Estudiando
Estudio de los libros de la Torá
Vaikrá
+100%-

Ajarei Mot – Kedoshim

Primer comentario (Enseñanza Semanal de Jabad Lubavitch, www.jabad.org.ar)

Segundo comentario (Rab Daniel Oppenheimer, www.ajdut.com.ar)

Tercer comentario 

Primer comentario – “Amor a otro Iehudí como ocupación y tarea”

“AMARáS A TU PRóJIMO COMO A TI MISMO” (Levítico 19, 18) En esta parshá figura el precepto Divino de amar al prójimo como a uno mismo. Rabí Akiva expresa sobre ello: ” es una regla principal de la Torá”. Rabí Israel Baal Shem Tov, colocó este mandato como uno de los pilares del movimiento que fundó, el movimiento Jasídico. Rabí Levi Itzjak de Berdichev era conocido por el intenso Ahabat Israel ,amor a otro iehudi, que ardía en su corazón. Inclusive ganó el título de “abogado defensor del pueblo judío”. Rabí Levi Itzjak reveló que esta visión y actitud se instaló en su ser como consecuencia de una enseñanza especial que escuchó de su maestro Rabí Israel Baal Shem Tov.

NO PERMANECER EN CASA ESPERANDO Dicha enseñanza es sobre la Mishná de Pirkei Avot (Cáp. 2 Mishná 2) que dice: “todo estudio de Torá que no está combinado con un trabajo, cesará”, el Baal Shem Tov explicó que “trabajo” se refiere a la dedicación en el amor al prójimo. Para que la Torá tenga fundamento, debe unírsele Ahabat Israel. El énfasis está en el término “trabajo”, es decir, que el cumplimiento de este precepto debe transformarse en una ocupación, cuya dedicación debe ser similar a la de un profesional en su área, o un comerciante a su trabajo. Así como el vendedor no se queda sentado en su hogar aguardando que alguien se entere de la existencia de su mercadería y venga a comprarla, sino abre un negocio en un punto estratégico, cuelga un cartel en la puerta e invierte toda su energía para difundir la mercadería que ofrece a través de diferentes medios, para que vengan a adquirirla.

SABER QUé FALTA De la misma forma, debemos ocuparnos del amor al prójimo. No debemos esperar hasta que nuestro compañero venga a nosotros y nos pida ayuda, sino debemos pensar y buscar la forma de ayudarlo, averiguar qué necesita, tanto material como espiritualmente, y entregarse con todo el ser para cubrir esa necesidad. Esta es la forma correcta de “trabajar” en del amor al prójimo. El Baal Shem Tov enseñó que la forma de acercar a otro judío al espíritu de la Torá y las Mitzvot es, haciéndole un bien en el plano material. Además de cumplir con el precepto de amor al prójimo, esto provoca en el espíritu de nuestro prójimo un acercamiento, hasta convertirlo en un recipiente para espiritualidad. Al hacer un bien a otro no debe existir un fin oculto, sino debe hacerse el favor incondicionalmente, sólo que la ayuda material logra también una cercanía hacia lo espiritual por parte del receptor.

LA TAREA COMPLETA La perfección en la Mitzvá de Ahabat Israel se logra cuando se consolida completamente al compañero hasta que él mismo puede ayudar a otros. Lo mismo, en el plano espiritual del cumplimiento de la Torá y sus preceptos, cuando se ha logrado que nuestro compañero esté en condiciones de transmitir y ayudar a otros, entonces hemos alcanzado la excelencia en esta Mitzvá. Hay quienes argumentan que no se sienten capaces de enseñar a otros. Deben saber que no es así. Nuestros Sabios nos dicen en Pirkei Avot: “¿Quien es sabio?. Aquel que aprende de toda persona”. De aquí que cada cual posee algo único, y eso puede transmitirlo a otros. En ese punto es “rico” y debe ayudar compartiéndolo con los demás. Cuando un iehudí ayuda o enseña a su prójimo, se cumple con ambos el versículo de Mishlei: “Di-s Ilumina los ojos de ambos”, el Todopoderoso otorga a ambos, al dador y al receptor, un sinfín de bendiciones del Cielo.

Likutei Sijot, tomo 1 Pág. 260.


