Estudiando
Estudio de los libros de la Torá
Shemot
+100%-

Bo

Primer comentario (Rab Moshe Hoffer)

Segundo comentario (Rab Daniel Oppenheimer, www.ajdut.com.ar)

Tercer comentario (De las enseñanzas del Lubavicher Rebe, Rabi M.M.Schneerson, www.jabad.org.ar)

Primer comentario – Educa al Joven segun su camino

Una de las mitzvot que se resalta en esta Perasha es la de la educacion. La Tora nos dice: “Vehigadta lebinja baiom ahu lemor: baabur ze hasa Hashem li betzeti mimitzraim” – “Y diras a tu hijo ese dia, diciendo: “esto es lo que hizo Hashem para mi al salir de Egipto” “. Dentro de nuestras obligaciones para con nuestros hijos, nos preguntamos ¿cual es el mejor metodo para enseñar? Muchos libros e ideas se escribieron al respecto. Algunos sostienen que lo mejor es un marco de “severidad y rigidez”, sin permitirle al pequenio su autodesarrollo, su libertad. Otros piensan que la severidad priva al joven de su crecimiento, como si le pusieran esposas en sus brazos. Hashem escribe en la Tora que Abraham fue un gran educador: “Porque lo conozco, pues el ordena a sus hijos y a su casa que cuiden el camino de Hashem”.

El Rambam en las Leyes de idolatria explica el sistema que aplico Abraham: “Le enseñaba a cada uno segun su pensamiento y lo encaminaba por las sendas de la verdad”. Algo fundamental es saber acercarse al otro y en relacion a su capacidad explicarle, ejemplificarle. Si el niño comprende es muy probable que obedezca, pues comprende la importancia del deber que le encomiendan. Cuando los iehudim estaban luchando por salir de Egipto por intermedio de Moshe, cada vez que Parho iba a permitirles salir, nunca lo queria hacer de manera absoluta, es decir que los dejaba salir solo parcialmente. Antes de mandarles la plaga de la langosta, Parho les pregunta ¿quienes van a ir? Moshe responde: “Con nuestros jovenes y con nuestros ancianos iremos; con nuestros hijos y con nuestras hijas. Con nuestro ganado ovino y con el vacuno iremos, pues fiesta de Hashem es para nosotros”. Moshe Rabenu puntualiza claramente la postura de la Tora.

La educacion, la enseñanza es para todos, no solamente para los hombres; ni tampoco especificamente para los mayores, todo lo contrario: en lo que respecta a Jinuj (educacion) los jovenes tienen prioridad. Lamentablemente, muchas de aquellas personas que argumenetaban que la educacion judia se debe postergar para cuando sean mayores, no fueron concientes de las consecuencias de semejante error. Para corroborar con lo que estamos diciendo encontramos en Melajim: y no lo entristecio su padre en sus dias diciendo: ¿Por que hiciste asi? El pasuk (versículo) nos relata cual fue el motivo por el que se rebelo el hijo de David, pues su padre no lo reprendia. Cada hijo tiene una manera diferente de ser. Nuestra sabiduria debemos aplicarla en educar al joven segun su camino.

Rab Moshe M Hoffer


Segundo comentario – Se busca un líder

Como parte de vivir en una democracia, sabemos de nuestro derecho y deber cívico de elegir a la administración y a las autoridades del país cada tantos años. Nos acostumbramos también que, ni bien se saben los resultados de una elección, ya se van posicionando los candidatos en miras a la próxima elección. Todo hace parecer que ejercer la autoridad es algo deseable. Quienes se postulan como candidatos no escatiman esfuerzos y palabras huecas para llegar al poder. ¿No vemos, acaso, el esmero que hacen todos los políticos para limar su imagen frente a las cámaras? ¿Cómo llenan las calles de posters con sus fotos de cuando eran 20 años más jóvenes…? ¿Cómo miden sus palabras para presentarse ante el público interno y externo como estadistas confiables (que van a pagar la deuda externa sin subir los impuestos)? ¿Cómo inventan slogans que no dicen nada sustancioso, pero parecen atraer a multitudes (“se puede”, “síganme, que no los voy a defraudar”, “por un futuro mejor”, “todos unidos triunfaremos”, etc.)

Ya como votantes veteranos, frente a las urnas, votamos al… que menos daño pensamos que nos va a ocasionar. Las palabras ya no nos convencen y, menos aun, creemos que alguno de ellos tenga realmente vocación de estar al “servicio de la comunidad” como tendría, por ejemplo, la policía… ¿Es realmente “bueno” ser autoridad? Los Sabios ya nos advirtieron a “odiar la aspiración (propia) de convertirse en patrón” (Pirkei Avot 1).

