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La Armonia Universal
La armonía universal
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Antes del tiempo

«El pensamiento es quien limita o expande la percepción y el deseo el que limita o expande al pensamiento. Pensamos en lo que queremos, lo que no deseamos no es parte de nuestra conciencia y es como si no existiera. Deseamos, luego pensamos»

El universo se presenta ante nuestra conciencia como una película de la que “perdimos” el comienzo. Ello nos provoca muchas preguntas ya que sin el conocimiento de las causas que generaron esta realidad ¿cómo podremos comprenderla y evaluarla?
La ciencia habla de los límites del universo, o sea hasta dónde el espacio contiene cuerpos celestes, materia o alguna forma de manifestación de energía. Pero el propio espacio vacío que le da el entorno al universo para que exista ¿no es acaso también una creación? ¿cómo surgió?
Nuestra conciencia no puede funcionar sin límites. Tiende siempre a definir un comienzo y un fin. Suponiendo que alcancemos el límite del universo y luego el final del propio espacio, tampoco sería ese el fin ya que siempre hay “algo” después. O, suponiendo que el espacio es un inmenso balón que contiene a un universo que se expande ¿qué hay por fuera de ese balón?

¿Existe la nada?
La lógica nos dice que no hay límite, siempre hay algo después. Similar sucede con el tiempo, antes del principio hay un antes… siempre hay un antes. La Torá entendida a través de la tradición interior de Israel, la Kabalá, nos enseña que ese proceso de retroceder en el tiempo y en las causas hasta el principio primero tiene un fin y es la Causa Primera, Causa que no tiene causa. Este concepto escapa a nuestra actual comprensión. La Causa de todas las causas es denominada por la Kabalá: Ein Sof cuyo significado es Infinito. Ein Sof define el estado que unifica a quien percibe con lo percibido y con la percepción. Quien percibe es el deseo, lo percibido es la plenitud (deseada) y la percepción designa el proceso a través del cual quien percibe aprehende a lo percibido. Estos tres aspectos se manifiestan ante nuestra percepción material-sensorial como espacio, energía y tiempo respectivamente. Ein Sof es el estado que armoniza a todos los espacios, energías y tiempos, siendo el universo sólo una forma que el Ein Sof adopta ante nuestra percepción.

El principio de la conciencia humana
La realidad queramos o no la analizamos desde nuestra óptica, ya que estamos limitados a nuestros sentidos, a nuestra forma de percibir y comprender la realidad. El comienzo que la Torá nos relata en el libro de Bereshít-Génesis es por lo tanto el principio de nuestra forma de conciencia. La Kabalá nos enseña cómo comprenderlo y de que modo ampliar nuestros límites, siendo que es el pensamiento el que limita o expande la percepción y el deseo quien limita o expande al pensamiento. Pensamos en lo que queremos, lo que no deseamos no es parte de nuestra conciencia y es como si no existiera. Deseamos, luego pensamos.

La voluntad unificadora
Cuando la tradición de Israel expresa que la Torá es revelada nos está diciendo que la Voluntad y Conciencia Infinita, Ein Sof, transmitió la sabiduría para unificar a todos los creados y les otorgó el potencial de captarla. Similar sucede con los principios de la naturaleza que el hombre no los crea, los des-cubre. El Uno sin segundo, HaKadósh Barúj Hú: Ein Sof es Quien propone el objetivo: la unificación de toda la realidad, ya que El es Uno y sólo quien posee la cualidad de Uno puede unir lo que parece opuesto. La diversidad es producto de nuestra conciencia egoísta que debemos unificar a través de la fuerza del Uno: el Amor. En hebreo Uno-Ejad y Amor-Ahava poseen el mismo valor numérico, 13. El Amor Unifica ya que amar es el desafío en realizar actos altruistas: mitzvót.

Dos fuerzas en una unidad
La Torá comienza expresándonos que “En el Principio creó Elokím los cielos y la tierra”. Los cielos: la cualidad de dar, la tierra: quien recibe las lluvias provenientes de los cielos. O sea que El Principio-Bereshít nos enseña que hay dos fuerzas: dar y recibir que se revisten en variadas formas, femenino-masculino, bien-mal, etc., provenientes del Uno. Sólo cuando las percibimos como partes del Uno alcanzamos la Sabiduría que nos des-cubre cómo se complementan: recibir con el propósito de dar. Así como la tierra recibe las lluvias y da el fruto, así los seres humanos debemos estar dispuestos a revelar la Energía Infinita en cada uno de nuestros actos. Entonces podemos recibir la Torá, el sistema espiritual que armoniza el dar y el recibir a través del altruismo: SU fuerza y la única capaz de armonizar a toda la realidad.

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