Segundo Comentario – EL ARTE DE “CORREGIR”

¿Será esa la palabra adecuada? Ud. Los conoce. Son aquellos que siempre conocen los defectos ajenos. Los expertos y los que están siempre al día, permanentemente dispuestos a marcarle los errores a los demás. ¿Quizás se pueda reemplazar la palabra “corregir” por criticar, reprobar, censurar o reprochar? No. Suena muy agresivo. ¿Es bueno poder observar las deficiencias ajenas? ¿O debemos decirnos que no hay que meterse en las cosas del otro? Y…o sorpresa! En la lectura de esta semana encontramos que rectificar las conductas impropias es una Mitzvá! ¿Cómo? ¿Es bueno entrometerse en la vida del otro? Antes de seguir, quiero decirle, amigo, que, por regla la Torá nos ordena las cosas de la vida que, de otro modo no nos hubiesen sido tan fáciles de llevar a cabo. Pues entonces, si la Torá me ordenó involucrarme en lo privado del otro, no se trata de las críticas con que la gente suele agredir y gozar indebidamente. El objetivo de la orden de la Torá, es ayudar al otro a conocer sus errores para poder corregirlos. Y esa es una de las leyes más difíciles de la Torá. Hasta tal punto es difícil, que uno de los Sabios manifestó hace 2.000 años, que “no sé si en esta generación existe gente que tenga los méritos suficientes para marcar los yerros ajenos” (aludiendo a que quien no posee la voluntad de enmendar sus propias falencias, carece de fuerza moral para censurar al prójimo). Otro de los Tanaim expresó que “no sé si en esta generación existen personas que sepan aceptar que los reprueben” (porque lo más habitual es que la gente entre a defenderse al menor intento de dejar en evidencia que se equivocan). Un tercer Sabio nos enseña que “no sé si en esta generación hay quien sepa cómo se debe rectificar al prójimo” (pues es tan común que la gene hable desde la soberbia, lo cual termina por endurecer la posición del oyente, en lugar de permitirle transformar su forma de actuar).

Así que se dará cuenta Ud., querido lector, que “no hay nada nuevo bajo el sol”. Hace 2.000 años las características humanas eran tan complejas y difíciles de modificar como las son hoy. De todos modos, el hecho que sea espinoso, no nos exime de nuestra obligación. La Torá, pues, nos responsabiliza por el bienestar espiritual del semejante, del mismo modo que nos encomienda velar por su integridad física y material. Permanecer indiferentes ante la caída moral del semejante, nos convierte, a su vez, en cómplices de lo que se está haciendo incorrectamente. Busquemos, entonces, más pistas para poder cumplir con tan laboriosa obligación correctamente. Uno de los factores a tomar en cuenta es que quien nos está escuchando no pase vergüenza porque la falla que estuvo tratando de ocultar de si mismo y de los demás, de repente sea tema conocido. Esto en si, es embarazoso para digerir. Nadie se siente cómodo en esta situación. Por lo tanto, el momento y el lugar que se elegirá para decirle algo al prójimo son elementales, si la intención de quien está reprochando es realmente pura.

Asimismo, las palabras de censura serán escuchadas únicamente de manera positiva y útil, si el contexto de la relación entre quien habla y quien escucha son afectuosas. De otro modo, si, por ejemplo, el oyente nota que lo único que le dicen son sus errores y nunca se le transmitieron palabras de apoyo, de aliento, de ánimo, etc., pues lo que casi segur ocurrirá, será un rechazo automático a lo que se le está tratando de demostrar. No debemos olvidar que todos los seres humanos nos manejamos con una cuota importante de orgullo. Por lo tanto, tememos por nuestra estima y el factor de cómo somos vistos por terceros es imperante en nuestra mente. “Del mismo modo, en que se deben decir las cosas que serán escuchadas, se deben omitir las palabras que serán desoídas”.

Una de las acotaciones que agregan los Sabios a esta Mitzvá, es que se debe intentar “aun cien veces”, lo cual es sumamente aleccionador. Habitualmente, uno diría o pensaría, que habiendo hecho el “descargo”, uno ya cumplió con o suyo y, desde aquel momento, se convierte en el problema del otro. No es así, nos enseñan. Si la primera o la segunda vez que se intentó, no hubo el éxito esperado, pues, se debe cambiar de estrategia. Algo, aparentemente está fallando en el contacto entre las dos personas. Pues entonces, se debe repensar las cosas y, recién luego, volver a intentar. Daniel Oppenheimer


Tercer comentario – La carga de tener que reprender

Esta semana la Tora no solo enseñia las bases de llevarse bien con el projimo sino que tambien codifica las reglas elementales de comportamiento que establecen un standard de moral para la convivencia social. “No difundas difamacion entre la gente de tu pueblo; no permanenezcas (como complice) ante la sangre de tu projimo; no odies a tu hermano en tu corazon;… no te vengaras (Levitico 19:16-18). En una cuestion sin embargo, la Tora nos pide actuar de una forma que muchos de nosotros pensaria que llevara a nuestro projimo a alejarse de nosotros: la Tora nos manda a corregir o reprender a nuestro semejante. Obviamente, el concepto de “vive y deja vivir” es extraño al judaismo. De hecho, la mitzva de reprender esta despues del versiculo “No permanezcas (impasible) ante la sangre de tu hermano”. El sufrimiento fisico desde el punto de vista de la Tora es equivalente al sufrimiento espiritual. Asi como uno no podria pararse impasible ante alguien que se esta ahogando, asimismo cuando alguien se esta ahogando espiritualmente debemos tambien actuar.

