HALEL
Bereshit
El alma en el relato de la Torá
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2) Noaj «Cuando la realidad nos ahoga»

El diluvio que le tocó vivir a Nóaj destruyó un mundo egoísta en el cual cada individuo veía en el prójimo un competidor, alguien que le quitaba su parte.
La perfección es el resultado de la armonía entre las partes. Las partes por sí mismas nunca pueden ser perfectas. La armonía la encontramos cuando somos capaces de percibir como las partes se integran al todo.
Nuestra conciencia se expande a medida que vamos reconociendo en cada persona un socio para el logro de la Armonía Universal.
Noaj significa descanso, el descanso que alcanzamos cuando dejamos de medir al prójimo y nos concentramos en ayudarlo de todo corazón.
El Baal Shem Tov dijo: Tu prójimo es tu espejo. Si la imagen que tienes de ti es diáfana, la imagen que verás será perfecta. Cuando ves imperfección, es tu imperfección lo que ves.

No hay casualidades hay causalidades
Cada circunstancia tiene un objetivo. Nadie es testigo de un hecho por casualidad. Cada experiencia que nos toca vivir está relacionada con nosotros y debemos extraer la enseñanza correspondiente focalizando la conciencia en nuestros propios desafíos.
Lo que no des-cubrimos por nosotros mismos lo aprendemos al ver el comportamiento del prójimo.
Enseñamos mejor lo que más debemos aprender.

Amor propio
El amor diluye las diferencias. Cuando amamos estamos dispuestos a perdonar todo. El amor propio nos impide tomar conciencia de nuestras carencias y así nos justificamos permanentemente.
Las propias inseguridades y miedos, generalmente, son obvios para todos menos para nosotros. El amor que nos profesamos no nos permite verlas. Pero cuando se trata de verlo en otros lo reconocemos inmediatamente ya que sólo estamos des-cubriendo algo que nos es familiar.
HaKadósh Barúj Hú nos rodea de situaciones y carencias «ajenas» para que tomemos conciencia de las propias.

Sólo el desarrollo personal
Nos explica el Rebe de Lubavitch que el propósito de nuestra vida no es solamente nuestro propio desarrollo y perfección, sino que a partir de ello podremos ayudar mejor a nuestro prójimo y a la sociedad. ¿Por qué, entonces, debo concluir de que me están mostrando los equívocos de mi semejante como un mensaje personal? ¿Quizás estaba justo allí en ese preciso momento para explicarle los errores a las otras personas?

Cuando somos testigos de un situación en la que alguien actúa incorrectamente podemos reaccionar de dos formas:

1.Tratar de ayudarlo de todo corazón,
2.Sentir rechazo por la persona, en lugar de sentir rechazo por el acto incorrecto.

¿Cuál es el móvil que me motiva? ¿Ayudar al prójimo a que tome conciencia de sus errores y de esa forma se desarrolle espiritualmente, o el rechazo, juzgarlo y/o avergonzarlo?

Si se nos hubiese mostrado la falta de una persona por la única razón de que podemos ayudarlo, percibiríamos el problema y lo que podríamos hacer para ayudarlo. El rechazo y la aversión hacia el prójimo sólo obstaculiza nuestra forma de llegar a su corazón. Esa es la señal que algo toca nuestro interior. Ahora vemos que también este fenómeno tiene su razón de ser y entonces comprendemos la sabiduría de las palabras del Baal Shem Tov: Tu semejante es tu espejo. HaKadósh Barúj Hú nos puso frente a un espejo mediante el cual podemos distinguir y analizar nuestros propios problemas, y el esfuerzo en ayudar al prójimo de todo corazón será el comienzo de la corrección de nuestra propia carencia.

Cuando la realidad nos ahoga
Todo lo que no alcanzamos a resolver en nuestro interior lo encontraremos de una forma u otra en las situaciones que nos toca vivir.
Sin embargo, el punto crítico del desarrollo espiritual surge cuando las personas agotan la crítica hacia el prójimo y el mundo y deben enfrentarse a sí mismos.
El diluvio fue el último recurso para salvar la bondad que aun restaba en un mundo corrupto. La Torá nos dice que Nóaj encontró Jen a los ojos de HaKadósoh Barúj Hú. Nóaj ()y Jen () se escriben con las mismas dos letras hebreas sólo que en sentido inverso. Nóaj significa descanso y Jen se podría traducir como gracia, simpatía, carisma, ángel. Las iniciales de Jen también significan Jojmá Nistéret –sabiduría oculta-.
Cuando la realidad nos ahoga, como el diluvio, y agotamos las posibilidades del mundo exterior, material-sensorial, debemos buscar en nuestro interior el espacio adecuado, el arca, para descansar, Nóaj, y activar la Sabiduría oculta en nuestra alma, Jen. ¿Cómo lo logró Noaj? Matsá Jen beeinéi HaShem, percibiendo a través de los ojos de HaKadósh Barúj Hú. Debemos ver la realidad a través del objetivo, así la imperfección será sólo la interface que se interpone entre nosotros y la armonía. Ahora sólo nos resta encontrar la forma de activar la interface para alcanzar el objetivo

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