HALEL
La Armonia Universal
La armonía universal
+100%-

A imagen y semejanza

Adám no fue creado ni judío, ni musulmán, ni cristiano, ni budista. Adam fue creado a imagen y semejanza de la Esencia Infinita. La auténtica espiritualidad orienta a los seres humanos hacia la armonía con el prójimo para que descubran que por sobre la aparente multiplicidad de denominaciones con que cada pueblo y tradición nombra lo que considera sagrado, todo y todos provenimos de una esencia Una y única.
Espiritualidad es despertar en el ser humano su esencia, su verdadera identidad.

Religión y espiritualidad
Debemos diferenciar entre religión y espiritualidad.
Podemos dudar acerca de la burocracia de la religión, mas no podemos ignorar nuestra esencia espiritual.
La espiritualidad hebrea mide el tiempo, el espacio, el bien y el mal a partir del momento en que nos reconocemos como seres humanos: la Creación de Adam. Es justamente esa forma de conciencia histórica-espiritual la que hace al judaísmo universal y le da la amplitud para ver al hombre en toda su dimensión.

El potencial humano
Nuestra capacidad de reflexionar acerca del objetivo de la vida es lo que señala nuestro potencial de Adam. Pero, si no asumimos que la vida es sagrada y creemos que el mundo es regido por el azar, ¿qué hacemos con nuestro potencial humano?
No podremos nunca encontrar un propósito trascendente si no respetamos la santidad de la vida o si creemos que no hay una finalidad.

La polaridad humana
Adám incluye los dos polos en los que oscila la vida humana.

1. Adamé la Elión: el potencial de igualarse a lo Superior.
2. Adamá: tierra. La disgregación.

Adamé la Elión señala todo el potencial humano que es libre e infinito.
Adamá señala lo limitado y finito.

Hoy más que nunca podemos tomar conciencia de nuestra identidad: Adám, y de nuestra responsabilidad.
La energía nuclear, la ingeniería genética, la internet, etc. nos revelan el potencial humano para provocar cambios en el mundo y en nuestra vida. Un potencial que podemos utilizar para construir o para destruir: Adám o adamá.

Conocerse
El ser humano ha dominado el fuego, la electricidad, la energía atómica, ha pisado la luna y descendido al fondo de los mares, pero cuando se trata de conocerse a sí mismo y dominar sus fuerzas interiores, permanece en la ignorancia.

Nada nuevo bajo el sol
En la antigüedad ese desconocimiento se denominaba paganismo, idolatría, etc. Hoy lo denominamos demagogia, violación de los derechos humanos, injusticia, etc.
El paganismo de la antigüedad así como la demagogia de nuestros tiempos son el resultado de sistemas educativos que incentivan el egoísmo, la indiferencia y las buenas intenciones carentes del discernimiento capaz de evaluar integralmente la dinámica existencial, o sea de hacernos olvidar nuestro potencial: Adám creado a imagen y semejanza de la Esencia Infinita.

Valores absolutos
Tanto la realidad socio-económica como la espiritual, que hoy rigen al mundo, son el resultado de la “lógica y los estándares” a partir de los cuales fuimos educados.
Cuando definimos el bien, el mal, la inteligencia o la justicia, etc., pensamos en valores absolutos y objetivos, pero no olvidemos que todos ellos son el resultado de nuestra educación.
El bien, el mal, la inteligencia y la justicia, así como el tiempo y el espacio se nos presentan como valores absolutos sólo después que estandarizamos los relojes, las balanzas, los test de inteligencia, la ética y la moral.
Muchas veces nos basamos en modelos predefinidos sin discernir si son válidos ante las situaciones que debemos afrontar.

Pensar o medir
Existe una diferencia abismal entre pensar y medir. Una vez estandarizado el sistema de interacción del hombre con el mundo (los instrumentos de medición) nuestra realidad se limita a un conjunto de “a prioris”, entonces medimos-comparamos en lugar de pensar-discernir.
Pero cuando la vida nos confronta a situaciones “nuevas”, a aspectos que no tomamos en cuenta, nos vemos obligados a discernir, y como no siempre sabemos como hacerlo terminamos creyendo en lo que “otros” consideran “lo correcto”.

Una cadena de maestros y discípulos
El primer capítulo de Pirkéi Avót o la Sabiduría de los Ancestros de la Mishná (recopilación de la tradición oral hebrea, de unos 2000 años de antigüedad) comienza diciéndonos: “Moshé recibió la Torá desde Sinai y la transmitió a Ieoshúa, éste a los ancianos y ellos a los profetas quienes la transmitieron a los hombres de la Gran Asamblea o Knéset Hagdolá“.
Rabí Ovadia de Bartenura, el comentarista clásico de la Mishná (siglo XV), nos dice que el texto tiene como objetivo hacernos saber que la estructura espiritual de Israel no es producto de la visión personal de un individuo. El Tanaíta Rabí Iehudá Hanasí comenzó diciendo “Moshé recibió la Torá desde Sinai”, para hacernos saber que estos Principios no fueron inventados, sino que se basan en la transmisión ininterrumpida a través de una cadena de maestros y discípulos que se pierde en los albores de los tiempos.

Memoria colectiva
Los recuerdos son los componentes fundamentales de la identidad. Un individuo, una familia, una nación, la propia humanidad no pueden existir como tales sin memoria. Cuanto más recuerdos más intenso será el sentido de pertenencia e identidad. De ahí la insistencia de la Torá en mantener vivo el recuerdo: El Recuerdo del acto de la Creación, Recuerda el día que saliste de Mitzráim-Egipto todos los días de tu vida, No te olvides lo que vieron tus ojos el día que estuviste frente a HaKadósh Barúj Hú en Jorev (la entrega de la Torá). Recuerda el día de Shabat para santificarlo. Recordar es evocar algo que conocemos. La Torá nos pide que recordemos las situaciones arquetípicas que activan el anhelo esencial y por lo tanto universal del alma humana. Cuando los evocamos activamos nuestra memoria colectiva, entonces el recuerdo se transforma en una escala ascendente que no obvia ninguna etapa y así tomamos conciencia de nuestra identidad original: Adam, Adamé la Elión.

Distorsión de la realidad
Paganismo y demagogia por el contrario distorsionan la realidad, pretenden inculcarnos un modelo humano egoísta, un hombre que ya no recuerda que fue creado a imagen y semejanza.
¿En base a qué modelos pueden construir su vida individuos que no saben quiénes son?

A imagen y semejanza
Cuando la Torá nos advierte acerca de las consecuencias de la codicia, el robo, el asesinato, la promiscuidad, etc. no está enseñándonos simplemente moral, nos enseña los fundamentos esenciales que sostienen cualquier sociedad y que de no ser elevados a la categoría de sagrados terminan por destruirla. Imperios como Egipto, Grecia, Roma y en los tiempos modernos el tercer Reich terminaron destruyéndose a causa de no haber tomado en cuenta esos principios altruistas y civilizadores, fundamentos de toda sociedad que respete lo sagrado que hay en cada ser humano, en Adam, creado a imagen y semejanza de la Esencia Infinita: HaKadósh Barúj Hú.

Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top