HALEL
El alma en el relato de la Torá
Vaicrá
+100%-

3) Shminí

« Nuestro cuerpo existe dentro de los límites tiempo-espacio y así como todo lo que se encuentra dentro de los dominios de la naturaleza, finalmente deberá morir. Nuestra alma pertenece a un mundo infinito, no conoce límites. El objetivo consiste en eleva

Nadáb y Abihú, hijos de Aharón, ofrecieron un fuego «extraño» que HaKadósh Barúj Hú no había pedido. Entonces surgió una energía que los consumió y ellos murieron.

Cuando tomamos decisiones importantes para nuestra vida o cuando aconsejamos a otros, debemos hacerlo basados en principios superiores y no simplemente en lo que creemos, sentimos y/o pensamos. Cuando se desconoce el orden y el ritmo en que debemos relacionarnos con la vida atraemos situaciones para las cuales aun no estamos preparados: un fuego «extraño» .

Cuatro sabios «entraron» al PaRDéS: Ben Azái, Ben Zomá ,Ajer (Elishá Ben Abúya) y Rabí Akiva. Ben Azái vio y murió, Ben Zomá observó y enloqueció, Ajer cortó las amarras, Rabí Akiva salió en paz.
Talmud Babli Tratado Jaguigá 14.2

¿Por qué solamente Rabí Akiva logró entrar y salir en paz?
En cuanto a los otros tres sabios ¿por qué uno perdió la vida, el segundo perdió la razón y el tercero perdió la comprensión superior abandonando el camino de la Torá?
Para descifrar estos interrogantes debemos saber previamente qué es el mencionado «PaRDéS», y qué percibió cada uno de estos sabios.

El prado de la Sabiduría
El vocablo PaRDéS significa literalmente prado. Este concepto que aparece en diversos textos tradicionales alude a las cuatro formas básicas de comprensión de la realidad. Las letras de dicha palabra conforman cuatro perspectivas a través de las cuales comprendemos la Torá.
La primera inicial del vocablo PaRDéS -indica el Pshát, lo simple, el relato literal de la Torá. La segunda inicial alude al Remez -insinuación- que le da una dimensión más profunda al relato, dado que los personajes, las situaciones y todos los detalles presentados por la Torá , inclusive las letras, nos transmiten un mensaje. La tercer inicial nos indica el Drásh que proviene del verbo lidrósh-exigir. Esta lectura encierra una búsqueda en la cual el hombre exige el significado interior que el texto quiere transmitir. La última inicial del pardés nos indica el Sod, literalmente secreto. El Zóhar define al Sod como causa, ya que quien conoce la causa conoce la consecuencia, es decir el «secreto». El Sod nos revela los Principios Espirituales que rigen todos los ámbitos de la realidad.

Cuatro formas
Ben Azái, Ben Zomá, Ajer y Rabí Akiva nos indican cuatro formas generales de comprensión a que los hombres son proclives de arribar cuando quieren alcanzar la Plenitud de todo lo creado.
Ben Azái vio y murió. Este sabio pensó que anulando la relación con el mundo material-sensorial el hombre alcanza el objetivo para el cual fue creado. La realidad material-sensorial es nociva cuando se transforma en un fin en sí misma, entonces se convierte en la fuente de todos los sufrimientos. En cambio, cuando la tomamos como un medio se transforma en el instrumento para que la Plenitud Infinita se expanda en todos los ámbitos de la realidad. La Torá no nos pide anular el deseo, ya que el deseo es el recipiente para recibir la plenitud (sin deseo no podemos disfrutar). La Torá nos enseña la forma correcta de relacionarnos con el deseo: altruismo. Ben Azái obvió el potencial que surge al confrontarnos con el desafío de armonizar todos los planos y aspectos de la realidad, lo cual hace fluir la plenitud a toda la Creación.
Ben Zomá observó y enloqueció. Su intuición e imaginación fueron más poderosas que su discernimiento. Ben Zomá fue un sabio que se dedicaba a analizar decenas de veces un concepto hasta comprenderlo en sus detalles e implicancias más recónditas. Es imposible que el hombre aprehenda intelectualmente la medida de todo, ya que la realidad de HaKadósh Barúj Hú es infinita (Ein- Sof). El verdadero conocimiento espiritual trasciende todo límite. El acceso a la realidad espiritual es posible únicamente cuando trascendemos el ámbito de lo mensurable. Esto es similar al amor que para ser completo debe estar por sobre toda medida. Mientras medimos aún no hay amor, hay conocimiento. Sólo cuando trascendemos la medida llegamos a la entrega, al amor que está más allá de todo límite. Entonces pasamos del conocer al ser.
Ajer perdió la comprensión superior abandonando el camino de la Torá. Cuando el discernimiento es usado para justificar la debilidad humana en lugar de superarnos en pos de lo completo -el altruismo- perdemos el objetivo. Este sabio, influenciado por los griegos, realizó su discernimiento acorde al pensamiento filosófico, el cual se basa en adaptar las normas de conducta a las debilidades humanas. En cambio, cuando actuamos en base a principios objetivos- mitzvót, se activa armónicamente todo el potencial humano transformando el deseo de recibir inconsciente en voluntad conciente. La diferencia entre la filosofía y la Torá reside en que la filosofía cambia nuestra forma de pensar, la Tora cambia nuestra forma de ser.

