la ciencia podrían responder a todas las preguntas, resolver todos los problemas, solucionar todos los misterios, construir órdenes sociales ideales. Se creía que la humanidad evolucionaba rápidamente a modos de vida superiores y que el futuro conduciría inevitablemente a algo más alto y mejor.

Los judíos fueron invitados a entrar a las universidades y a la sociedad, pero con condiciones. La entrada era para asemejarse, vivir y hasta pensar y adorar como todos los demás.
Las últimas seis generaciones de judíos han sobrevivido este período de Iluminismo que ha incluido dos guerras y el Holocausto, la aniquilación de la mayoría de los judíos del mundo. Nosotros hemos triunfado. Somos generalmente aceptados, gozamos de prosperidad económica, hemos adaptado nuestros hábitos.
Pero a un precio terrible.
Logramos todo lo que hemos buscado pero ahora hemos llegado al precipicio de perder todo lo que realmente importa.

Los judíos pueden tener los mejores automóviles y casas, enviar a sus hijos a las mejores escuelas, pero si ellos y sus hijos, en el proceso, han abandonado las profundas enseñanzas del judaísmo, entonces han cambiado las gemas más preciosas por piedras inservibles.
En el alboroto por encontrar nuestro camino en el mundo nos enceguecemos a lo que nos sucede.
En el decenio de 1970 hubo una búsqueda sin precedentes, por parte de miles de jóvenes judíos, de un significado más profundo. Pero pocos se volvieron al judaísmo pues la mayoría no podía imaginar que la respuesta a las preguntas más profundas de la vida, el modo de lograr significado y crecimiento espiritual, estaba en su propio patrimonio. Esto es cierto todavía hoy.
Tenemos la más grande enseñanza alguna vez concebida, y sin embargo la mayoría de nuestros hijos se educan en el judaísmo sólo en un nivel de segundo o tercer grado y de modos que generalmente rechazan con resentimiento una vez que alcanzan los 13 años.

La mayoría de las Bar Mitzvás y Bat Mitzvás no deberían celebrarse -- deberían guardarse con duelo. Pues con frecuencia señalan el fin de la involucración judía más que el comienzo.
¿Vivir como un judío erudito significa que no puedes ser un abogado, médico, maestro o empresario? ¿Significa que uno tenga que separarse de la sociedad? La respuesta es que podemos ser parte vital de la sociedad, compartir plenamente la prosperidad económica, obtener la mejor educación y aún vivir vibrantemente como judíos por encima de las furiosas aguas del mundo secular.

Un Rabino preguntó una vez a su alumno qué quería ser. El alumno contestó: "Abogado". El Rabí respondió: "No pregunté qué querías hacer, sino qué querías ser. ¿Qué tipo de persona te volverás?"
Eso es lo que al judaísmo le importa.
Está diseñado para modelar a la gente de maneras que son inconcebibles a la mayoría de la humanidad. La mayoría de los judíos piensa que ser judío se cumple siendo una buena persona. Pero lo que se considera bueno en la sociedad contemporánea es radicalmente diferente en el judaísmo. Lograr el conocimiento, la sabiduría y la percepción para reflejar verdadera bondad es tarea de toda una vida para el judío.
Dos judíos pueden tener trabajos similares, vivir en hogares comparables, pero su modo de vida, la manera en que hacen elecciones, la razón en base a la cual seleccionan una pareja de casamiento, los valores con que educan a los hijos, la calidad de su experiencia de vida puede ser tan diferente que ellos están literalmente en universos diferentes.

Para una familia, todas las festividades brillan con vibración y contenido, trayendo crecimiento personal continuo, regocijo verdadero, y re-dedicación a la vida. Ellos están de pie en Sinaí. Para ellos, la Torá es viva y fértil. Para la otra, estos días llegan y se van notándose muy poco.
Para una familia, el aprendizaje judío será una prioridad continua, dándole la visión para penetrar más allá de la superficie de la existencia. Para la otra, estará ausente.
Una familia busca, al resplandor de las velas de Shabat, rodearse con la serenidad y santidad que le permite no escapar del mundo sino llevarlo al mundo.
Para una, los modos y valores eternos de la Torá serán el punto de referencia para cada decisión importante. Criarán a sus hijos para amar y reverenciar la Torá para que perciban el propósito único dado a ellos. Para otra, a la que nunca se ha mostrado el mundo más profundo del judaísmo, la Torá es un documento antiguo reminiscente de tradiciones tribales viejas y es de poco interés para hoy.
La Torá es finalmente moderna y relevante, sus valores y enseñanzas tan esenciales y significativas en el decenio de 1990 como en el pasado. La percepción de que vivir como un judío docto es estrecho, rígido y dogmático es equivocada.
Todo lo contrario.
Es amplio y extenso.
Requiere búsqueda e interrogación continuas.
Demanda tremendo esfuerzo intelectual, y simultáneamente obliga a nuestras mentes y corazones a abrirse cada vez más ampliamente. Trae un significado y propósito que no puede encontrarse en ninguna otra parte.
El punto no es sectario, o uno de nivel de observancia o el sistema de quién está en lo cierto o es equivocado. El desafío consiste en dar a los judíos la oportunidad de degustar y experimentar las profundas aguas del pensamiento judío, pues sin esta luz brillando dentro de nosotros hay poca razón para continuar en el judaísmo.
Debemos reconocer que mientras que ser socialmente judíos, comunalmente activos, y líderes en causas sociales es importante, como una rama de árbol lo es a su tronco y sus raíces, así son estas actividades sólo un reflejo, y no un sustituto, de la esencia del judaísmo.

Tenemos que comprender que sólo la enseñanza Divina del judaísmo que brilla dentro de un judío, inspirando su pensamiento, sus relaciones con el hombre y con Di-s, es lo que lo convierten en una auténtica luz para la humanidad. Cuando enviamos a nuestros hijos al mundo, ellos deben nutrirse de manera judía, saber que no importa lo que "hagan", "ser" un judío cuyo centro es la Torá es lo que finalmente importa.

(extraído de la enseñanza semanal, www.jabad.org.ar).

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