Pero la Tora hace algo mas que meramente decirnos que lo reprendamos, nos dice como hacerlo. “No odies a tu hermano en tu corazon”; reprender habras de reprender a tu hermano y no traeras culpa sobre el”. La ultima parte de esta frase es algo dificil de entender. Que quiere decir la Tora con “no traeras culpa sobre el”? Rashi explica que la Tora no quiere que tu peques cuando repruebes a tu semejante: “No lo avergonzaras en publico”. El texto literal, sin embargo, pareceria significar no traer un pecado sobre el, sobre el transgresor. Como podemos comprender esto?

Cuando el Jafetz Jaim viajaba alrededor de Polonia y Rusia para vender sus obras, entro en una posada en Vilna y contemplo alli algo desagradable. Un rudo y joven hombre estaba por devorar una gallina servida en su plato, bien asada y rellena. Un alto jarro se veia proximo al plato, desbordante de fria cerveza. De pronto el hombre tomo el ave y lleno con ella su boca. A continuacion enjuago su bocado con un enorme trago de cerveza, dejando el jarro casi vacio. El Jafetz Jaim nunca habia visto a un judio comer de esa forma. Ni hablar ya de que no dijo las berajot (bendiciones antes de comer)!

Giro su vista hacia el posadero y le pregunto: “Cuenteme algo acerca de este hombre. Me gustaria hablar con el”. “Oh”, remarco el anfitrion moviendo su mano en senal de disgusto. “No hay nadie con quien hablar. Este joven hombre jamas ha estudiado ni un solo dia en su vida. Los cantonistas lo capturaron cuando tenia once años y sirvio en el ejercito ruso durante quince años. Casi no observa ninguna mitzva. Es sorprendente que aun coma kasher!”. Luego sonrio y agrego: “Pero estoy seguro que puedo contar con el para una cena de tres platos cada jueves por la noche!”. El Jafetz Jaim no estaba ni atonito ni divertido. Simplemente camino hacia el ex soldado y le dio la mano calidamente. Despues de un cordial saludo el Jafetz Jaim se presento y le dijo: “Escuche que Ud. realmente sobrevivio de ese cruel ejercito ruso del Zar Nikolai y nunca pudo crecer en medio de su pueblo. Estoy seguro de que muchas veces los terribles oficiales trataron de convertirlo a Ud. o por lo menos, de hacerle comer alimentos no kasher. Sin embargo Ud. se mantuvo firme como judio!”. Las lagrimas afloraban a los ojos del Jafetz Jaim mientras continuaba hablando. “Yo solo deseo que me sea asegurado un lugar en el Mundo Venidero tal como el que Ud. seguramente tiene. Que valor! Que fortaleza! Ud. ha enfrentado mas pruebas que muchos de nuestros justos del pasado!”.

El soldado levanto la vista de su plato mientras las lagrimas llenaban sus ojos. Se inclino y beso la mano del viejo sabio. Luego el Jafetz Jaim continuo: “Yo estoy seguro de que si se consigue un maestro y continua su vida como un verdadero judio, observante de la Tora, no habra nadie en este mundo tan afortunado como Ud.!”. De acuerdo al biografo del Jafetz Jaim, Rabi M.M. Yasher, el soldado se convirtio en alumno del Jafetz Jaim y eventualmente se transformo en un reconocido tzadik (justo judio).

Quizas con las palabras “no traeras culpa sobre el”, el versiculo nos esta diciendo mucho mas que eso. Nos dice que no nos concentremos solo en la mala accion cometida cuando amonestemos a alguien. La Tora desea que encontremos un aspecto positivo que eleve esa alma sagrada desde las sucias profundidades. Es sencillo enumerar las faltas de tu semejante, y aun mas facil descartarlo como persona. Pero no es ese el objetivo.

El libro de Mishle (Proverbios) nos dice: “Aquel que pondera a los transgresores como justos sera maldecido. Pero los que lo reprenden seran bendecidos” (24:24-25). El Rab Shelomo Alkavetz (c. 1505-c.1584) de Tzfat, explica que los dos versiculos van juntos; nos enseñan que aunque la falsa adulacion es aborrecible, cuando es usada para amonestar por medio de encontrar lo bueno en aquel que se ha desviado, es recomendable. La Tora quiere que construyamos a la persona, y la elevemos en lugar de lanzar sobre ella la carga de sus transgresiones. De esta manera no lo amedrantaremos sino que lo levantaremos”. Porque cuando encontramos faltas en el otro, tenemos una enorme responsabilidad. No solo cargamos el dificil y sensible peso de la prueba, sino que tambien cargamos el dificil y sensible peso de tender que reprenderlo.

(c) 1997 Rabbi M. Kamenetzky – Project Genesis www.torah.org

1 comentario
  1. William martinez

    Excelente página, de ella me alimento

    05/05/2017 a las 21:26

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