El Tana”j y nuestra historia nos muestran como los verdaderamente “grandes” hicieron todo lo posible para liberarse de la obligación de ejercer el mando. De esto, existen muchos ejemplos, pero a quien nos queremos dedicar hoy, es a Moshé, nuestro maestro. Siete días estuvo D”s convenciéndolo que asumiera la misión de ir delante del Faraón para exigirle que permitiera la salida del pueblo de Israel “para festejar a D”s en el desierto”. Moshé se resistía. No confiaba en ser el más indicado. ¿Por qué tanta insistencia por parte de D”s? ¿Era Moshé un buen estratega militar? ¿Inspiraba confianza con su dialéctica? ¿Sabía enardecer a las masas? No. Moshé reunía las características que requiere una persona para que D”s lo vea apto para transmitir Su palabra.

Estas condiciones no se redujeron a la persona de Moshé, sino que fueron requisitos para todos los profetas que le siguieron. No obstante, la misión de Moshé sería única (no sólo debería llevar a cabo las plagas y maravillas en Egipto frente al Faraón y al pueblo, sino que debería conducir a un pueblo sumamente rebelde hasta la tierra de Israel, transmitirles las leyes de la Torá y adiestrarlos para que las observaran), como así también no se volvería a repetir un profeta en Israel con la grandeza de Moshé (este es el séptimo de los 13 artículos básicos de la fé judía). ¿Cuáles fueron estas características? Estudiemos un poco su historia. Moshé se crió en el palacio del Faraón. No le faltaba nada. Llegó a ser el responsable del palacio del Faraón (Rash”i). No estaba atado a las tareas que debían cumplir los demás hebreos y tenía un “buen pasar”. Moshé salió del palacio y vio el dolor de sus hermanos. Ahora, querido lector, debo aclararle que distintas maneras de “ver” las cosas. Todos los que no somos ciegos, vemos muchas cosas a diario. Algunas nos impresionan y otras no nos “mueven un pelo”.

Simplemente las vimos, y seguimos con lo nuestro. Moshé, en cambio, vio a sus hermanos y… actuó acorde a lo que vio. Sintió el dolor del sufrimiento de cada uno de ellos. Intentó, según el Midrash, ayudar a sostener la pesada carga que debían soportar. Se solidarizó. Al ver como un supervisor egipcio estaba maltratando injustamente a un hebreo, fue inmediatamente a socorrerlo y eliminó al agresor. Cuando, ya en Midián, se encontró con que los pastores molestaban a las hijas de Itró, volvió a brindar su apoyo por las mujeres indefensas. Esta es una cualidad de Moshé: Solidaridad con el dolor y la necesidad ajenos. Al día siguiente del episodio con el egipcio, encontró a dos hebreos peleando. Moshé cuestiona: “¿Por qué le pegas a tu compañero?” Convicción. Le sería muy necesaria en el futuro cuando estaría enfrentado al pueblo entero para hacer valer la palabra de D”s en contra de la voluntad y el ánimo popular. D”s le ofrece a Moshé el cargo de guía del pueblo. “¿Quién soy yo para merecerme tal honor?” Modestia. No hubo persona modesta como Moshé en toda la historia de la humanidad. Modestia no significa desconocer las propias facultades y habilidades para emprender una tarea. Eso es haraganería. Modestia sí es el reconocimiento de que le falta mucho a uno para ser lo que verdaderamente podría llegar a ser.

El Talmud aprende de Moshé que D”s hace morar su profecía sobre personas que son “sabias, fuertes, ricas y modestas”. Lo de “sabio” tiene que ver con el deseo de hacer uso de la inteligencia que D”s nos brindó y “aprender de cada persona” – sin mostrar soberbia. Sobre Moshé dice, al momento de equivocarse: “reconoció, sin sentir vergüenza”. “Fuerte”, desde lo físico, implica que ve claramente lo que D”s le quiere mostrar y no se confunde con alucinaciones. “Rico” es aquel que no necesita obsequios ajenos y, por lo tanto, será difícil de sobornar. El “modesto” transmite objetivamente aquello que se le encargó y no intenta “incluirse” en los libros de historia. Sólo un Moshé puede “implorar”, “clamar” y “extender sus manos en súplicas” por el dolor del Faraón y el de los egipcios, cuando les ocurrían las plagas. Cualquier persona de menos calibre, si no se deleitara en ver sufrir a estos malvados sádicos, al menos estaría de acuerdo en que se les aplique el rigor de la Justicia Di-vina por obrar como lo que habían hecho los egipcios. Sin embargo, es importante no saltear una reflexión. Por grande que fuese Moshé, no estuvo “por encima de la ley”. Nadie escapa a la exigencia minuciosa de D”s… y aun menos los grandes tzadikim (lo cual contradice totalmente el concepto moderno del poder).

