HALEL
El alma en el relato de la Torá
Shemot
+100%-

2) Vaerá «¿Justificarnos o des-cubrirnos?»

«En un mundo con energía atómica, clonación humana, ingeniería genética, el hombre se ve enfrentado a mayores desafíos espirituales. Hoy, más que nunca, nuestra educación debe formar individuos conocedores, también, de los principios espirituales, orienta

Habló Elokím a Moshé diciéndole: Yo soy IHV”H (). Yo me aparecí a Abrahám Itzják y Iaakóv como El Shakai, más por mi nombre IHV”H () no Me he dado a conocer.

Diferentes formas de una misma realidad
Toda la realidad que podemos percibir a través de nuestros sentidos e inteligencia no son sino las diferentes formas en que la Energía Infinita que nutre la vida se manifiesta. Sea a través de los fenómenos naturales que investiga la ciencia, los del pensamiento que se ocupa la sicología y la filosofía como en los espirituales que estudia la Torá y más profundamente la Kabalá, etc., todos ellos son diferentes formas en que el Kadósh Barúj Hú se revela ante los seres humanos. Lo que debemos establecer en forma precisa es el objetivo de toda la actividad humana: justificar el egoísmo o educar a los seres humanos a des-cubrirse como partes de una sola humanidad integrada por pueblos e individuos que se complementan y necesitan mutuamente para alcanzar la armonía universal. La auténtica concepción y forma de vida judía transmitida por la Torá, principalmente en su comprensión interior a través de la Kabalá, conduce al hombre a expresar en cada acto que realiza la unidad inmanente de toda la realidad. «Lo material» y «lo espiritual», la ciencia, y la Kabalá, etc., pueden ser «buenas» o «malas» conforme al uso que hagamos de ellas. La apreciación de la realidad depende de los objetivos y no de definiciones teóricas desligadas de la actitud humana. Toda sabiduría se evalúa de acuerdo a su objetivo; sosteniendo que lo auténticamente espiritual es el camino hacia el logro de la voluntad altruista, y lo material aquello que nos conduce al egoísmo. Ahora podemos comprender por qué muchas veces lo que parece en primera instancia «espiritual» no es más que codicia, dado que los objetivos son egoístas. Por el contrario, cuando se emplea concientemente el dinero, el tiempo, etc. en realizar actos de bien, mitzvót, «lo material» pasa a ser más espiritual que muchas «formas de espiritualidad», ya que el objetivo es el altruismo.

El desafío original
Cuando los hombres des-cubren determinadas combinaciones para implementar la energía, deben tomar conciencia no sólo del aspecto técnico, del dinero que se obtendrá con la «venta de la fórmula», sino que también es imprescindible prever su correcta utilización para el bien de la humanidad.
Este es el desafío al cual la Torá nos enfrenta desde el principio de la Creación: En el «Paraíso», en hebreo Gan Éden, el árbol de las vidas representa la fuente de la Sabiduría, y el árbol del conocimiento del bien y del mal la fuente de la experimentación. El primero nos señala la índole espiritual, lo interior, las causas y los objetivos, mientras que el segundo indica la manifestación exterior, las consecuencias en el plano material-sensorial. Cuando el hombre actúa de acuerdo al árbol de las vidas adquiere la Sabiduría para evitar el sufrimiento, ya que aprende a discernir entre el bien y el mal. Luego puede «probar» del árbol del conocimiento del bien y del mal, dándole la forma correcta a la manifestación de su voluntad: altruismo. El árbol del conocimiento del bien y del mal conforma el ámbito sobre el cual el hombre debe discernir aplicando el conocimiento adquirido de la Torá, que es el árbol de las vidas. Ante los controles de una poderosa fuente de energía se debe ser muy preciso. La misma energía puede crear o destruir, depende de la forma en que la utilicemos. En un mundo con energía atómica, clonación humana, ingeniería genética, etc. el hombre se ve enfrentado a mayores desafíos espirituales. Hoy, más que nunca, debemos brindar una educación integral que forme individuos conocedores, también, de los objetivos de la vida y la creación a fin de orientar el deseo humano en pos del altruismo. Los fenómenos naturales, los del pensamiento y los espirituales atraen en diferente forma e intensidad a los seres humanos. La distinción radica en el objetivo y por ende el lenguaje que de este se desprende al definir el área al cual cada disciplina se aboca.

