(selección extraída del libro "Jerusalem de Oro", © Ed. Jerusalem de México)
...continuación de Antiojus, el malvado
El
sol recién comenzaba a alumbrar sobre la pequefia ciudad
de Modiin, invitando a los hombres a participar del nacimiento
de un nuevo dia. Ciertamente, las casas estaban vacias. Un silencio
ensordecedor flotaba en el ambiente. Modiin se habla convertido
en una ciudad fantasma.
¿Qué fue lo que habla pasado? ¿Dónde
estaban todos sus habitantes? ¿Dónde podian estar
en horas tan tempranas de la mañana?
La respuesta la encontrarnos en la cima de un pequeño
valle. Alli se habian congregado todos los del lugar: hombres,
mujeres y niños. Estaban helados, sus ojos clavados en
los soldados griegos que estaban frente a ellos. Tenian un enorme
cerdo en sus hombros y hablaban al pueblo irónicamente:
"¿Ven? Este es un regalo de vuestro rey Antiojus.
Les ha enviado este cerdo, habitantes de Modiin, y les ordena
que lo ofrezcan como sacrificio al dios Zeus, aqui, en el altar
que acabo de construir. ¿Quién de entre ustedes
es un buen servidor? ¡Que venga y cumpla con la orden
del rey! Su majestad ha prometido para quien lo haga un gran
regalo."
Los griegos observaban expectantes a su alrededor para ver quien
seria el primer voluntario. Mas, los habitantes, inmunes, en
sus sitios, como si hubieran sido clavados con estacas. Nadie
abrió la boca. Los soldados comenzaron a agitarse. Intentaban
mantenerse controlados, sin embargo estaban furiosos. Continuaban
hablando:
"Es sabido por ustedes que si no obedecen al mandato del
rey, amargo será vuestro futuro. Todos los habitantes
del lugar serán asesinados. Mas quien ofrezca el sacrificio
al dios griego será enaltecido por el rey, incluso recibirá
también oro y plata." El soldado finalizó
su discurso y aguardaba impaciente a quien diera el primer paso.
Finalmente un hombre se adelantó en dirección
al soldado griego. La gente murmuraba indignada. ¿Quién
era? ¿Janan ben Elishafat? ¿Acaso iba a ofrecer
el sacrificio al idolo helénico? ¿Podria ser realmente
cierto? Por un momento pensaron que era un traidor. Ahora no
había dudas. Janan se acercó, tomó el cerdo
de manos del griego, y evitando la ira de las miradas de su
alrededor se acercó al altar ubicado en el centro del
monte.
¡Despreciable! ¡Traidor! " Con gritos acompañaron
el actuar de Janan. Mas de pronto algo sorprendente ocurrió.
Una persona mayor de entre la multitud corrió hacia el
soldado, y le quitó la espada. Antes de que el traidor
se diera cuenta, el anciano le habia dado muerte.
Dijo
Matitiahu ben lojanan, de la casa de los Jashmonaim: "¡Hermanos
mios! Ustedes saben que semejante acto no puede ser perdonado.
El rey seguramente enviará a su ejército para
castigarnos. Mas no temamos. Nos prepararemos. Reuniremos gente,
creyentes en Di-s, y a su debido momento saldremos a la pelea.
Y Hashem vendrá a nuestro encuentro, nos ayudará.
Ahora, hermanos, quienes teman por nuestra Torá y por
el futuro de nuestra nación que venga conmigo. Peleemos
en nombre de nuestro
Di-s. ¡Quien esté con Hashem, que vengan?
Miles de ecos respondieron a las palabras de Matitiahu. Enseguida
se reunieron a su alrededor cantidad de hombres valientes. Matitiahu
y sus hombres recorrieron toda la tierra de Israel, arrasaron
los idolátricos altares, circuncidaron a los incircuncisos,
y mataron a todos los traidores que habian traicionado al pueblo
y a la Torá.
Asi
comenzó la gran lucha entre los helénicos y los
judios. Y Matitiahu HaJashmonahi y sus hijos son los que encabezaron
la rebelión contra el rey Antiojus el malvado.