En camino a Egipto, Moshé dilató el cumplimiento del Brit Milá de su segundo hijo, quien había nacido justo antes de partir. D”s estuvo dispuesto a prescindir de Moshé por esta negligencia (a pesar de haber estado insistiéndole siete días en que aceptara el cargo) y Moshé se salvó únicamente porque Tziporá circuncidó a su hijo en aquel momento. No hay mayor grandeza en el ser humano que ser fiel cumplidor de la ley Di-vina, y esto también lo aprendemos de Moshé (R.SH.R. Hirsch). En todo grupo humano, encontramos algunas personas que tienen un carisma especial. A veces nos parece que hubiesen nacido para ser líderes, posiblemente porque todos los escuchan y los siguen.

En realidad tener esta aptitud (la de atraer con facilidad a los demás o la de ser un modelo nato para otros) es una tremenda responsabilidad. Si bien, en última instancia, cada persona es responsable por si mismo, quien ejerce un liderazgo negativo, también se le atribuye responsabilidad por quienes se copiaron de sus errores. (Pirkei Avot cap. 5, en referencia a Ieravam ben Nevat). Está en manos de los educadores, hacerle ver a quienes son influyentes, aquella responsabilidad que les cabe para ejercerla para el bien. Y, al margen de todo lo que dijimos y volviendo a la persona de Moshé, no debemos olvidar las palabras del Ramba”m quien nos recuerda que, aunque no nos toque nunca ese rol, “todos podemos ser santos como Moshé”. El Talmud busca un indicio de Moshé en la Torá (fuera de donde expresamente está mencionado) y lo encuentra en “Beshagam hu basar” (= pues aun él es carne – en referencia a la fracasada generación del diluvio). La libertad de ser santos como Moshé se extiende hasta a la población corrupta del diluvio. Hablar de Moshé es hablar, entonces, de nuestro propio potencial y el de todo ser humano, si no necesariamente en capacidad intelectual o de liderazgo, sí, sin embargo, en la posibilidad infinita de grandeza moral.

Daniel Oppenheimer


Tercer comentario – Alma del Mal

Y Di-s dijo a Moshé: “Ven al Faraón; pues Yo he endurecido su corazón y el corazón de sus sirvientes para que pueda mostrar Mis señales en su medio…”. — Exodo 10:1

“Por qué dice: “Ven al Faraón”? Debería haber dicho: “Ve al Faraón”… Es que Di-s trajo a Moshé a una cámara dentro de otra, a la… serpiente superna y poderosa de la cual muchos niveles evolucionan… pues Moshé temía acercarse por sí mismo… — Zohar II , 34a

Entre las cincuenta y tres secciones de la Torá, varias se destacan como hitos en su narrativa de la historia de la humanidad y el pueblo de Israel. La sección de Bereshit cuenta la creación del mundo por parte de Di-s en seis días y la expulsión de Adám del Edén; Lej Lejá describe los viajes de Avraham para llevar la verdad del Di-s Unico al mundo pagano; Itró incluye la revelación en Sinaí y la Entrega de la Torá a Israel; y así sucesivamente.

Una lista de las secciones principales de la Torá seguramente incluiría la sección de Bo (Exodo 10:13), que cuenta el Exodo de los Hijos de Israel de la Tierra de Egipto.

El Exodo marcó nuestro nacimiento como pueblo [1], y se requiere de nosotros “Recuerda el día que saliste de Egipto, todos los días de tu vida”[2]. De hecho, cuando Di-s Se reveló a nosotros en Sinaí, Se presentó no como el Creador de cielo y tierra, sino como “…tu Di-s, quien te sacó de la tierra de Egipto”[3]. Pues el elemento definitorio de nuestra relación con Di-s no es el que seamos seres creado por El (de los que hay muchos otros en el mundo de Di-s), sino el que somos seres libres, seres en quienes El ha investido de Su propia eternidad e infinidad, seres facultados por El para trascender las limitaciones del mundo material y los límites de sus propias naturalezas.