Los significantes del lenguaje
El rey Salomón nos expresa en su libro Mishlei-Proverbios 18:21 que la vida y la muerte están en la lengua . Cada palabra que articulamos imprime una dirección tanto hacia nuestro interior como hacia nuestro entorno. El hombre se autoimpresiona e impresiona a través de sus palabras, ya que éstas exteriorizan y refuerzan su actitud interior. El Rav Ashlag al comienzo de su comentario al libro Etz Jaím nos expresa que cuando nos ocupamos de temas referentes a la realidad espiritual carecemos de las palabras necesarias para poder expresarnos, ya que todo nuestro vocabulario tiene su origen en la experiencia de los sentidos y la imaginación. ¿Cómo podemos utilizar nuestro lenguaje para temas que no son perceptibles sensorialmente? Si tomamos la más sutil de las palabras como ser «luces», también ésta tiene su origen en la asociación con la luz del sol que es perceptible sensorialmente, o con la luz que se siente de la tranquilidad o la satisfacción. ¿Cómo podemos emplear un vocabulario así para ocuparnos de temas espirituales en los cuales estas palabras no nos pueden ofrecer conceptos verdaderos?
Toda realidad guarda una armonía y una analogía, micro-macrocósmica, sistemas planetarios-átomos, etc. En el lenguaje de la Torá en general y en el de la Kabalá más precisamente se utiliza dicha analogía basándose en las experiencias que describimos con nuestro lenguaje pero conectándolo a su significado metafísico. Así como el átomo refleja el movimiento del cosmos, así los fenómenos sensoriales reflejan una realidad superior. Es así que los Sabios inician a sus alumnos, transmitiéndoles el significado espiritual-altruista que la realidad material-sensorial atesora. Los verdaderos Sabios poseen el talento para enseñar la Sabiduría sin distorsionar su pureza espiritual, pues al percibir la realidad superior evitan toda corporización-limitación egoísta dirigiendo a la mente a discernir en el ámbito espiritual-altruista. Una vez comprendido el funcionamiento del lenguaje en su índole espiritual las imágenes descriptas en los textos de la Torá y la Kabalá adquieren ante los ojos del estudioso su verdadera dimensión.

¿Temer o no temer a los avances tecnológicos?
Al final de la parashá Shemot el Kadósh Barúj Hú le dice a Moshé que le exija a Paró (Faraón egipcio) liberar al Pueblo de Israel de la esclavitud. Paró no sólo se niega sino que ordena aun más restricciones y sufrimientos sobre Israel. Moshé, desconcertado, le pregunta al Kadósh Barúj Hú: ¿Por qué has acarreado el mal a este pueblo y para qué me has enviado? ¿Cómo puede ser que si el Kadósh Barúj Hú me envió, no sólo que no logré Su cometido sino que ello generó una situación peor a la anterior? EL, que todo lo sabe ¡¿Para qué me ha enviado!? EL, que todo lo sabe ¡¿Para qué nos ayuda a descubrir energía atómica, ingeniería genética!?, etc. A continuación, al comienzo de la parashá Vaerá el Kadósh Barúj Hú le contesta a Moshé Yo soy IHV”H (). Yo me aparecí a Abrahám Itzják y Iaakóv como El Shakai, más por mi nombre IHV”H () no Me he dado a conocer.
Nuestros Sabios explican que Moshé pregunta utilizando el nombre ELOKIM () y el Kadósh Barúj Hú le responde con su nombre IHV”H (). El nombre ELOKIM () indica la conciencia cuando percibe desde los límites-Din. IHV”H () en cambio señala la conciencia en expansión-Rajamim. La situación que Moshé debió atravesar fue para su aprendizaje, para que expanda su conciencia y perciba plenamente que más allá de la voluntad humana hay principios espirituales y una Voluntad que ejecuta un Plan Superior. Moshé, a través de sus experiencias es preparado para ser el mayor de los Profetas, destinado a liberar a Israel de Egipto y revelar la Torá para que todo finalmente alcance la armonía universal. La historia prepara a la humanidad para que des-cubra, finalmente, la armonía que atesora cada una de las situaciones que la vida nos enfrenta. Por ello no debemos temer el avance tecnológico, ya que nada ni nadie puede detenerlo. Nuestro desafío es encauzarlo hacia el bien común, siendo que nos brinda la oportunidad para que revelemos un nuevo potencial espiritual. Pero para ello es fundamental prepararnos a través de una educación que integre lo material y lo espiritual como dos aspectos de una misma y única realidad, de la cual todo proviene: el Kadósh Barúj Hú.

Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top