HALEL
El alma en el relato de la Torá
Shemot
+100%-

5) Itró

« Cuando una persona está preocupada únicamente por sí mismo, se encuentra incapacitado para comenzar siquiera a pensar en la mitzvá de «Amarás al prójimo como a ti mismo»; por eso la revelación de la Torá aún no le es posible »

Y viajaron desde Redifím y llegaron al desierto de Sinái y acamparon en el desierto e Israel acampó allí ante la montaña

En el libro Shemót-Exodo, cuando se relata la preparación previa a la revelación de la Torá en Sinái, el texto repentinamente cambia del plural al singular cuando se refiere al pueblo de Israel. Nuestros Sabios explican que en ese momento eran como un sólo ser cuyo propósito consistía en ayudar a su prójimo, como diferentes órganos y células de un solo cuerpo. Ello, nos explica el Rav Áshlag, fue resultado de dos componentes, uno potencial y otro circunstancial:
a) Potencial
La tradición ancestral iniciada por Abraham les revelará a través de Itzják y Iaacóv, el potencial de Israel para armonizar el ámbito material-sensorial con la realidad espiritual.
b) Circunstancial
La experiencia que acababan de sufrir siendo esclavos durante varias generaciones bajo el dominio egipcio.
Así como la semilla posee en potencia los frutos que el árbol puede dar -siempre que creemos las circunstancias apropiadas: tierra fértil, suficiente agua, etc.- algo similar sucede con el ser humano. Las influencias del medio ambiente aceleran o retrasan la revelación del potencial interior.
No siempre es posible comprender la forma en que estas influencias se revelan y la situación en que se manifiestan. Lo que a veces parece negativo en el presente puede ser positivo en el futuro y viceversa. Nuestra responsabilidad consiste en hacer el máximo esfuerzo en proveer un sistema educativo que motive la revelación del potencial altruista que existe en cada alma.

¿Quién es sabio? Quien prevé lo que va a nacer
(Talmud de Babilonia tratado Tamid 32:1)

Quien conoce las causas, lo espiritual, puede prever las consecuencias, lo material, que cada pensamiento, sentimiento y acto van a generar. En esta área se centra la educación judía auténtica preparándonos para ver más allá del momento. Cuando el individuo comienza su trabajo espiritual se encuentra limitado a sí mismo a causa de su deseo de recibir egoísta. Todo ser y realidad con los cuales no se encuentre comprometido permanecerán en la condición de «lo no existente», ya que no lo afectan. Como un niño al cual lo único que lo motiva es que sus deseos se concreticen inmediatamente, puesto que aún no tiene la capacidad de ver a largo plazo y evaluar las consecuencias de sus actos, así sucede con el hombre; cuando todavía no desarrolló su espiritualidad todo está latente, pero aún no logró crear las circunstancias para que su potencial se revele.

Dos caminos
Dichas circunstancias pueden surgir a través de dos caminos: Por el camino de la conciencia, manifestando nuestra potencialidad y decidiendo por propia voluntad como lo hizo Abraham Avinu, o a través de padecimientos como la esclavitud en Egipto, lo cual nos hace reflexionar y llegar a la conclusión de que sólo el compromiso con el prójimo conduce al bien colectivo.
Hasta que el pueblo de Israel no alcanzó el grado de “amarás al prójimo como a ti mismo” la Torá no les fue revelada. Cuando aceptaron esta responsabilidad mutua, cada individuo se vio liberado de sus necesidades personales. Ya no temió por su existencia, tuvo la seguridad de que cada integrante del pueblo de Israel estaba dispuesto a ayudarlo. En cambio, antes de que esto sucediera, cuando se encontraban dispersos entre los pueblos, como durante la esclavitud en Egipto, dependían de otros para sus necesidades. Cuando el individuo está preocupado por sí mismo, se encuentra incapacitado para comenzar siquiera a pensar en la mitzvá de «Amarás al prójimo como a ti mismo»; por eso la revelación de la Torá aún no le es posible.

Una enseñanza siempre actual
Lo mismo se cumple en el presente, ya que la Torá nos habla de principios espirituales y por lo tanto siempre vigentes. El pueblo judío, al reunirse en la Tierra de Israel, tiene nuevamente la posibilidad de llevar a cabo la mitzvá de «Amarás al prójimo como a ti mismo», como en Har Sinái. Pero para que ello suceda todos debemos estar de acuerdo en la responsabilidad mutua como lo estuvimos en «ese momento». El desafío al cual la Torá y las mitzvót nos enfrentan es la superación del egoísmo, y por ende de la especulación mental que sólo tiende a justificarnos constantemente. La Torá y las mitzvót le brindan al hombre, si éste así lo desea y lo realiza en forma correcta, un sistema que lo entrena permanentemente para transformar sus instintos, emociones, pensamientos y deseos en altruismo.
Nos relata el Midrásh que dos personas van a bordo de un barco, una de ellas comienza a hacer un agujero debajo de su propio sitio, perforando el barco. Su compañero le pregunta por qué hace eso, y aquél responde: ¡Qué te importa, estoy perforando bajo mi asiento! El compañero responde: ¡Moriremos juntos si el barco se hunde! (Vayerá Rabá 1, cap. 4).
Quien no practica la miztvá de amar al prójimo como a sí mismo, no sólo se daña él sino que daña a sus semejantes y les impide recibir la Torá; pues en esta miztvá se encuentra la energía que nos fusiona con la Fuente original de la vida.

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