HALEL
El alma en el relato de la Torá
Shemot
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6) Mishpatím

Las relaciones humanas son el mejor medio para conocer a las personas, pero fundamentalmente son la forma de conocernos a nosotros mismos. Por ello nuestro aprendizaje no reside en medir como las personas se relacionan con nosotros sino que lo que debemos medir es nuestro comportamiento hacia el prójimo.
La Kabalá nos enseña que cada situación existencial que atravesamos es una oportunidad de conocernos y tomar conciencia de nuestros miedos, inseguridades y entonces superarlos y corregirlos.
La Torá define cinco grados de agresión que los seres humanos somos capaces de provocar en las relaciones humanas: Nezek, Tzáar, Ripúi, Shévet, Bóshet.

Nezek (perjuicio)
Todo lo que cause pérdida y/o daño a los bienes materiales. La forma en que nos afecta la relación con lo que poseemos y los otros poseen nos hace tomar conciencia de nuestras prioridades. El ideal de justicia para la Torá es «lo mío es tuyo y lo tuyo es tuyo». En cambio, cuando el plano material se transforma en el objetivo, desembocamos en una estrecha percepción de la realidad limitada a nosotros mismos, para la cual el ideal es «lo mío es mío y lo tuyo es tuyo». Esto lleva a un aparente «respeto» hacia el prójimo, pero incentiva la indiferencia y el egoísmo ya que cada uno define para sí «qué es lo suyo» y «qué es lo tuyo», siendo esa la fuente de todos los conflictos.

Tzáar (dolor, congoja)
Los seres humanos naturalmente sufrimos cuando nos vemos afectados personalmente. Pero cuando se trata del sufrimiento del prójimo ¿hacemos el esfuerzo en evaluar justamente la situación amando al prójimo como a nosotros mismos?

Ripúi (reparación)
Lo que precisa curación. Enfermedad, en hebreo majalá proviene del vocablo jalal, es aquello que produce un vacío que debe ser integrado al estado de salud, de armonía. Las enfermedades que atravesamos, sean físicas, emocionales, mentales y/o espirituales son el síntoma de un vacío de conciencia, una desconexión espiritual que debemos llenar. La raíz de este fenómeno es la desconexión entre el objetivo y la forma de alcanzarlo, entre el cuerpo: quien percibe y centraliza en la vida física todo lo que deseamos y el alma: quien sabe cómo alcanzarlo. El proceso de curación debe ir acompañado, cuando es posible, de una reflexión sobre el objetivo de la vida. Esos momentos pueden ser de mucho crecimiento espiritual revelando una conciencia que generalmente no asumimos en otras oportunidades.

Shévet (incapacidad de desarrollar actividades)
Indica impotencia ante las situaciones existenciales. Imposibilidad de trabajar e implementar un proyecto. Shévet abarca todo lo que neutraliza la acción y/o la voluntad. Ante ese tipo de situaciones debemos buscar rodearnos de personas e incentivos que nos ayuden a recuperar la fuerza interior que transitoriamente perdimos.

Bóshet (vergüenza)
Esta experiencia puede llegar a ser peor que un dolor físico. Por ello la Torá nos enseña que está totalmente prohibido avergonzar al prójimo. Pero alguna vez puede suceder que atravesemos una situación en la que nos sintamos avergonzados o hasta humillados. Ese es un momento de reflexión en el cual debemos evaluar nuestra reacción y también aprender qué es lo que tanto afecta a nuestro ego.

Cinco ámbitos en las relaciones humanas
Cinco ámbitos generales determinan nuestra forma de relacionarnos con el prójimo.

1. Lo presente
2. Lo inmediato
3. Lo cercano
4. Lo lejano
5. Lo trascendente.

Estos cinco ámbitos están íntimamente ligados con los cinco grados anteriormente mencionados y los podemos representar como cuatro círculos concéntricos en torno a un punto central. El centro indica nuestra realidad presente, el primer círculo señala lo inmediato y así sucesivamente hasta el cuarto, el más exterior y lejano que define el alcance de nuestra conciencia.

Lo trascendente y sagrado
El cuarto círculo, lo trascendente, es en última instancia el que marca nuestros límites: los valores que consideramos absolutos y que no estamos dispuestos, de ningún modo, a sacrificar: es lo que consideramos sagrado (de ahí la sensación de vergüenza y humillación antes mencionadas).
Cuando un individuo, una nación etc. pierde los límites que establecen el ritmo que armoniza lo presente con lo trascendente termina por distorsionar su concepto de lo sagrado.

Cinco grados del alma
El alma posee cinco grados generales de conciencia denominados: Néfesh –lo presente: el ámbito material sensorial, Rúaj -lo inmediato: el plano emocional, Neshamá -lo cercano: el pensamiento, Jaiá –lo lejano: la voluntad y Iejidá -lo trascendente: lo eterno, el plano netamente espiritual.

Lo presente así como lo inmediato y lo cercano, instinto, emoción y pensamiento respectivamente surgen naturalmente en cada momento de nuestro diario vivir. Lo lejano y trascendente, la voluntad para alcanzar los valores eternos-espirituales, en cambio, exige un esfuerzo, dado que debemos trascender nuestros instintos, emociones y pensamientos supeditándolos a través de la voluntad a principios eternos-espirituales.

El alma y las sefirót
Cada uno de estos cinco grados se relaciona con una sefirá :Néfesh con Maljút, Rúaj con Tiféret, Neshamá con Biná, Jaía con Jojmá y Iejidá con Kéter .
Cada sefirá representa un grado de la Luz Infinita, como una serie de cristales a través de los cuales la Luz va adquiriendo más y más presencia. El Zóhar nos transmite una imagen de ese proceso designando a cada una de las sefirót como el resultado de la luz atravesando cristales de diferentes colores. Negro para Maljút, verde para Tiféret, rojo para Biná, blanco para Jojmá y transparente para Kéter .

Los conductos hacia lo eterno
Los cinco niveles representan cinco grados a través de los cuales se manifiesta nuestro deseo. Néfesh –lo presente, la reacción instintiva, Rúaj -lo inmediato, las emociones y Neshamá -lo cercano, el pensamiento, relacionado con Ripúi, lo que precisa curación, sanación. La curación proviene del olám HaBriá – mundo de la Creación que en hebreo se relaciona con salud briút. Por ello previamente explicamos que el proceso de curación debe ir acompañado, cuando es posible, de una reflexión sobre el objetivo de la vida ya que esos momentos pueden ser de mucho crecimiento espiritual revelando una conciencia que generalmente no asumimos en otras oportunidades. Aunque en realidad para quien se inicia auténticamente en la Kabalá esa es la actitud permanente ante cada situación existencial.
Cuando el pensamiento no alcanza a discernir en la voluntad por captar lo trascendente, los seres humanos terminamos por justificarnos y adaptar la realidad a nuestras debilidades en lugar de expandirnos a lo eterno.
El pensamiento-lo cercano, es lo que puede darnos el discernimiento para alcanzar lo lejano, la voluntad que no poseemos para alcanzar lo trascendente. La función del pensamiento es discernir en nuestros deseos a partir de Principios Objetivos con el propósito de alcanzar lo trascendente.
Cuando un individuo, una ideología y/o una cultura se identifican únicamente con lo presente, inmediato y cercano no perciben más que la muerte al final del lapso de la vida física. Entonces los objetivos presentes, inmediatos y cercanos tienen comienzo y fin, mueren; en cambio, cuando los supeditamos a lo trascendente son los conductos hacia lo eterno.

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