HALEL
Bamidbar
El alma en el relato de la Torá
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Balak

Balak el rey de Moav le pidió a Bilam el hechicero que maldiga al pueblo de Israel. En lugar de maldecir de su boca salió una bendición.

Conciencia, en su acepción profunda, implica poder analizar valores y conceptos que, sin saber porqué, consideramos absolutos.
Cuando somos niños aceptamos casi sin discernimiento previo lo que nos enseñan. Las vivencias familiares, la educación, la amistad al confrontarse con nuestra estructura mental y emocional moldean nuestra forma de comprender e interactuar.
El desarrollo de la capacidad de cuestionar lo que nos ha sido inculcado desde la infancia como verdad indiscutible nos plantea las situaciones más dramáticas y más difíciles de enfrentar.
Esas «verdades indiscutibles» fueron gradualmente fortaleciendo «una voz interior», «una autoridad», que focaliza nuestra atención en mantener vivos, valores y recuerdos que pasan a ocupar la categoría de «sagrados».
Esa «voz interior», que intensifica su presencia a través de nuestra vida, es lo que nos sostiene, nos pone límites, etc., es la voz de quien precisamos aprobación.

¿En base a qué principios esa «voz interior» que aceptamos a priori nos impone su autoridad?

Formas de discernir
Nuestra percepción de la realidad se puede dividir en dos aspectos generales:

a) La realidad expuesta a la forma y al sistema a través del cual la percibimos.

b) La realidad que existe independiente de nuestra percepción.

El aspecto a) relativiza la realidad a nuestro modo de pensar y/o sentir, siendo imposible así percibir al objeto en sí mismo. Sin embargo, es la base, y comprende a todas las formas y sistemas de percepción y concepción de la realidad, ya que es muy difícil superar nuestra subjetividad.

Justificar o discernir
El desafío consiste en alcanzar una forma de percepción que que permita expandir la conciencia más allá de sí mismo y así trascender la subjetividad.
El logro de este objetivo depende de la forma en que el hombre es educado a utilizar su intelecto:
1) Justificando sus instintos, deseos y debilidades.
2) Discerniendo en base a Principios Universales y Objetivos la consecuencia de sus actos.
El primer aspecto limita la realidad al individuo, imposibilitándolo de expandir su percepción. En cambio, el esfuerzo en prever la consecuencia de cada uno de sus actos, en pro del bien colectivo, le des-cubre nuevos caminos y espacios de interés. La energía generada por este proceso fortalece la voluntad y activa las potencias cognoscitivas en dirección a nuevos ámbitos, expandiendo así la percepción de la realidad.

Una presencia real
La «voz interior» es una presencia real que juega un rol fundamental en la vida de todo ser humano.
Cuando «esa voz» es el eco de relaciones no resueltas, pérdidas, lealtad a valores asumidos en etapas inmaduras que sin analizar el porque incorporamos como verdades incuestionables, etc., ese «diálogo» puede atraparnos en un laberinto psicológico de difícil resolución.

Una comunicación objetiva
La «voz interior» en última instancia es siempre HaKadósh Barúj Hú. Pero debemos superar las identificaciones aún no resueltas para salir del laberinto psicológico que eclipsan el corazón y la mente para establecer una comunicación objetiva. La bases de ese vínculo surgen como consecuencia del estudio de la Torá –los Principios Objetivos que rigen la Realidad- y el desafío en implementar mitzvót, los actos de bien que de ese estudio se desprenden.
La Kabalá nos enseña el lenguaje que des-cubre los significados de la realidad, entonces comenzamos a comunicarnos objetivamente, sin inhibiciones, con nuestra esencia: HaKadósh Barúj Hú y por ende con los seres humanos.

Ilusiones espirituales
En la vida espiritual también existe el riesgo de la distorsión, y que «esa voz» sea subjetiva, de ahí la importancia del estudio y los maestros que guíen el desarrollo espiritual enfrentándonos a una actitud de responsabilidad que ofrezca seguridad y un discernimiento inteligente.

Balak, Bilam e Israel
Balak le pide a Bilam que maldiga a Israel. Balak y Bilam señalan a «esa voz», ese «diálogo» que puede atraparnos en un laberinto psicológico de difícil resolución. Israel indica la voluntad del alma por alcanzar la armonía universal. Egoísmo versus altruismo, ietzer hará versus ietzer hatov, respectivamente.
La voluntad del alma por alcanzar la armonía universal es un principio inherente de la realidad espiritual y no está en nuestro poder anularlo de la misma forma que no se encuentra en nuestras manos el poder sobre la vida. Tal como sucede con los leyes ecológicas que debemos respetar, de lo contrario la naturaleza se revela en contra nuestro, así sucede con los principios espirituales: son objetivos.
Maldecir a Israel significaría contradecir la esencia del mundo y del alma que es el anhelo universal por lograr la Armonía Universal. Aunque queramos ir en contra de los principios espirituales la realidad nos conduce finalmente a tomar conciencia de lo objetivo y así trascendemos nuestras ilusiones sobre nosotros y el mundo.
La misma voz con la cual Bilam intentó maldecir, bendijo.
«Esa voz», nuestra conciencia, es la Voz que nos conduce finalmente a HaKadósh Barúj Hú.

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