HALEL
Bamidbar
El alma en el relato de la Torá
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Balak

Balak, el rey de Moab, temió enfrentar directamente a Israel y por ello recurre a un “mago”.

Israel, como ya estudiamos, representa el potencial del alma por alcanzar lo pleno, la Armonía Universal. Cuando ese potencial de bien se unifica bajo un objetivo altruista no hay fuerza que pueda destruirlo. Por ello, en cuanto las fuerzas del mal, sean psicológicas: egoísmo, indiferencia, etc. o materialistas: líderes que pretenden imponer la injusticia se proponen destruir la esencia de la fuerza civilizadora, finalmente son derrotadas. Entonces, abatidos recurren a “la magia y el engaño”, inventan mentiras en sus intentos desesperados por imponer el caos y destruir la civilización.

Nuestra época
Vivimos un período que induce a reducir las relaciones humanas a objetos de conocimiento utilitario: productividad, mercado, etc.
Esta tendencia de querer reducir todo a un materialismo pragmático conduce a una escala de valores basada en los logros materiales, olvidando muchas veces la búsqueda de la verdad, del bien y la justicia.

“Nadie es perfecto”
El escepticismo declara que la verdad no existe, o que, si existe, el hombre es incapaz de conocerla. Eso lo excusa de tener convicciones, pero por otro lado le da credibilidad a cualquier cosa. Los escépticos viven en una eterna pasividad evadiendo tener que definir el bien y el mal que los conduce a un compromiso. Al igual que los pragmáticos se escudan diciendo “nadie es perfecto”, ocultando así, tras sus debilidades el confrontar sus imperfecciones. Entonces elaboran sistemas educativos, políticos y religiosos basados en justificar la debilidad humana y el egoísmo, lo que crea el caldo de cultivo para todo tipo de demagogos e ideologías que promueven la injusticia sin que nadie diga basta, hasta que la injusticia toca sus puertas.

Lo completo en sí mismo
El egoísmo, que generalmente encuentra un lugar muy cómodo en muchos “sistemas espirituales y filosóficos”, nos educa a reaccionar sólo cuando nos vemos afectados personalmente. El altruismo nos enseña la didáctica para neutralizar las fuerzas negativas y lograr el auténtico desarrollo humano.
El concepto paz, por ejemplo, es generalmente comprendido como lo opuesto a la guerra, o también como la pausa entre dos guerras. A partir de esa óptica paz-guerra y guerra-paz sería un movimiento provocado por su contrario, una reacción exterior. Paz-guerra y guerra-paz definen un devenir, o sea tiempo-espacio, pero no un estado de ser.
En hebreo, por el contrario, paz se dice Shalom. Shalom (Shalem) significa también completo. Shalom es un estado que trasciende las coordenadas tiempo-espacio. Shalom es algo en sí mismo y no depende de algo exterior a sí para tener validez, para ser.
Así como la completitud no precisa comparación, así la Torá nos enseña que cada ser humano es único y sagrado. Es lo que Es por la Esencia Infinita que brilla en su interior.

El bien no depende del mal
La verdadera Paz-Shalom sólo puede llegar al mundo si el hombre la vivencia primero en su interior y eso no depende de lo que pensemos que somos y/o creemos que poseemos, sino que depende de la forma en que nos relacionamos con la vida: artificialmente, esperando el reconocimiento o, revelando nuestra esencia: el bien que no depende ni del mal ni de lo que otros opinen. El bien existe por sí mismo.

Trascendiendo las ilusiones
Balak, el rey de Moab, temió enfrentar directamente a Israel y por ello recurre a un “mago”, a un ilusionista. El mal surge cuando se elaboran sistemas educativos, políticos y religiosos basados en el miedo, en justificar la debilidad humana y el egoísmo. Entonces, los demagogos y las ideologías que promueven la injusticia adquieren transitoriamente vida propia.
Cuando surge la luz percibimos que la oscuridad no era más que la falta de luz, así, cuando surge el bien tomamos conciencia que el mal era sólo una ilusión.

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