Estudiando
Estudio de los libros de la Torá
Vaikrá
+100%-

Behar – Bejukotai

Primer comentario (Enseñanza Semanal de Jabad Lubavitch, www.jabad.org.ar)

Segundo comentario (Rab Daniel Oppenheimer, www.ajdut.com.ar)

Tercer comentario (Rabino Iosef Meta)

Primer comentario – “El influjo ilimitado de la Torá”

“Y Enviaré vuestras lluvias en su momento”(Vaikrá 26:4) El tema central de Parshat Bejukotai es la recompensa y el castigo. Di-s asegura bienestar y bendición en abundancia como retribución por el cumplimiento de las Mitzvot, y así también advierte acerca de las consecuencias negativas que acarrea el incumplimiento de la Torá y sus preceptos. Como paga por la observancia de las Mitzvot, encontramos un raudal de bendiciones en el plano material -lluvias, sustento, victoria en las batallas, desaparición de animales salvajes, paz y armonía, etc.

Esto despierta un interrogante: ¿No es acaso lo importante y verdadero del cumplimiento de los preceptos el beneficio espiritual en vez de la recompensa?. Además, Nuestros Sabios en el Pirkei Avot nos indican: “No seáis cual sirvientes que sirven a su amo para recibir recompensa”. ¿Por qué se pone aquí tanto énfasis en la paga material por el cumplimiento de los preceptos?.

Por qué el Mashiaj en temas materiales?

La misma duda se despierta pero con más fuerza con respecto a la descripción de la Torá de la abundancia fabulosa de bienestar material que habrá en la época del Mashíaj. Nuestros Sabios nos dicen: Cuando se plante una semilla, inmediatamente crecerá la planta y dará fruto; el sabor del tronco será igual al de la fruta, y muchos aspectos maravillosos más. Sabemos que, con la llegada del Mashíaj se verá abiertamente y en la máxima expresión la revelación Divina, hasta el punto que, como acota Maimónides: “el mundo se ocupará únicamente de conocer a Di-s”. Todas las “delicias” serán considerados “polvo”. En una situación espiritual de nivel tan elevado, la riqueza material no tendrá ningún sentido, y sólo será un medio que permitirá a los iehudim “dedicarse a la Torá y al servicio a Di-s”. ¿Por qué entonces, esta exuberancia?.

La fuerza de la vida

La respuesta es, que la abundancia material como consecuencia del cumplimiento de los preceptos, refleja la verdadera dimensión de lo que es la Torá. Sobre ella está dicho: “Es tu vida y la extensión de tus días”. La Torá no es simplemente un aspecto más de la existencia, incluso el más excelso y elevado, pero al fin y al cabo un aspecto más, sino que la Torá es la esencia. Es la vida del judío y por ende, la esencia del mundo, de la existencia toda. Resulta lógico entonces, que superabundancia espiritual en Torá y Mitzvot-la esencia, la vida-traerá profusión en todos los planos, también en los terrenales y mundanos.

La perfección de la redención

El hecho que la paga por el cumplimiento de la Torá y sus Mitzvot se reflejará en el aspecto físico, nos muestra que realmente la Torá “Todo lo abarca” pues es la esencia. Así como cuando en el hombre se despierta un sentimiento de alegría que afecta a su ser, ésta no permanece únicamente en el aspecto espiritual sino se dispersa y manifiesta en todos los miembros del cuerpo, incluso en las piernas, que se elevan para bailar de alegría- así la Torá que es “tu vida” cuando es cumplida y estudiada, tiene su efecto en la totalidad de la realidad del hombre, también en los aspectos físicos, trayendo bendición y abundancia. Cuando los iehudim se comportan de acuerdo a la Torá, traen superabundancia al mundo. La perfección de esto será alcanzada en la época de la Redención, cuando el mundo físico esté superficialmente refinado como para poder recibir de la Torá sus bendiciones ilimitadas y maravillosas.

Likutei Sijot 37, Pág. 79.


Segundo Comentario – EL ARTE DE “CORREGIR” III

En las últimas dos publicaciones (1 y 2) del Ajdut nos dedicamos a ilustrar al lector sobre la delicada Mitzvá de tratar de corregir las malas costumbres ajenas. En todo momento, nos referimos a la figura hacia quien estaba dirigido nuestro interés, como un tercero con quien nuestra relación posiblemente sea inconstante o poco frecuente, es decir, una persona con quien tenemos cierta familiaridad, pero con quien podemos estrechar el vínculo o bien podemos tomar cierta distancia. Esos podrían ser: compañeros de estudios, socios laborales, conocidos de la comunidad o parientes. Sin embargo, cuando la relación es más estrecha, como ser padres, hijos, hermanos y cónyuges, no existe la viabilidad de tomar distancia sin que esto genere alguna fricción y malestar. La Mitzvá, no obstante, es la misma, y, dada la proximidad natural y la intimidad habitual, los errores suelen ser más penosos que si se tratara de otras personas con quienes el vínculo es más remoto.