Rabí Akiva entró en paz, y salió en paz
Rabí Akiva logró la comprensión que nos permite armonizar la relación entre lo general y lo particular, el objetivo y la forma para lograrlo.
El pensamiento es el resultado de cómo intelectualizamos la voluntad y el deseo. La voluntad y el deseo limitan o expanden la realidad de los hombres ya que son ellos los que le dan al pensamiento el marco donde actuar y desarrollarse. Esto es determinante hasta tal punto que grandes sabios, como acabamos de ver, pueden quedar cautivados en diferentes ámbitos de la comprensión, limitando así su percepción de la realidad.

¿Cómo comprender la Kabalá?
Los cuatro sabios que nos describe nuestra tradición representan cuatro formas de comprender la Sabiduría de la Kabalá y por lo tanto de aprehender la realidad, en donde sólo la cuarta conduce a la verdadera conciencia. Solamente en ese cuarto ámbito, el Sod (de la Kabalá ), el hombre puede lograr la libertad; siendo que sólo allí se enfrenta al desafío de revelar todo su potencial altruista.

Altruismo, nuestra verdadera esencia
Nuestro mundo finito recibe su vitalidad de un mundo superior-infinito. La recepción de la energía vital sólo es posible cuando depuramos los conductos a través de los cuales esa energía fluye. El altruismo genera la alegría que expande esos conductos y el egoísmo la tristeza que los contrae.
Altruismo es el afán de procurar el bien del prójimo aun a costa del propio. Únicamente a través de este gran esfuerzo la humanidad puede alcanzar la justicia y su armonía, siendo que altruismo es la cualidad de lo completo de HaKadósh Barúj Hú.
El altruismo es nuestra verdadera esencia, que es luminosa e infinita; el egoísmo, por el contrario, es lo que nos identifica con lo finito y transitorio. Nuestro cuerpo existe dentro de los límites tiempo-espacio y así como todo lo que se encuentra en los dominios de la naturaleza finalmente deberá morir. Nuestra alma, en cambio, pertenece a un mundo infinito, no conoce límites. El objetivo consiste en elevar lo finito a su dimensión infinita. Nadáv y Abihú poseían un altísimo nivel espiritual, aun mayor que el de Moshé y Aharón, y a pesar de ello fallaron. Nadáv y Abihú señalan la poderosa atracción que ejerce lo infinito sobre los seres humanos. Moshé y Aharón la forma y el ritmo correcto de cómo acercarnos para no atraer situaciones para las que aún no estamos preparados: un fuego «extraño». El extraño a nuestra esencia es el egoísmo, producto de la autosuficiencia que nos incita a distorsionar la forma de implementar los principios espirituales y así, con «las mejores intenciones», nos induce a desvirtuar nuestras auténticas responsabilidades hacia el prójimo. De ahí la importancia de la Halajá -el código legal judío- una elaboración viva, producto de centenas de generaciones de sabios que nos enseñan la forma correcta de relacionarnos con el fuego más poderoso: nuestro deseo de recibir.

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