El Nombre

Bo significa “ven”. El nombre deriva del versículo de apertura de la sección, en el que Di-s instruye a Moshé “ven al Faraón” para advertirle de la séptima plaga (la de langostas) y una vez más transmitir la demanda Divina que el regente de Egipto deje en libertad a los Hijos de Israel. La Torá considera el nombre de una cosa como la articulación de su esencia [4]; ciertamente, así es el caso con los propios nombres de la Torá para sí misma y sus componentes. El nombre de una sección de la Torá siempre transmite su mensaje primario y el tema común de todas sus subsecciones y narrativas[5].

Por lo tanto, sería de esperar que la sección del Exodo se llamara “Exodo”, “Libertad”, o algún otro nombre que exprese la importancia de este suceso definitorio en la historia de Israel. En cambio, deriva su nombre de la presentación de Moshé ante el Faraón, un evento que no parece más que preliminar al Exodo. De hecho, el concepto del líder de Israel yendo al palacio del Faraón para solicitarle dejar partir al pueblo judío -implicando que los judíos todavía están sometidos a Egipto y su gobernante-parece la antítesis misma del Exodo!

La frase “Ven al Faraón” también evoca mucha discusión entre los comentaristas. ¿Por qué dice Di-s a Moshé que venga al Faraón?¿No hubiera sido más apropiado decir: “Ve al Faraón”? El Zohar explica que Moshé temía enfrentarse al Faraón dentro de su palacio, en el eje de su poder. (En ocasiones anteriores, Moshé había sido encaminado a encontrarse con el Faraón en otros lugares, tal como en las excursiones matinales del rey al Nilo[6]). De modo que Di-s prometió a Moshé que El Mismo lo acompañará al Faraón. La palabra “ven”, así, ha de ser entendida en el sentido de “ven conmigo”; Di-s dice a Moshé: “Ven conmigo al Faraón”.

El Zohar prosigue diciendo que Moshé está siendo invitado por Di-s a encontrarse con la esencia más interior del regente y dios de Egipto. Así, tenemos otro significado más para la frase “Ven al Faraón”: “ven” en el sentido de “ingresa a su interior”. Para liberar al pueblo de Israel de la “grande y potente serpiente”, no bastaba con meramente ir al Faraón; Moshé debía introducirse en el núcleo del Faraón, en la raíz misma de su poder.

Mi Río

¿Quién es el Faraón y qué representa? ¿Cuál es su “esencia más Intima”? ¿Por qué temía Moshé enfrentar al Faraón en su palacio si Di-s Mismo lo había enviado allí? ¿Y de qué manera venir “dentro del Faraón” constituye la clave para el Exodo de Egipto y la liberación del alma del hombre?

El profeta Iejezkel describe al Faraón como “la gran serpiente que habita en medio de sus arroyos, quien dice: “Mi río es mío, y yo me he hecho a mí mismo”” [7]. En otras palabras, la maldad del Faraón no se define por la promiscuidad que caracterizaba a los cultos paganos de Egipto, ni por su esclavización y tortura de millones, ni por bañarse en la sangre de ni los degollados, sino por su egocentrismo, por considerarse a sí mismo la fuente y norma de todo. Pues ésta es la raíz de todo mal. El egocentrismo podría parecer un pecado benigno en comparación con los actos de crueldad y depravación a que el hombre puede hundirse, pero es la fuente y esencia de todos ellos. Cuando la persona considera su ser y necesidades árbitro definitorio de lo correcto e incorrecto, su moralidad -y podría ser inicialmente el más moral de los hombres- está despojada de valor. Semejante persona es, en última instancia, capaz de cualquier acto, de considerarlo crucial para sí mismo o para su auto-definida visión de la realidad.

En última instancia, cada acto de bien es un acto de abnegación, y cada acto de mal es un acto de auto-deificación. Cuando una persona hace una buena acción -ya sea si implica contribuir con una única moneda para caridad o dedicar la vida entera a una causa Divina- está diciendo: hay algo más grande que yo, a lo que estoy comprometido. Cuando una persona infringe la voluntad Divina -sea con una transgresió menor o con el más atroz de los crímenes- está diciendo: “Mi río es mío, y yo me he hecho a mí mismo”; el bien es lo que es bueno para mí, el mal es lo que es contrario a mi voluntad; yo soy el amo de mi realidad, yo soy dios. El Secreto

Entonces, ¿el ego es malo? ¿Es este componente fundamental de nuestra alma un implante ajeno que debe desarraigarse y ser desechado en nuestra procura de bien y verdad?