Entre todos los parientes, el conflicto más ingrato se crea con el propio hijo. ¿Por qué? Pues en cuanto al hijo, el padre y la madre tienen la obligación innata (por sentir a su hijo como “propio” y para “quedar bien” ante la sociedad) y también sagrada (por orden de la Torá) de educarlo. Siendo así, no hay frialdad o desapego posible. Los padres están ligados al futuro de sus hijos en una unión que no tiene comparación con ningún otro vínculo y todo lo que hagan los afecta le algún modo. Los padres gozan de los éxitos de sus hijos, sufren con sus penas y enfermedades como si ellos mismos padecieran ese mal y están pendientes de cada paso correcto o equivocado de sus hijos. Dado este contexto, a menudo los padres se sienten frustrados y desilusionados con algún aspecto de los hijos “que le tocaron”. Vuelcan esta desgracia y este infortunio sobre las cabezas de sus pequeños, tratando de rectificar el curso de los eventos para adecuarlo a sus propias expectativas. De ahí que los padres a menudo se conviertan en los peores agresores de sus hijos, cuando, en el curso de “corregir” lo que ellos entienden que se debe modificar, provocan peores males emocionales que el perjuicio supuesto o genuino que alegan enmendar. Obviamente, esto que acabo de escribir es muy genérico, y no es bueno generalizar. Por lo tanto, es interesante leer lo que los Sabios recomendaron respecto a los hijos, para intentar proceder de acuerdo a sus enseñanzas. Se trata de conceptos difíciles de poner en práctica, pero sin duda que en última instancia, los beneficiados serán los propios padres y sus hijos.

Ante todo: “Como principio, una persona no debe implementar un temor excesivo en su hogar…” enseña la Guemará en Guitín 6. La autoridad genuina no necesita asistirse con el miedo para hacerse valer. En otras áreas de la vida todos sabemos quien es autoridad en un tema determinado al tomar conciencia que esa persona conoce profundamente la materia. A su vez en la paternidad, los padres son autoridad, no porque la constitución del país les otorgó la potestad, ni porque asusten a alguien con su prepotencia, o necesariamente por su superioridad intelectual frente a los hijos, sino porque éstos ven en ellos a sus progenitores y, desde chicos, buscan imitarlos – para bien – y/o para mal.

Por otro lado, los Sabios cuestionan al rey David por no advertir a su hijo Adoniahu la vida pública que llevaba (aparentaba ser el futuro rey, cuando D”s había determinado que sería Shlomó el heredero del trono – Melajim 1. Adoniahu terminó ejecutado). Lo que nos quieren demostrar con esta enseñanza, es que el hecho de no decir las cosas que están mal – quizás por temor a “perder” al hijo – en realidad juega en contra de los objetivos genuinos del padre – y del hijo. Cuando la reprimenda es necesaria, se convierte en un “derecho” del hijo, que al privárselo, sólo se lo está dañando. (Lo cual no significa que se lo reprenda en cualquier momento y modo que se le venga a la mente del progenitor). “Todo amor que no lleva consigo una admonición o exhortación, no se denomina amor (Bereshit Rabá 54).

¿Cuál es el camino óptimo? “Como pauta, debe ser la mano izquierda la que aleja y la derecha la que acerca” (Talmud Sotá 47). La mano derecha simboliza la más fuerte de las dos. La confianza irrestricta donde no se distingue la figura del padre, ni la distancia fría que aleja los corazones, brindan el espacio ideal para la educación. Es necesario que ambas conductas convivan en un mismo vínculo – dando prioridad y mayor fuerza – a la familiaridad y a la franqueza. ¿Acróbatas? No. “Simplemente” padres. ¿Nunca escuchó estos temas que acabamos de enunciar?

