HALEL
La estructura incorpórea
Psicología
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Conectándose con la vida

Una Energía Infinita
La vida es el mayor de los milagros: de la “nada” surge una energía que vivifica la materia. Una “Energía Infinita” que anima lo corpóreo y cuando ésta se retira cesa la vida orgánica.
Aunque la materia pueda revelar diferentes formas de la vida, la vida no es obra de la materia.
¿Dónde estábamos antes de ser los seres que somos en esta vida?
¿A dónde va la energía que ahora nos anima cuando abandona el cuerpo?
“Nada se destruye todo se transforma”

Conectándose con la vida
Estamos estructurados de forma tal que no podemos funcionar sin un orden. Cuando las circunstancias que atravesamos escapan a nuestro control “no encajan en nuestros moldes” nos invade una sensación de vacío e impotencia. Ante ello podemos adoptar diferentes actitudes: Violencia, depresión, indiferencia o creatividad.
Violencia y depresión son dos caras de la misma moneda: destruir a otros o destruirnos a nosotros mismos.
La indiferencia surge cuando reducimos la realidad a lo conocido, a “nuestro estándar”. En este caso toda nueva situación que escapa a nuestros parámetros la forzamos a encajar en los esquemas conocidos, tendemos a “ajustar” todo y a todos a “nuestra medida”. Así ocultamos nuestras carencias e inseguridades y nos justificamos al evadir las situaciones que nos desafían a desarrollarnos. Del mismo modo que los animales invertebrados se esconden en su caparazón, así los seres humanos construimos a veces cáscaras con nuestros miedos e inseguridades para “protegernos” de lo que escapa a nuestro dominio.
Creatividad, en cambio, es la opción que activa todo nuestro potencial ya que debemos esforzarnos por reestructurar nuestra forma de comprender e incorporar elementos que hasta ahora habíamos dejado de lado. Así como el cuerpo se recrea para seguir vivo, así nuestra vida emocional, mental y espiritual debe renovarse constantemente para conectarnos con la vida en toda su dimensión.

Torá, vida, amor y renovación
Renovarse es vivir. Vivir y amar significa revelar Luz, en hebreo Or. La Luz ilumina la oscuridad y revela conciencia donde hay ignorancia, comprensión donde hay confusión y paz donde hay conflictos.
Torá es luz, amor y vida. El amor y la vida son el resultado de la interacción de lo femenino y lo masculino. Hay una Luz masculina Or y hay una Luz femenina, Orá. Las dos son expresadas en diferentes formas tanto por la mujer como por el hombre.
Así como la simiente del hombre no da a Luz sin la mujer, así una idea precisa ser desarrollada para poder ser implementada. La Luz masculina es aquella que contiene todo en potencia, es puntual, la femenina en cambio expande y desarrolla.
La Luz masculina investiga lo oculto y abre nuevos caminos.
La Luz femenina crea espacios para que luces más altas se revelen. La simiente que llega a la mujer a través del hombre va a revelar algo nuevo que nunca existió. La Luz femenina tiene el potencial de integrar en la realidad otra realidad completamente nueva y diferente. Creamos cuando somos capaces de armonizar en nuestro interior la dos luces.
La entrega de la Torá nos revela del secreto más precioso del universo, el secreto de la vida, del amor y de la Luz.

Inspiración, la fecundación de la Luz Infinita
La realidad con todos sus detalles y componentes nos sobrepasa cuando la analizamos únicamente con la mente masculina. El verdadero desarrollo espiritual comienza cuando la mente masculina, que todo lo mide, reconoce el momento en el cual debe rendirse ante lo imponente de ese Orden Absoluto que rige todos los órdenes de la Realidad y deja lugar a la mente femenina. Ello es similar al músico que estudia la obra en forma mesurada y calcula el movimiento que cada dedo debe realizar. Pero en el concierto ya no hay cálculo ni medida, hay entrega y éxtasis. Ahora no es él quien tañe su instrumento, sino que ahora él mismo se transforma en el instrumento de una Fuerza Superior a través del cual la música fluye.
Los grandes sabios, profetas, artistas y científicos son quienes descubrieron o intuyeron cómo utilizar la potencia de la mente masculina hasta que la Luz Infinita los fecunda con la inspiración. Como la matriz que recibe la simiente y luego la desarrolla.

Los límites mentales
Cuando el racionalismo dice que todo depende de la mente humana se refiere en realidad al uso parcial de la mente: lo masculino disociado de lo femenino.
Esa mente concibe el conocimiento sólo a partir de la especulación intelectual. Controlando y midiendo no logra liberarse de sus propios moldes y esquemas.
Si la fuente de todo conocimiento sería el resultado de transformaciones de un conocimiento previo podemos llegar a dos conclusiones: que su principio es infinito o que esa cadena tuvo un comienzo y ese comienzo no estuvo basado en un conocimiento previo, surgió de la nada…

El potencial de crear
La mente femenina tiene el potencial de crear el espacio para que “ese comienzo que no estuvo basado en un conocimiento previo” fecunde a la mente revelando algo nuevo, algo que nunca antes nadie concibió.
Así como la mujer y el hombre son imprescindibles para que una nueva alma llegue al mundo, así el conocimiento interior de la Torá, resultado de la interacción armónica de la mente femenina y la masculina, recrea las vivencias esenciales que trascienden la más sofisticada elaboración intelectual: Torát Jaím – Torá de Vidas

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