En el análisis final, no. Pues la ley cardinal de la realidad es que “no hay nada aparte de El” [8]; que nada es contrario a, o siquiera separado de, el Creador y la Fuente de todo. El ego, el sentido del propio ser con que nacemos, también deriva de Di-s; de hecho, es un reflejo del Divino “ego”. Porque Di-s Se conoce a Sí mismo como la única auténtica existencia, nosotros, creados a Su imagen, poseemos una aproximación de Su “sensación de ser” en la forma de nuestro propio concepto del ser como núcleo de toda existencia. No es el ego lo malo, sino el divorcio del ego de su Fuente. Cuando reconocemos nuestro propio ego como un reflejo del “ego” de Di-s y lo sometemos al Suyo, se convierte en la fuerza impulsora de nuestros esfuerzos por hacer del mundo un lugar mejor, más Divino. Pero el mismo ego, separado de sus Divinas amarras, engendra la más monstruosa de las maldades.

Cuando Di-s ordenó a Moshé “Ven al Faraón”, Moshé ya había estado visitando al Faraón durante muchos meses. Pero había estado tratando con el Faraón en sus diversas manifestaciones: Faraón el pagano, Faraón el opresor de Israel, Faraón el dios de propia manufactura. Ahora se le estaba diciendo que se introdujera en la esencia del Faraón, en el alma del mal. Ahora se le estaba diciendo que penetrara más allá de la maldad del Faraón, más allá del megaego que insiste en que “yo me he creado a Mí Mismo”, para enfrentar la esencia del Faraón; el desnudo “yo” que emana del mismísimo “ser” de Di-s. Moshé no temía el mal del Faraón. Si Di-s lo había enviado, Di-s lo protegería. Pero cuando Di-s le dijo que se introdujera en la esencia del Faraón, se aterrorizó. ¿Cómo puede un ser humano contemplar semejante manifestación pura de la verdad Divina, una tan sublime que trasciende el bien y el mal y es igualmente la fuente de ambos?

Dijo Di-s a Moshé: “Ven al Faraón”. Ven conmigo, y juntos penetraremos en el gran palacio de la serpiente. Juntos penetraremos la auto-veneración que es el corazón del mal. Juntos descubriremos que el mal no tiene substancia ni realidad; que todo lo que es, es la malversación de lo Divino en el hombre.Si esta verdad es demasiado aterrorizadora como para que un ser humano la enfrente por sí mismo, ven conmigo, y Yo te orientaré. Yo te llevaré a la cámara más Intima del alma del Faraón, hasta que estés cara a cara con el más celosamente protegido secreto del mal: que, en verdad, no existe.

Cuando aprendas este secreto, ningún mal te derrotará jamás. Cuando aprendas este secreto, tú y tu pueblo serán libres.

Basado en Sefer HaSijot 5752, Vol. I, pág. 280 y ss.

Notas: 1. Ezekiel 16. Comp. con Mejilta, Beshalaj 14:30; Midrash Tehilím 107:4; Ialkut Shimoní sobre Deuteronomio 4:34, y en otros lugares. 2. Deuteronomio 16:3 – un mandamiento que cumplimos recitando la tercera sección del Shemá (Números 15:37-41) cada mañana y noche (vease Hagada de Pesaj, sobre “Amar Rabi Elazar”; vease tambien Talmud, Pesajim 116b). 3. El primero de los Diez Mandamientos, Exodo 20:2. 4. Vease Genesis 2:19; Midrashim y comentaristas sobre el versiculo; Tania, Segunda Parte, cap. 1. 5. Frecuentemente, el nombre de una sección de la Torá pareceria derivarse meramente de sus versiculos de apertura, con poca conexion visible con su contenido total. Por ejemplo, Jaia Sara (“La Vida de Sara”) comienza de hecho con la muerte y el entierro de Sara, y prosigue narrando sucesos acaecidos luego de su defunción. Pero un analisis y examen en profundidad de los contenidos de la seccion siempre revela que su tema comun y el principio axial son expresados por su nombre (vease Likutei Sijot, Vol. V, pag. 57 y ss.; Vol. XV, pag. 145 y ss.; Vol. XVI, pag. 200 y ss.; y en otros lugares. Vease tambien “La Historia Humana en Doce Palabras”, en el numero 109 de “El Rebe Enseña”. 6. Comp. con Exodo 7:15, 8:17, y en otros lugares. 7. Ezekiel 29:3. 8. Deuteronomio 4:35.

1 comentario
  1. jose reinel

    baruj hakadosh por darnos su sagrado entendimiento..baruj ju..
    toda raba por brindarnos esta hermosa enseñansa… hashem ubraja

    4 Febrero, 2017 a las 2:25 pm

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