Ud. no es el primer padre que no tomó clases de educación, y, lamentablemente, no será el último. Pero no se desanime. Ahora es el momento para comenzar a pensar y actuar, si aun no lo hizo o si solamente “tocó de oídos”. Existen conductas de los hijos que nos irritan. “Ya le dije tantas veces que no se trepe… ‘Bájate de allíííí…’, ‘Siempre andás con la camisa afuera’, ‘”. Pues ahí sigue la recomendación de los Sabios de emplear : “el enojo del semblante y no un enojo del corazón” (= aparentar o fingir disgusto frente al hijo, en caso de necesidad, pero que internamente no se encolerice – Mesilat Iesharim de R. Moshé Jaim Luzzatto, 11). No se tome los desafíos educativos de sus hijos con agitación, turbación y angustia. No ganará nada. El es un niño y es suya la tarea de enseñarle. ¿O pensó que de su panza saldría un adulto que no requeriría de su cuidado? Tristemente, no funciona siempre así. La reacción de muchos padres irascibles suele ser más una venganza que un castigo (Alei Shur del R. Shlomó Wolbe shlit”a). “Mirá lo que me hizo” – “Me ensució la cocina” – “Me arruinó la reunión” – “Me vino con una mala nota”. Todos esos “me”, sólo significan egoísmo de los padres. Los niños no “les” hacen problemas. Sólo se portan como niños. Cuando los padres los sancionan, suele ser más una represalia por su propia frustración que una merecida penitencia. Vemos entonces, que si bien el tema de corregir siempre es un reto, con los hijos se torna más grave. A su vez, no podemos dejar de mencionar el tema de la impresión que causa en los niños, quienes están aún en su etapa evolutiva, toda agresión que sufran de terceros y, en particular, la de sus padres.

Muchos coincidirán que las palizas que reciben por lo general no rectifican nada, y menos aún, si se administran con mucha frecuencia, sino que casi indefectiblemente, tendrán el efecto contrario. Sin embargo, lo que pocos notan, son los resultados del abuso verbal del cual son objeto los propios hijos. La lectura de esta semana nos prohibe herir a cualquier persona con la palabra (ona’at devarim). Los epítetos indeseados que le dicen al niño, aun en casa, duelen y mucho. Lo mismo sucede con los gritos, las amenazas , presiones y comentarios cínicos ante los fracasos. Lo que seguramente sucederá, es que en el futuro el niño, y luego el adulto, repita estas ofensas en contra de otros, o, al menos, contra sus propios hijos. En esta rueda, la violencia sólo genera más de lo mismo. Por otro lado, uno de los objetivos más importantes – que a menudo se pasa por alto – es la constitución de un ser humano con una sana auto-estima, que es lo que va a sostener al futuro adulto en los momentos críticos de su vida. El aliento para que siga adelante, el apoyo para que supere las dificultades, y la felicitación por el esfuerzo que significa cada paso que da, son los que, al fin de cuentas, motiven al joven a seguir creciendo en forma independiente, aun cuando ya no tenga la asistencia de sus progenitores.

Me siento tentado a terminar este Ajdut con el “continuará” de los anteriores. El tema de la educación de los hijos es un asunto que siempre continúa. Bajo un título u otro, D”s mediante, volveremos sobre esto para ampliar las ideas. Por hoy ya nos queda suficiente para reflexionar.

Daniel Oppenheimer


Tercer comentario – Paro General

Nuestra Parsha nos habla de conceptos muy importantes y profundos como ser, como comerciar, como debe ser la relación patrón – trabajador, la relación con nuestros semejantes etc. Escogimos un tema básico, que creemos es la base para las demás. El tema a tratar es “Shemita” que significa “Año Sabático”.

El paro proclamado era general, y reunía a todos los sectores. No era un paro de 24 horas, sino duraba todo un año! (354 días, según año lunar) No había negociaciones entre los empresarios y los trabajadores, tampoco había reclamos, ni se pedía aumento de salarios, ni mejores condiciones, ni indemnizaciones por enfermedad, ni nada que se le parezca a los paros generales de nuestra época.

Al finalizar el año volvían los trabajadores a sus trabajos en forma pacifica, sin necesidad de hacer conciliación alguna, sin tensión, y hasta la producción aumentaba, a pesar de no haberles pagado por ese año de paro general.

– Entonces, ¿Cuál es el sentido del Paro general?

– Porque es un precepto Divino que debemos parar, como esta escrito en Levítico 25.2-7. “Cuando vengan a la tierra…. guardara descanso sagrado para D-s. Seis años sembraras tu campo, y seis años podaras tu viña… y en el año séptimo descansará…. tu campo no lo sembraras y tu viña no la podaras …. y el fruto crecido espontaneo será para comer, para ti, para tu siervo y tu sierva, para tu jornalero, y para los forasteros que habitan con vos. Para tus animales ….. que hubiere en tu tierra, servirá todo aquel producto, como alimento.”

Si revisamos en estas leyes junto a los detalles prácticos que nos da la Tora Oral sobre este precepto, descubriremos el mensaje oculto de este precepto que renueva a la sociedad.

Ejercitemos con la imaginación, y pensemos en una sociedad en la cual se rige el Año Sabático, y veremos que seis años se vivía con una economía creciente, que se trabajaba para conseguir el sustento para vivir, y se perseguía sin fin el dinero y status social. Se desarrollaba la riqueza natural – la agricultura. Se sembraba los campos y se obtenía ganancias interesantes de la cosecha. Obviamente se regia todo por la oferta y demanda, movimientos de los mercados y variación en los precios con algún que otro engaño, provechoso para los negocios pero que dañan al alma. Un sistema de vida así, provoca, la necesidad interior de la ciudadanía a llegar a tener dinero, propiedades y demás bienes. Un poco más y un poco más ….. Era un país “Normal” totalmente, con una escala de valores hacia lo económico, y por ende el nivel social junto a la cultura del “quiero mas”, trajeron el sentimiento de discriminación y las luchas de las distintas clases hasta la destrucción misma.

