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1) La redención
(gueulá) depende, en esencia, de la fe (emuná).
Pues la raíz del exilio es simplemente la falta de fe (Likutey Moharán
I, 7:1).
2) La fe, la plegaria,
los milagros y la Tierra de Israel son un mismo concepto y dependen el uno del
otro (Ibid.).
3) Hay gente que intenta
explicar los milagros como fenómenos naturales.
Son ateos (apikorsim) que no tienen fe en los milagros. Cuando esta gente
desaparezca y la fe se haya difundido por el mundo, será el momento de
la llegada de Mashíaj. Pues la redención depende de la fe (Ibid.).
4) La única manera
de alcanzar la fe es mediante la verdad (emet). La fe sólo es
aplicable allí donde algo no puede ser comprendido racionalmente. Cuando
uno puede comprender algo racionalmente no tiene necesidad de la fe. Pero hay
ciertas cosas que nunca podrán comprenderse racionalmente. Si es así,
¿cómo se puede tener fe en aquellas cosas en las cuales uno debe
creer? La fe depende de la verdad. Si uno busca la verdad con honestidad llegará
a comprender que debe tener fe en el Santo, bendito sea, en los verdaderos Tzadikim
y en la santa Torá. Deberá ser consciente de esto a pesar
del hecho de que tal fe no es algo que pueda ser comprendido racionalmente.
Pues nuestras facultades racionales están sujetas a la naturaleza material
de nuestra existencia.
Si puedes contemplar las cosas con absoluta honestidad podrás percibir
lejanamente que ésta es realmente la verdad. La razón no es de
utilidad en este campo. Necesitas fortalecerte con una fe completa. Comprende
bien esto (Ibid.).
5) Ora con concentración
(be coaj) y pon todas tus fuerzas en las palabras de la plegaria (tefilá).
Con esto merecerás alcanzar la fe (Ibid. 39:11).
6) Si las personas que
niegan los milagros y que dicen que todo lo que sucede tiene una explicación
natural llegaran a ser testigos de un milagro, seguirían tratando de
explicarlo de manera natural. Esta actitud mental es muy dañina para
la fe. Es dañina para la plegaria y [oscurece la comprensión del
verdadero significado] de la Tierra de Israel. Todo esto prolonga el exilio
(Ibid. 2).
7) Nadie debe aceptar una
posición de liderazgo y de autoridad a no ser que haya alcanzado una
fe completa. Hay personas que creen en el Santo, bendito sea, pero aun así
retienen algún rasgo de superstición. Esta clase de gente no debe
guiar a los demás. Existen también aquellos que se enorgullecen
de su dedicación al mejoramiento del mundo y que por esto buscan guiarlo.
Pero en realidad lo que les interesa es el prestigio (cavod). La dedicación
que dicen tener es simplemente una justificación. Cuando esta clase de
gente obtiene poder puede generar un terrible ateísmo y una negación
de la fe. Pero el Cielo tiene piedad del mundo y son alejadas del poder (Ibid.
3).
8) Es necesario cuidar
mucho la fe para que ésta nunca se debilite, el Cielo no lo permita.
Una persona con una fe débil es incapaz de aceptar una crítica
honesta. Esto es muy dañino para la paz pues da como resultado toda clase
de controversias, de exilio y de conflicto. Y el resultado es ateísmo,
idolatría, falsas ideologías y falsas religiones. La verdadera
fe es el cimiento de todo. Es el sello de la santidad. Debes cuidarla muy bien
pues al hacerlo proteges la santidad misma (Ibid. 22:1, 2).
9) La fe implica crecimiento
y paciencia. La persona con una fe perfecta crecerá y se desarrollará
en su devoción al Santo, bendito sea, sin importar lo que deba atravesar.
Nada la apartará de su senda, sin importar los obstáculos y dificultades
que pueda encontrar. Todo lo aceptará con paciencia. Pero aquellos que
se dejan abatir por los obstáculos y dificultades que se les presentan
al tratar de servir al Santo, bendito sea, tienen una cierta falta de fe. Como
resultado se sienten deprimidos y faltos de entusiasmo. ¿Por qué
la gente no hace el esfuerzo verdadero por acercarse a aquellos que llevan una
vida de piedad y justicia? Si realmente tuvieran fe correrían hacia ellos
lo más rápidamente posible. ¿Por qué la gente no
ora de la manera apropiada? Si tuviesen una auténtica fe, realmente creerían
que el Santo, bendito sea, está allí sobre ellos, mientras oran
y que Él escucha cada palabra que surge de sus labios. Entonces orarían
con tremendo fuego y anhelo. Pero en lugar de ello se sienten fríos y
deprimidos. Esto se debe a que carecen de una fe auténtica. Y por esto
están lejos de los Tzadikim, de los piadosos y justos y de la
verdadera devoción al Santo, bendito sea. Cuando la persona tiene una
fe genuina nada es un obstáculo y siempre es paciente. No importa lo
que suceda siempre crecerá en el servicio al Santo, bendito sea (Ibid.
155).
10) Mediante la Tierra
de Israel se puede alcanzar la fe y la paciencia tal cual se explicó
[en el punto anterior]. Es necesario que cada uno le pida al Santo, bendito
sea, alcanzar el anhelo y la añoranza por la Tierra de Israel, y merecer
así llegar hasta ella. También es necesario pedirle al Santo,
bendito sea, sentir añoranza por todos los Tzadikim de la Tierra
de Israel. Este es el remedio para anular la ira y la melancolía, pues
a través de la Tierra de Israel se alcanza la fe y la paciencia, que
son lo opuesto de la ira y de la melancolía (Ibid.).