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¿Cuáles son los rasgos particulares por los que se caracteriza
la contribución hebraica a la formación y el desarrollo de la
cultura occidental?
Es, en
primer término, una contribución que se distingue por su ímpetu
dinamico y vigorosa energía creadora. No se ha resquebrajado ni cayo
en una inercia intelectual en todos los cuatro mil años de su duración.
Se inició con un diálogo impetuoso, el diálogo vital con
D-os y con el hombre, que no ha sido interrumpido en las situaciones cambiantes
y en las circunstancias más adversas. Otras civilizaciones antiguas,
posteriores a la hebrea, como la griega o la romana, se mostraron, con el correr
de los siglos, incapaces de mantener la energía creadora con que aparecieron
en el escenario de la historia.
La búsqueda
incesante, el reto continuo, el empeño de perseguir la verdad, de contribuir,
de renovar, de transformar, el pensamiento permanentemente evolutivo, constituyen
la singularidad del aporte judaico en los anales de la cultura, singularidad
más notable aún si se tiene en cuenta que ésta surgió
en Asia, donde las religiones y las filosofías propugnaban la pasividad,
tal como lo expresaron sus máximos representantes Confucio, Buda y Lao
Tze. La contribución judaica es tangible en toda la superficie del globo,
en este atardecer del siglo veinte, al igual que lo era en las costas del Mediterraneo
en los tiempos de Abraham y de Moises.
Es de sumo
interés poner de relieve lo trascendental de la contribución hebraica,
por la influencia que esta ha ejercido primordialmente en los conceptos religiosos
y morales de occidente. Otras culturas irradiaron sobre el pensamiento filosófico
del mundo occidental, sobre las escuelas literarias, las bellas artes, las ciencias
y las instituciones políticas La cultura judía, además
de dejar profundas huellas en todos esos ámbitos, dio al hombre occidental
sus ideas religiosas y sus normas éticas. Las grandes religiones de occidente
son creaciones del espíritu judío, y aunque recibieron también
influencias de otras corrientes, ha sido éste el que las inspiró
y orientó en la búsqueda de los divino y de lo humano. León
Roth, en su ensayo El pensamiento judío como factor de la civilización,
editado por la Unesco, señala que nos hemos acostumbrado en nuestros
tiempos a las ideas en torno a D-os, Historia y Conciencia; pero el D-os, la
Historia y la Conciencia a los que nos hemos acostumbrado son el D-os, la Historia
y la Conciencia de la tradición judaica, y el hecho de que forman ya
parte de nuestro ser íntimo, no les resta importancia e influencia decisiva
en la mente del hombre. Al igual que el aire y el agua, esas ideas son necesidades
elementales de nuestra vida, de las que nos damos cuenta sólo cuando
nos hacen falta. Lo que nos incita a reflexionar en todo aquello que el mundo
hubiese perdido si el legado hebreo no se hubiera convertido en la "patria
espiritual" del hombre occidental.
En el análisis
de la aportación judaica al patrimonio universal, se hace ostensible
la importancia capital que ésta ha concedido a la educación. El
aprecio por el intelecto caracteriza todas las épocas de la historia
hebrea. Contrariamente a lo que sucedió en otras civilizaciones, la educación
en el concepto hebraico, no estaba destinada a individuos elegidos o clases
privilegiadas, sino que debían beneficiarse de ella también las
masas del pueblo, considerándosela como base indispensable de todo adelanto
espiritual y material. El mandato bíblico "y enseña las leyes
a tus hijos" llegó a ser particularidad de todas las comunidades
judías, en las que funcionaban centros de enseñanza y academias
en categorías de verdaderas universidades, cuando todavía estos
centros distaban mucho de su nacimiento en Europa. La sinagoga, además
de institución consagrada a la plegaria, ha sido "casa de asamblea"
para estudios de amplias proyecciones que se convirtieron en parte central del
culto, lo que trascendió luego a la iglesia cristiana. A la luz de esta
verdad se hace compresible el hecho de que los judíos han sido activos
en la formación de centros de estudio y de obras relevantes del pensamiento
en el mundo occidental.
"...El
concepto de humanidad fue creado por los profetas hebreos y divulgado por los
maestros que siguieron con su legado espiritual. La cultura judía es
una encarnación no sólo de valores hebreos, sino también
de valores humanos universales. La dispersión judía delineó
con trazos más visibles y precisos los perfiles del universalismo judío,
cuyo influjo experimentaron todos los sectores en el mundo...."
En esta
época actual, que sin duda se destaca por el gigantesco y universalizado
afán de llevar a la práctica los anhelos de justicia social en
la sociedad humana, cabe muy bien tener en cuenta que éstos están
fundamentados en la tradición judaica, en donde se encuentran sus raíces.
La preocupación por las condiciones en que viven los campesinos y los
obreros, la determinación de mejorar "la suerte de los pobres, las
viudas y los huérfanos", y de edificar una sociedad equitativa en
la que todos tengan iguales derechos e iguales deberes, son elementos sustanciales
de la cultura judaica. Esta nació con un clamor apasionado por la justicia;
hizo oír su protesta vehemente contra el maltrato y la violación
de sus principios y sigue empeñada en la promulgación y el establecimiento
definitivo de sus normas.