Y dentro de esta vida tumultuosa – vino de repente el cambio. Al llegar el séptimo año – se para todo el sistema junto, y descansa toda la tierra. No era moderación del trabajo sino Paro General de un año entero. La situación se vuelve antieconómica.

Y veamos los resultados: Un decreto espiritual, nos impide trabajar la tierra, obtener ganancias de mis bienes, guardar producción. Un año mirando sus bienes, y como si no fuera de ellos. Se interrumpe el aprovechamiento de los recursos naturales para beneficio propio. Esta nueva realidad les enseña a ellos que eran hasta ahora esclavos de la cultura consumista que siempre quiere mas, que se fueron creando con la corrida sin limites detrás de las adquisiciones materiales. La interrupción temporaria de la misma mejora la visión de las cosas y permite volver al equilibrio del hombre. Incluso el campo que descansa proclama que también tiene su propio valor, que no solo esta dependiendo del hombre. El hombre no es dueño de todo, de hacer del campo lo que se le ocurra. Esto sería lo que aprende quien respeta Shemita en la tierra de la Shemita.

Pero observemos más todavía. ” …. y el fruto crecido espontaneo será para comer, para ti, para tu siervo y tu sierva, para tu jornalero, y para los forasteros que habitan con vos.” Esta orden anula por un año los limites de la propiedad particular. El capitalismo como ideal sufre un fuerte golpe, porque esta orden me dice, que mis campos se convierten en tierra de nadie por un año, y debo dejar que quien quiera, mis empleados, vecinos, pobres, etc., vengan y tomen de los frutos de mi propiedad, sin mi permiso, (porque incluso el derecho a dar permiso se me quita). Los campos y los arboles son abandonados.

Así es como esa inclinación de “poder” (que parece ser el objetivo principal de la sociedad) se revierte y capta el mensaje que trae esta orden de abandonar las tierras. De esta manera ejercitamos nuestro corazón, para entender que las posesiones no son valores por sí mismos. Un año me hará sentir esta realidad, para que los próximos seis años no vuelva a ser esclavo del dinero.

Pero también esta orden lleva otra noticia, la noticia de igualdad total de todos los ciudadanos del país, esta orden derriba de una vez toda división de clases. Los campos están abiertos ante todos por igual, dueños y empleados en el mismo nivel, los pobres se codean con gente de “la alta” que viven en zonas residenciales, todos ellos juntan sus alimentos de este año, y todos juntos. Y es una sensación de igualdad muy profunda, que seguramente les quedara aun cuando vuelvan al sistema de vida económica al año octavo!!

Si miramos mas aun veremos que también en la igualdad están también los animales, como dice el versículo “Para tus animales ….. que hubiere en tu tierra, servirá todo aquel producto, como alimento.” Delante de D-s somos todos iguales, incluso los animales.

Maimónides escribió “Los frutos del séptimo año solo se comen cuando todavía existe de esa especie en el campo, como versa: Para tus animales ….. que hubiere en tu tierra, servirá todo aquel producto, como alimento.” Todo el tiempo que los animales comen en el campo, vos podes comer de lo que tienes en tu casa. Se acabó en el campo para los animales, debes exterminar ese fruto de tu casa.” (Rambam Hal. Shemita veiobel 7.1.)

En este año no podes comer y hartarte si los animales no pueden comer al igual que vos. La igualdad es total porque hay un punto en común: Somos todos creados por D-s.En el año antieconómico también está prohibida la venta de frutos crecidos el año séptimo. (Rambam allí, 6.1.)

Durante un año entero los frutos son solo para consumo, sin que el comercio se entremeta. Durante un año entero recuerda el año sabático al judío, en un idioma claro, que D-s no hace brotar frutos, para que los especuladores del mercado se enriquezcan de ellos, El saca “el pan” de la tierra. “Pan” para alimentar a los seres vivientes, Es “pan” y no-mercancía. El descanso de la tierra nos hace volver al punto inicial.

Este es el proyecto antieconómico de Shemita, que cura y construye de nuevo la integridad moral del hombre. Este proyecto corta con las ambiciones del “poder” del “quiero mas” que destruye a la sociedad. El repaso de este proyecto, por lo menos cada siete años, probablemente corrija las desviaciones del hombre y lo haga volver cada tanto a los auténticos valores morales.

Iosef Meta

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